Las luchas cognitivas en Francia

Por: Eric Calcagno

El despido de Olivier Nora de la editorial Grasset expone la voracidad de Vincent Bolloré por controlar todo el ecosistema cultural francés. El poder económico ya no busca solo rentabilidad, sino moldear el sentido común y pavimentar el camino hacia el fascismo.

Para bien más que para mal, la figura del pensador ha gozado de cierto prestigio en Francia desde el siglo XVII para acá. Ya sabemos que Proust llamó de “intelectuales” a aquellos que se comprometían en las cuestiones sociales. Trabajador de las ideas o “fracción dominada de la clase dominante”, como escribe Bourdieu, estos ciudadanos de la “Republica de las Letras” no pasan desapercibidos. Durante los años 60, cansados de las críticas periodísticas permanentes que le propinaba Jean-Paul Sartre contra el gobierno, le propusieron a de Gaulle meter preso al filósofo. “No se arresta a Voltaire”, contestó el General, que también era intelectual.

Olivier Nora es uno de ellos. Histórico director de la editorial Grasset, fue echado por retrasar la publicación de un libro que lamenta la independencia argelina de Francia y compara el islam argelino con el nazismo. Un tema por lo menos polémico. Que fue zanjado por Vincent Bolloré, que no es sólo el dueño de Grasset sino que controla gran parte de la comunicación francesa gracias a la corporación Vivendi.

Especulador financiero nacido de la desregulación de los mercados durante la década de 1990, Bolloré supo comprar algunas empresas en África, así como invertir en transporte marítimo antes de vender con provecho esas tenencias y lograr varios éxitos financieros. Si, hubo apoyo a candidatos africanos que una vez llegados al poder le otorgaron concesiones; si, también hubo juicios por vaciamiento de empresas o corrupción de funcionarios; si, a cada paso dado Bolloré agrandaba el imperio mediático propio.

La apuesta ganadora de Bolloré fue comprender que lo importante no eran tanto los “caños” de la comunicación masiva, sino lo que circula en ellos. Así que privilegió la producción de contenidos, la distribución, promoción y el uso del algoritmo. Pero además compró o creó medios de comunicación, publicidad, edición, televisión, música, producción audiovisual, difusión, promoción. “La lógica no es sólo producir obras, sino controlar todo el ‘ecosistema’ que permite visibilización y rentabilidad”, nos dice Pierre-Jean Benghozi, egresado de la Escuela Politécnica de Paris.

Por cierto, más de 300 autores manifestaron solidaridad con Nora, en defensa del pensamiento crítico. La respuesta de Bolloré es un breviario libertario: “siempre me gustaron los libros”, “Nora se aumentó el sueldo”, “los trabajadores de Grasset son privilegiados”; “Grasset da pérdidas”, “los escritores son una casta que se coopta entre sí y se protege”; “ahora podrán venir autores nuevos”; “no aceptamos la censura”; “en democracia como en empresa, deciden las mayorías”. Esta última frase es reveladora: los accionistas, los directivos son los ciudadanos de esa Republica Oligarquica, mezcla rara de prejuicios y algoritmos. La verdadera ciudadanía queda excluida. Es una decisión empresaria, por lo tanto soberana. Quizás en el medio empresario, ¿pero en la sociedad? ¿Las decisiones de los empresarios también serán soberanas?

De allí que la concentración económica practicada por Bolloré –y otros- no sea apenas una decisión de rentabilidad empresaria, ni de la estructura de una multinacional. Esas organizaciones cartelizadas producen sentido, que no es lo mismo que petróleo o sugus. Y el sentido que producen, multiplicado en infinito laberinto de espejos, es el fascismo. Por dos razones: necesitan una fuerza de trabajo embrutecida, pues nadie es esclavo gratis sino por violencia real y simbólica, ya que es preciso agrandar los márgenes de plusvalía y cobrar las ganancias de la productividad provocada por la Inteligencia Artificial. Y en segundo lugar para asegurar la toma del poder, mediante la imposición de sesgos cognitivos capaces de logar que personas, sociedades y nacionales actúen en contra de los intereses propios. Nada debe interponerse. También renunciaron o fueron echados Arnaud Nourry, director ejecutivo de Hachette Livre, Sophie de Closets de editorial Fayard, y la mayoría de los periodistas del “Journal du dimanche” se opusieron a la compra del diario por parte de Bolloré, el empresario-soberano. Esa fachosfera emite siempre los mismos mensajes misóginos ya que las mujeres son malas; xenófobos, ya que los extranjeros nos roban nuestro trabajo; islamólogos; ya que todo musulmán es un terrorista; racista; homófobos, ya que temen lo que no conocen, aunque tal vez lo deseen; ya que vienen a reeplazarnos a los blanquitos; belicista, “porque la maternidad es a la mujer lo que la guerra es al hombre”. Ah, pero eso lo decía Mussolini. Quizás Vincent busque un bolo en la serie “M” y ser él, esta vez, “el hombre del siglo”.  «

Compartir

Entradas recientes

En campaña, Jorge Macri refuerza sus vínculos con la Iglesia evangélica

Ante una posible ruptura con LLA, el macrismo porteño profundiza su relación con este sector.…

21 mins hace

Javier Rodríguez: “Hay una mirada general de desprecio y destrucción”

El ministro de Desarrollo Agrario bonaerense describe cómo las políticas anarcocapitalistas interfieren con el desarrollo…

35 mins hace

El modelo “no se toca”

Se hace muy necesario armar un espacio amplio, plural y diverso para un modelo alternativo.

53 mins hace

La Bolivia de Paz Pereira: a seis meses de asumir, fuertes pedidos de renuncia

El gobierno central controla los conflictos sociales con represión a los sindicatos y organizaciones campesinas,…

1 hora hace

Luciano Grasso: “El problema no es la Ley de Salud Mental, el problema es la falta de inversión”

El ex director nacional de Salud Mental se refiere a la reforma que impulsa el…

1 hora hace