Megadeth en Tecnópolis: la emoción por el posible último show en la Argentina, clásicos imbatibles y el éxtasis que generó la versión de “Ride the Lightning” de Metallica

Por: Fidel Fourcade

La banda de Dave Mustaine volvió a Buenos Aires con una única fecha en su gira de despedida. El concierto repasó más de cuatro décadas de thrash metal en un set directo y sin pausas.

El jueves 30 de abril a la noche, Megadeth volvió a Buenos Aires en el marco de su gira de despedida. La cita fue en el predio de Tecnópolis, donde la banda liderada por Dave Mustaine repasó más de cuatro décadas de thrash metal con un show que no especuló con absolutamente nada: fue directo, cortante y sin concesiones.

En el medio, su líder, Dave Mustaine, fue declarado “Huésped de Honor” por la Legislatura de la Ciudad, un gesto que selló una relación que empezó en 1994 con cinco Obras Sanitarias y que, desde entonces, lo tiene como uno de los extranjeros más queridos del género pesado argentino. No fue un premio menor: fue la confirmación de un amor mutuo que viene de lejos, desde aquel diciembre de 1994 en el que el público le gritó “¡aguante Megadeth!” en medio de “Symphony of Destruction” y él quedó tan alucinado que dejó de cantar para escuchar a la gente.

Con la peregrinación que supone el acceso a las adyacencias y el predio de Tecnópolis, la noche iba tomando forma desde las 19 hs, cuando la legión del metal, el thrash, viejos rockeros y nuevos iniciados se fueron acercando al venue de Villa Martelli. No fue hasta pasadas las 21:30 hs que comenzó a sonar la “filarmónica del colorado” con un set impresionante que incluyó, de entrada, “Tripping Point”, el mítico “Hangar 18” —canción por la que más de uno decidió comprar entradas— y “She Wolf”.

La Filarmónica del Colorado.

Desde 1983, Megadeth construyó una de las carreras más sólidas del metal. Con más de 50 millones de discos vendidos y una legión de fans que cruza generaciones, Dave Mustaine (voz y guitarra), James LoMenzo (bajo), Dirk Verbeuren (batería) y Teemu Mäntysaari (guitarra) llegaron a Tecnópolis para despedirse como se debe: a los «riffazos». El 30 de abril fue la única fecha argentina de esta gira latinoamericana, que ya había pasado por Perú y Colombia, y que después seguiría por Brasil, Chile y México. Acá no hubo función doble ni repetición: una noche y punto.

“Sweating Bullets”, “I Don’t Care”, “Dread and the Fugitive Mind” y “Wake Up Dead” continuaron la faena entre riffs épicos y una banda que ya había aterrizado el sonido de su nave nodriza. Una de las gratas sorpresas de la noche fue la inclusión de “Hook in Mouth”, una canción que casi nunca se incluye en las listas de temas que Megadeth tocó en Argentina.

Mustaine, un ícono.

Sobre el escenario, la banda no falló. Mustaine lideró con la autoridad de siempre, apoyado en la solidez de LoMenzo y Verbeuren, y la polenta de Mäntysaari, que ya no es la novedad de 2023 sino un miembro más del engranaje. El show fue compacto, sin tiempo para respiros ni para charlas vacías. Clásicos como “Peace Sells”, “Symphony of Destruction”, “Hangar 18” y “Holy Wars… The Punishment Due” sonaron como deben sonar: afilados, precisos, con la característica mezcla de furia y técnica que los convirtió en leyendas.

El público, una mezcla de viejos metaleros de la primera hora y pibes que apenas descubrieron la banda con Rust in Peace, respondió como siempre: con pogos, brazos en alto y arengas que Mustaine ya aprendió a descifrar sin necesidad de traductor. Porque después de tantas visitas —más de diez, contando aquellas cinco funciones en los 90 y las más recientes en el Movistar Arena—, el colorado ya sabe que acá no se trata de tocar nomás. Es otra cosa. Es una comunión que empezó hace más de 30 años y esta noche, en Tecnópolis, no se sintió tanto como un abrazo de despedida, sino como un hasta luego que deja la sensación de inacabado.

El público llenó Tecnópolis paar ver la despedida de Megadeth.

Entre el mar de remeras con la gráfica de “This Was Our Life”, entre pogos, empujones y headbanging, la noche fue llegando a su final. Sonaron los ya mencionados clásicos “Tornado of Souls”, “Mechanix” y hasta la canción del “acorde araña”, cuando sonó “Ride the Lightning”, canción que Mustaine co-escribió en sus días en Metallica.

La noche del fin de abril de 2026 en Tecnópolis quedó grabada a fuego: thrash metal, riffs y una legión de seguidores en la historia de la música a nivel mundial y en nuestro país. Parte de la leyenda cuenta que Megadeth tocó poco más de hora y media, con un repertorio que recorrió lo mejor y más variado de la banda en un total de 16 canciones.

Megadeth no vino a reinventarse. Vino a cerrar un círculo con la fiereza de siempre. La nostalgia no es su especialidad, pero el respeto sí. Y ahí, sobre el escenario, con Mustaine empuñando la guitarra como si tuviera 25 años, quedó claro por qué esta relación con la Argentina es diferente. No es solo el metal. Es el vínculo raro y brutal que se forja cuando una banda y su público se entienden sin vueltas.

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