La directora del área Europa, espacio transatlántico y Rusia del IRSEM habló de las tensiones por la guerra en Ucrania, la competencia europea con el gigante asiático y la relación con el Mercosur. Vino para la Noche de las Ideas en el Teatro Colón.

Quessard respondió un cuestionario de Tiempo aclarando que se trata de “análisis académicos individuales basados en mi propia investigación sobre la política exterior estadounidense, la competencia estratégica, la guerra de la información y las transformaciones contemporáneas de la política de poder”. Es decir, que no expresa la posición oficial del Ministerio de las Fuerzas Armadas francés, del Ministerio de Europa y Asuntos Exteriores francés ni de ninguna otra institución gubernamental.
–Donald Trump viajo a Beijing fue acompañado por los directores ejecutivos de las empresas tecnológicas. ¿Qué implica esto para el resto del mundo?
-Es algo sumamente significativo, ya que ilustra una de las principales transformaciones de la geopolítica contemporánea: la creciente fusión entre el poder estatal, las infraestructuras tecnológicas y los ecosistemas digitales privados. Durante décadas, EEUU proyectó su influencia principalmente a través de alianzas militares, instituciones financieras y redes diplomáticas. Hoy, las plataformas, la IA, las infraestructuras en la nube, las cadenas de suministro de semiconductores y los flujos de datos se han convertido en instrumentos estratégicos de poder. En muchos aspectos, las GAFAM (por Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft) se comportan cada vez más como actores cuasi soberanos. Moldean los ecosistemas de información, influyen en los debates democráticos, controlan infraestructuras críticas y, en ocasiones, tienen capacidades comparables a las de los propios Estados. Esto no significa que el gobierno estadounidense controle por completo estas corporaciones, pero sí que los límites entre la competencia geopolítica, el poder tecnológico y la seguridad nacional se han vuelto cada vez más difusos. Por lo tanto, la rivalidad entre EEUU y China ya no es solo militar o comercial; también es normativa, tecnológica y cognitiva. Detrás de estas delegaciones suelen coexistir simultáneamente varias dimensiones: acceso al mercado, gobernanza de la IA, dependencias de semiconductores, estándares tecnológicos, seguridad de los datos y posicionamiento estratégico en un orden internacional cada vez más fragmentado. Desde una perspectiva francesa y europea más amplia, esta evolución refuerza las preocupaciones relativas a la soberanía tecnológica y la democracia.
2) ¿Cómo se posiciona Europa en este escenario?
-Durante muchos años, la UE fue percibida principalmente como una potencia reguladora o normativa capaz de moldear la globalización mediante estándares, marcos legales y regulación del mercado. Sin embargo, el entorno geopolítico ha cambiado profundamente desde la guerra de Ucrania, la aceleración de la competencia entre EEUU y China y la creciente fragmentación de la globalización. Ahora la autonomía estratégica y la soberanía se han convertido en conceptos centrales del pensamiento estratégico europeo. Francia ha sido particularmente activa en la promoción de la idea de que Europa debe reducir las dependencias excesivas en sectores estratégicos como las infraestructuras digitales, los semiconductores, la inteligencia artificial, las industrias de defensa y las materias primas críticas. El objetivo no es el aislamiento del mundo ni la equidistancia entre Washington y Beijing. Francia sigue profundamente comprometida con la alianza transatlántica y la OTAN. Pero París también cree que Europa debe ser capaz de defender sus propios intereses y su modelo democrático en un mundo cada vez más estructurado por la competencia por el poder. Desde una perspectiva francesa, la soberanía —ya sea territorial, industrial o digital— no puede convertirse en una variable de ajuste. El desafío para Europa no es solo económico, sino también civilizacional y político: ¿cómo pueden las sociedades democráticas preservar la apertura evitando la dependencia tecnológica y las excesivas concentraciones de poder?
– En esta etapa de los acontecimientos geopolíticos, podría decirse que Europa se disparó en el pie al romper con Rusia, por las consecuencias que está padeciendo.
-No estoy de acuerdo con esa formulación, ya que ignora el contexto estratégico más amplio creado por la invasión rusa de Ucrania. Desde una perspectiva europea, la cuestión no es meramente económica. Afecta a los fundamentos de la seguridad europea y a los principios que rigen la estabilidad internacional. La guerra lanzada por Rusia contra Ucrania se percibe en Europa no solo como un conflicto regional, sino como un desafío directo a la soberanía, la integridad territorial y la prohibición de las guerras de agresión. Esto explica por qué muchos europeos consideran que el conflicto tiene una dimensión universal que se extiende mucho más allá de Europa. Apoyar a Ucrania no significa defender una confrontación interminable. Desde una perspectiva francesa, significa defender el principio de que la estabilidad internacional no puede basarse en la normalización de la conquista territorial por la fuerza. Es cierto que la ruptura con Rusia ha tenido importantes consecuencias económicas para Europa, especialmente en el sector energético. Alemania y varias economías europeas habían desarrollado profundas interdependencias con Rusia durante décadas. Al mismo tiempo, la guerra aceleró transformaciones que ya estaban en marcha: debates sobre la defensa europea, la autonomía estratégica, la resiliencia industrial y la diversificación energética. La lección más amplia para los europeos es que la interdependencia económica por sí sola no garantiza la paz.
– ¿Es sostenible el apoyo a Volodímir Zelenski cuando aumentan las acusaciones de corrupción y su mandato ha expirado técnicamente?
-El apoyo europeo a Ucrania sigue estando fundamentalmente vinculado a principios estratégicos y jurídicos más amplios, más que al destino personal de un líder político en particular. Los gobiernos europeos distinguen entre los desafíos de gobernanza, que sin duda existen y han existido desde hace tiempo en Ucrania, y la legitimidad de la defensa de Ucrania frente a la agresión militar. Las cuestiones relativas a la corrupción no se ignoran en Europa. Por el contrario, siguen formando parte de los debates en curso sobre reformas, transparencia y la futura relación de Ucrania con la Unión Europea. Sin embargo, desde una perspectiva europea, estas preocupaciones no invalidan el principio general de que las fronteras no pueden modificarse por la fuerza. En cuanto al mandato de Zelenski, la cuestión también debe entenderse en el contexto de las limitaciones constitucionales propias de la guerra y la ley marcial. La situación jurídica y política es, por tanto, más compleja que un ciclo electoral normal en democracias en tiempos de paz.
– La postura de Pedro Sánchez parece disentir del consenso europeo general sobre Israel, Gaza e Irán. ¿Existe la posibilidad de una respuesta europea común?
-Europa nunca ha estado perfectamente unificada en lo que respecta a Oriente Medio. Las diferentes experiencias históricas, culturas estratégicas y contextos políticos internos siguen configurando las tradiciones nacionales de política exterior. La guerra en Gaza y las tensiones regionales más amplias que involucran a Irán han hecho particularmente visibles estas divergencias. Las posturas de Pedro Sánchez ilustran estas tensiones dentro de Europa, pero no necesariamente señalan el colapso de todas las formas de coordinación europea.
– ¿Cuál debería ser la política europea hacia China?
-Europa percibe cada vez más a China simultáneamente como socio, competidor económico y rival sistémico. Esta formulación refleja la complejidad de la relación y la dificultad de reducir a China a una sola categoría estratégica. Por un lado, China es indispensable para muchos sectores de la economía global y sigue siendo fundamental en lo que respecta al comercio, las cadenas de suministro industriales, las cuestiones climáticas y la producción tecnológica. Por otro lado, en Europa se han intensificado las preocupaciones sobre las dependencias industriales, las vulnerabilidades tecnológicas, los problemas cibernéticos y la coerción geopolítica. Los europeos comprenden cada vez más que una dependencia excesiva en sectores estratégicos puede convertirse en una vulnerabilidad geopolítica. Al mismo tiempo, Francia y muchos actores europeos no abogan por una desvinculación total de China ni por el surgimiento de una nueva Guerra Fría rígida. El concepto preferido en Europa hoy en día es “reducción de riesgos” en lugar de la desvinculación.
– ¿Qué papel juegan las relaciones con América Latina, dado el rechazo al acuerdo del Mercosur por parte de muchos agricultores europeos?
-América Latina ocupa una creciente importancia estratégica para Europa. En un sistema internacional fragmentado, Europa ve cada vez más a América Latina como un socio clave en cuanto a materias primas críticas, seguridad alimentaria, diversificación energética y equilibrio geopolítico. Al mismo tiempo, las tensiones en torno al acuerdo del Mercosur revelan las contradicciones y presiones políticas que afectan a la globalización misma. Muchos agricultores europeos temen la competencia desleal y las diferencias en las normas ambientales, sanitarias y sociales. Estas preocupaciones son políticamente significativas y no pueden simplemente ignorarse. Sin embargo, el fortalecimiento de las relaciones entre Europa y América Latina sigue siendo de suma importancia. Ambas regiones comparten una larga tradición de multilateralismo, derecho internacional y formas civiles de gobernanza política.
-Hay quienes argumentan que ante la militarización y el rearme de Europa estamos a las puertas de una Tercera Guerra Mundial.
-El entorno internacional actual es, sin duda, mucho más inestable y conflictivo que hace veinte años.Sin embargo, hablar de una inevitable “Tercera Guerra Mundial” probablemente sería exagerado. Lo que presenciamos, en cambio, es el retorno de la competencia estratégica a largo plazo tras un período relativamente excepcional posterior a la Guerra Fría, durante el cual muchos creyeron que la globalización y la interdependencia económica pacificarían progresivamente las relaciones internacionales. La invasión rusa de Ucrania desempeñó un papel decisivo en esta transformación. Para los europeos, la guerra representa no solo un conflicto regional, sino un desafío directo a los principios de soberanía e integridad territorial que han estructurado la estabilidad europea desde 1945.
La obra dirigida por Lautaro Delgado Tymruk llega al Teatro San Martín con un dispositivo…
“Amarga Navidad”, lo nuevo del español, fue ovacionado y aparece como uno de los candidatos…
Las ventas al exterior crecen a un ritmo vertiginoso: 33,6% interanual. Se explica por la…
Protagoniza un video impulsado por la Asociación Argentina de Actores y Actrices para advertir sobre…
En la última temporada primavera-verano se quemaron 60.845 hectáreas en la Patagonia, el doble que…