Los pobres pagan proporcionalmente más impuestos que los ricos y el Fondo quiere profundizar eso

Por: Randy Stagnaro

La propuesta del FMI de reducir impuestos a las exportaciones y al cheque, y aumentarlos a asalariados y monotributistas, va en el mismo sentido de lo que ya aplica el gobierno de Milei desde 2023.

El Fondo Monetario quiere que la estructura tributaria de la Argentina sea más regresiva de lo que ya es. En su informe que acompañó la aprobación de la segunda revisión del acuerdo vigente con la Argentina, incluyó una serie de propuestas impositivas, concretamente reducir impuestos que pagan las empresas (retenciones e impuesto al cheque) y compensar la caída de los ingresos fiscales con un aumento del IVA y una profundización del impuesto a las ganancias, para que alcance hasta el 20% del total de los asalariados registrados (alrededor de 1,8 millones de personas).

La regresividad en el sistema tributario argentino significa que las personas de menores ingresos destinan un porcentaje más alto de sus ingresos al pago de impuestos que las personas ricas. Es decir, el esfuerzo fiscal es inversamente proporcional a la capacidad económica del ciudadano.

Alejandro Gaggero, doctor en Ciencias Sociales e investigador del Conicet, confirma a Tiempo esta realidad con números. “La estructura tributaria en Argentina es regresiva. Esto quiere decir que, en lugar de corregir las desigualdades socioeconómicas, tiende a profundizarlas. El diseño impositivo que tiene el país hace que las personas con ingresos más altos destinen una proporción menor de sus ingresos a pagar impuestos que los sectores más pobres de la población”.

Foto: @JMilei

Gaggero apela al último informe del Observatorio Fiscal Internacional. “Ahí se muestra que la carga tributaria efectiva cae a medida que aumenta el ingreso de la población”. Según esa fuente, el 50% más pobre de los argentinos paga alrededor del 37% de sus ingresos en impuestos, mientras que el 10% más rico paga el 25 por ciento. “Eso muestra claramente la regresividad. Los que más ganan pagan en relación a sus ingresos menos”, asegura.

El investigador asegura que “en Argentina pesan más los impuestos al consumo y pesan menos los impuestos a la renta o al patrimonio, que son los más progresivos. Respecto de los impuestos al patrimonio, hay que decir que Argentina viene reduciéndolos, tanto a nivel nacional como subnacional. Durante el gobierno de Javier Milei se han llevado adelante rebajas al impuesto a los bienes personales, que es el principal impuesto a la riqueza a nivel nacional. Y a nivel de las provincias, también esos impuestos vienen perdiendo terreno desde hace tiempo. Solo alrededor del 15% de los ingresos de las provincias dependen de los impuestos al patrimonio que perdieron mucho terreno respecto de Ingresos Brutos. Allí también hay un nivel de regresividad muy importante”.

Los tributos que afectan a los ciudadanos en su vida cotidiana son el IVA, con el 21% para la mayoría de bienes y servicios, salvo excepciones en las que se abona el 10,5% y que ahora el FMI propone eliminar; los impuestos internos; el impuesto a los combustibles; las tasas municipales incorporadas en servicios; el impuesto sobre los débitos y créditos bancarios; y los Ingresos Brutos trasladados a precios. Pero también cualquier impuesto indirecto porque los empresarios lo trasladan al precio final, es decir, lo termina pagando el consumidor.

Claudio Lozano, economista y dirigente de Unidad Popular, afirma que “la propuesta del Fondo respecto a llevar adelante una reforma tributaria que baje la carga tributaria sobre las empresas, pero que al mismo tiempo le incremente sobre los trabajadores y monotributistas, es la profundización del rumbo que en materia tributaria viene llevando adelante el gobierno nacional con Milei a la cabeza”.

Lozano apunta que la Casa Rosada “viene reduciendo o eliminando los impuestos de carácter patrimonial o sobre las altas rentas y al mismo tiempo profundizando la regresividad tributaria”. Los ejemplos abundan: la reducción de retenciones anunciada por Milei una semana atrás o el costo fiscal del RIGI, que el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) calculó en alrededor de U$S 1000 millones al año.

Foto: Antonio Becerra

Además, observa una paradoja: en un contexto de caída de la recaudación, “si se profundiza el rumbo tributario que plantea el Fondo, no hay posibilidades de recaudar más”. El gobierno está como el perro que se muerde la cola: a la caída de las actividades centrales -comercio, industria y construcción- agrega la reducción del gasto público, con lo que merma la actividad y la recaudación, en una espiral descendente permanente y que utiliza para justificar un nuevo ajuste del gasto, con lo que la caída de los ingresos fiscales continúa.

Al mismo tiempo, la retracción de la recaudación por la caída de la caída de las actividades productivas vinculadas al mercado interno demuestra la regresividad tributaria argentina. En los primeros cuatro meses de 2026, la recaudación del IVA más la recaudación de la seguridad social representan el 62% del total de la recaudación porque cae sobre el consumo y sobre la masa salarial.

“En este contexto, en el primer cuatrimestre tenemos una caída del 6,7% del total de la recaudación en donde el IVA ha caído un 8,4% y la recaudación previsional o los aportes han caído un 4,1%”, refiere Lozano.

El economista concluye: «La reforma tributaria supone pone eliminar mecanismos de captura de renta de los grandes patrimonios o de las actividades económicas para liberar mayores niveles de beneficio al sector empresarial». A ello se suma que «la reforma previsional tiene por objeto eliminar gasto previsional del Estado para reducir la necesidad de financiamiento y por lo tanto de tributación por parte del Estado».

«En realidad, lo que hacen es decirnos que los trabajadores argentinos son caros, los jubilados son caros y los impuestos son elevados y que todo esto conspira contra la posibilidad de que los capitalistas puedan obtener los beneficios necesarios como para poner en marcha un proyecto desarrollo virtuoso. Nada más alejado de la realidad, los salarios argentinos son miserables, los haberes jubilatorios son más miserables aún, y Argentina tiene una carga tributaria absolutamente regresiva y que en nada confisca la rentabilidad empresarial».

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