La nueva producción de Juan Martín Hsu se inspira en un caso ocurrido en Mendoza y lo transforma en una película atrapante. Detrás del policial aparecen historia mucho más personales.

Incluso más. “Nunca imaginé que iba a ser esta película: es la que apareció. No es que hicimos lo que pudimos, sino que era la película que encontramos. Como una idea de un mármol que se va rompiendo y aparece la obra atrás, que ya estaba preconcebida de antes, un poco eso. El trabajo de uno es encontrar esa película, no bloquearla, no forzarla. Eso también lo aprendimos en este proceso: intentar estar lo más despiertos posible y tratar de encontrar lo que hay. A veces uno se queda mirando hacia adelante y tal vez, si mirás un poquito hacia el costado de una escena, de una publicación, te das cuenta de que hay algo mucho más grande, o algo mucho mejor, o algo más profundo, al lado tuyo. Creo que para la próxima película vamos a tener que trabajar mucho más y prestarle mucha más atención a ese tipo de ideas.”
Los parecidos con las estrategias de supervivencia de cualquier ciudadano argentino medio no son pura casualidad. Acaso por eso Hsu -de padres taiwaneses- volvió a enfocarse en lo que más lo ocupa y a veces preocupa, por más que se trate de un policial basado en una investigación real sobre la mafia china en Mendoza en 2010: la migración, sus dificultades, sufrimientos y dolores, y también el encuentro y la alegría esperanzada, aunque sea efímera. La Salada (2014), el cortometraje Diamante Mandarín (parte de Historias breves X) y La luna representa mi corazón forman parte de la misma galaxia temática, siempre abordada desde diferentes puntos de vista: desde el regreso de su madre a Taiwán cuando él alcanzó la mayoría de edad hasta el asesinato de su padre por la mafia, todo forma parte de esa constelación inabarcable.
“Siempre me interesaron y me gustaron películas del cine hongkonés de los 90 y principios de los 2000: Infernal Affairs, Election, Sparrow. Me gustaban por la temática y las particularidades que tenía la historia me venían bien para contarla con esas herramientas.” Con acento en algo que lo preocupaba más allá del formato: las dificultades propias que planteaba el idioma.
“Más allá de la mafia china en sí, estaban estas escuchas telefónicas, la conexión intercultural del fiscal argentino con la policía china, esos cruces idiomáticos. Yo lo veía de manera más romántica: eran policías sin armas, donde la palabra y la traducción eran las armas. Me imaginaba a los fiscales y a los policías escuchando esos CDs, sin entender nada, y tratando de llevar adelante una investigación en un idioma que sólo podían imaginar.” En la película, la fiscal solicita a la embajada china que le provea un traductor oficial: el film amplía así su campo de acción.
“Le tenía que dar un cuerpo a esos personajes, emociones, una vida, historias ligadas al recorrido migrante, sobre todo a la parte china.” Esas historias Hsu las conformó a partir de “algunas propias”, de su familia, “y otras de los mismos actores”. Con predilección por los no actores -excepto la protagonista y algún secundario-, Hsu fue a buscar a la comunidad china de Perú el elenco que le faltaba. “Ellos fueron aprendiendo durante la película, y parte de ese trabajo era que contaran sus historias: cuando se interpretan a sí mismos, para mí es cuando termina funcionando. No eran directamente historias o nombres precisos, pero sí las mismas ideas que ellos me iban contando. Siempre trato de correrme del estereotipo, de la representación del oriental en Occidente. Entonces, para mí, una de las herramientas siempre tiene que ver con ese trabajo de intentar humanizar a estos personajes, sus historias y sus emociones.” La fiscal, una mujer apegada a hacer bien su trabajo, fue construida a partir de “entrevistas a varias fiscales, algunas mujeres y otros hombres, para entender un poco el trabajo y qué tipo de personas eran”. La fiscal que compone Victoria Almeida es “muy profesional, con un léxico muy filoso”.
Policías y fiscales argentinos, traductores chinos, gánsters peruanos de origen chino. El cóctel se completó con locaciones en Lima y Mendoza para evitar erogaciones imposibles de solventar. “Una de las películas que usamos como referencia es Infernal Affairs, sobre todo en cuanto al arte y la fotografía. Y esa película tiene una canción que es una de las que yo uso en la película, la del final. En parte por eso y en parte porque en la letra había un espíritu que aparecía -primero de manera intuitiva y después lo encontramos en el montaje- y que empezaba a cerrar.” Un espíritu que busca el encuentro -incluso el de un film que se va construyendo durante el rodaje- sin por eso querer esquivar el conflicto: uno y otro forman parte del camino; el asunto parece ser no forzar las cosas. “Esa canción es muy conocida en todo el sudeste asiático. Y a la función del Bafici vino un amigo de Singapur que reconoció todos los temas, y después nos fuimos a cantarla a un karaoke.”
Con: Victoria Almeida, Andrés Alberto Tan He, Yuchen Che, Chien Min Lee, Yam Pin Kon, Emilio Chau Chiu. Dirección: Juan Martín Hsu. Dirección de fotografía: Roman Kasseroller. Montaje: Ana Remón. Estreno: 4 de junio. En cines.
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