Los racistas siempre están al acecho

Por: Alberto López Girondo

Abraham Lincoln asumió la presidencia de EEUU el 4 de marzo de 1861 y 40 días más tarde se desató la Guerra Civil. El presidente era Republicano; en el sur esclavista, los Demócratas eran mayoría y apoyaban ese modelo de explotación inhumana. Se sabe: triunfaron “los buenos” y formalmente se abolió la esclavitud. Lincoln sería asesinado cinco días después del fin de la guerra, hace 155 años. Los negros ganaron la libertad en los campos de batalla, pero pronto la perdieron en la vida real.

Andrew Johnson reemplazó al presidente asesinado y estableció el Plan de Reconstrucción del sur, que quedó ocupado militarmente para que se cumplieran las leyes de la Nación. Los esclavos liberados comenzaron a acceder a derechos civiles y políticos y a reclamar 40 acres de tierra (16 hectáreas) y una mula que por ley les había otorgado el gobierno. El voto negro fue clave para el triunfo de Ulysses Grant, el general victorioso, en 1868.

El conflicto en los once estados esclavistas no cesó y por esos años nace el Ku Klux Klan, el grupo supremacista blanco protagonista de las mayores atrocidades contra los afrodescendientes.

Hasta que en las elecciones de 1876 los racistas sureños encontraron la rendija que estaban buscando. Los demócratas habían candidateado a Samuel Tilden; los republicanos, a Rutheford Hayes. Tilden tuvo más votos populares, pero quedó a un elector de consagrarse presidente.

Hayes decidió ganar a como diera lugar y acordó retirar al ejército de los estados sureños ni bien asumiera su cargo y dejar las manos libres a los supremacistas. Muy poco tardaron “los malos” en arrasar con todos los derechos y profundizar este genocidio a cuentagotas.

Un siglo debió pasar para que otro Johnson, Lyndon, sucesor de otro presidente asesinado, John Kennedy, derogara las leyes de Jim Crow, promulgadas en 1876, que establecían la segregación racial en todas las instalaciones públicas, y aprobara en 1965 la ley de Derechos Civiles.

Tapizaron ese camino Rosa Parks, la mujer que en diciembre de 1955 se negó a dejarle su asiento a un blanco en un autobús en Alabama, y habían sido asesinados Martin Luther King y Malcolm X.

El triunfo electoral de un afrodescendiente, Barack Obama, no aplacó estas masacres cotidianas encarnadas, ahora, por policías de todos los rincones el país.

Si algo saben los racistas es que se puede perder una guerra. Lo importante es quién gana la paz. Y ellos siempre están al acecho.

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