La cineasta salteña presentó en el Festival de Venecia "Nuestra Tierra", sobre el asesinato del líder indígena. En la conferencia de prensa, destacó el rol del cine frente a las injusticias contemporáneas.

“Solo quiero decirles que la historia nos ha puesto en esta encrucijada. Yo ahora hubiera querido jubilarme, estar en la playa. Ustedes, los jóvenes, seguramente tendrán la misma aspiración. Pero no nos ha tocado este tiempo”, expresó la directora durante una conferencia de prensa, en la que también hizo mención a “las imágenes y sonidos de una Palestina devastada”.
“Nos ha tocado el tiempo en el que el cine vuelve a tener una relevancia fundamental para contar los que está sucediendo. A diario vemos imágenes y sonidos de Palestina, un país que está siendo devastado, un pueblo devastado. Y nuestros pueblos americanos y tantos otros en el mundo”, denunció.
“La historia nos ha puesto en esta encrucijada, estamos un poco deprimidos, no sabemos qué va a pasar, que la Inteligencia Artificial, que nos quedamos sin trabajo, que ya está pasando, me imagino, con muchos de ustedes”, añadió. “Es el mejor momento para hacer cine. Es el mejor momento para volver a pensar sobre nosotros y tratar de contarnos. Que no estemos deprimidos, que mantengamos la alegría del trabajo de contar porque es el bastión más importante que tiene la humanidad para pensarse a sí misma”.
Nuestra Tierra, presentado fuera de competencia, aborda el asesinato de Javier Chocobar, líder de la comunidad indígena Chuschagasta, ocurrido en 2009 en la provincia de Tucumán. Chocobar fue asesinado mientras defendía el territorio ancestral de su comunidad frente a un intento de desalojo por parte del terrateniente Darío Amín, quien fue condenado a 22 años de prisión. Dos expolicías involucrados en el hecho también recibieron condenas, aunque posteriormente fueron excarcelados.
Martel explicó que comenzó a investigar el caso tras ver las imágenes del crimen, registradas con un celular y difundidas en redes. A partir de allí, desarrolló una investigación que se extendió durante más de una década, en la que recopiló archivos, documentos judiciales y testimonios para reconstruir el contexto del conflicto territorial.
“La violencia de esas imágenes se agrava al conocer las circunstancias históricas que las motivaron: cómo se organizó originalmente la república argentina y cómo el marco colonial de la nación nunca se abandonó por completo”, señaló la directora.
El documental, realizado a lo largo de 14 años, también aborda cómo las estructuras burocráticas y el lenguaje jurídico han contribuido a negar derechos a las comunidades indígenas en Argentina. “Esta película aborda los mecanismos racistas de nuestra lengua materna, que niegan a muchos el acceso a un espacio vital”, afirmó Martel. La directora, oriunda de Salta, recurre a materiales de archivo, imágenes actuales y secuencias del juicio para ofrecer un retrato de la comunidad y su vínculo con el territorio.
En la conferencia de prensa, Martel también planteó una reflexión sobre los límites actuales del cine a la hora de abordar problemáticas sociales: “El cine entró en zonas de impotencia donde las mujeres tienen que hablar de las mujeres, los hombres de los hombres, los indios de los indios. Es indispensable asumir el riesgo de conversar con los otros”.
Originalmente titulado Chocobar durante su etapa de desarrollo, el documental es una coproducción entre Argentina, Estados Unidos, México, Francia, Países Bajos y Dinamarca. El guion fue coescrito por Martel y María Alché. El productor Benjamín Domenech señaló que la película ofrece al público “la posibilidad de entender efectivamente qué sucedió en el pasado para poder imaginar un futuro más justo para los pueblos originarios”.
Además de Nuestra Tierra, el cine argentino cuenta con otras tres producciones en distintas secciones del festival: Un cabo suelto, de Daniel Hendler; Pin de Fartie, de Alejo Moguillansky; y The Souffleur, de Gastón Solnicki. También forman parte de la programación otras cineastas latinoamericanas como Mariana Rondón, Marité Ugás y Ana Cristina Barragán.
Lucrecia Martel no presentaba un largometraje desde Zama (2017), su aclamada adaptación de la novela de Antonio Di Benedetto, que tuvo su estreno mundial en el Festival de Venecia y consolidó su lugar como una de las cineastas más influyentes del cine contemporáneo. En 2022 dirigió el cortometraje Camarera de piso, pero Nuestra Tierra marca su regreso al formato largo y su primera incursión en el documental, luego de casi ocho años sin estrenar una obra de esta envergadura.
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