Nazis y sionistas: dos pactos para entender la ocupación de Palestina

Por: Alí Mustafá

El Acuerdo de Haavara de 1933, la propuesta del joven Yitzhak Shamir a Hitler en 1941 y una tergiversación de Netanyahu que distorsiona algunos hechos.

“El racismo está presente en cierto grado en todas partes, pero en Israel existe profundamente inserto en el espíritu de las leyes

Shlomo Sand- Intelectual israelí

En una oportunidad Benjamín Netanyahu, abrió un debate afirmando que una figura del mundo árabe de la década de 1940, el Mutfi Haj Amin al-Husseyni, influyó en Adolf Hitler para el exterminio de los judíos. Con el tono de quien sabe reabrir heridas para justificar la curación con fuego, el primer ministro israelí recurrió a un episodio histórico, pero de dudosa veracidad. Dijo que Hitler no quería matar a los judíos en ese momento, solo quería expulsarlos y su relato siguió con el encuentro entre el Mufti (autoridad religiosa islámica) y el führer, donde el clérigo habría dicho: “si los expulsas, volverán, quémenlos”.

Para Dina Porat, historiadora jefa del Memorial del Holocausto Yad Vashem y el periódico israelí Yedioth Ahronoth, la interpretación de Netanyahu podría distorsionar el registro, ya que aquel encuentro fue en noviembre de 1941 pero en enero de 1939 Hitler ya había pronunciado su voluntad de exterminar a la “raza judía”.

Este prólogo es para recordar que en agosto pasado se cumplieron 92 años del Acuerdo de Haavara (en hebreo Transferencia), suscrito entre la Federación Sionista de Alemania, el Banco Anglo-Palestino y las autoridades económicas de la Alemania nazi. Tanto Transferencia de Haavara a Palestina de Werner Feilchenfeld como El Tercer Reich y el acuerdo de Transferencia de David Yisraeli  coinciden que fue un pacto económico y político cuyo representante, Chaim Arlosoroff, líder del sionismo laborista, dejó ver que el objetivo era facilitar la emigración de judíos alemanes hacia Palestina y canalizar parte de sus bienes mediante la compra de productos alemanes. Para la Alemania nazi, esto significaba fortalecer su economía y ofrecer una salida viable para los judíos que les permitiera, al mismo tiempo, limitar la propaganda antinazi en el extranjero. Para la Agencia Judía, la prioridad era proteger a su comunidad de la persecución y promover, en Palestina, el establecimiento de un hogar nacional judío según lo expuesto en la Declaración Balfour de 1917.

Con esa lógica, el convenio de Haavara se firmó con la intención de mover a unos 60.000 judíos alemanes de la media y alta burguesía hacia Palestina y la transferencia de aproximadamente 140 millones de Reichsmarks (moneda de 1933) en bienes y servicios, un flujo que, según sus promotores, contribuyó al desarrollo económico de la comunidad judía en Palestina y permitió al Tercer Reich mitigar su situación financiera, que estaba en crisis.

El resultado tuvo sus controversias. Por un lado, el acuerdo legitimó al régimen nazi y fortaleció su economía a expensas de los judíos alemanes; por otro, los defensores del acuerdo sostienen que fue una medida pragmática para salvar vidas y promover activamente el sionismo en Palestina.

El Acuerdo de Haavara sigue siendo un tema complejo y debatido entre el relato del Holocausto y el del sionismo, un capítulo que exige mirar las decisiones tomadas, su peso político y la necesidad de supervivencia, y entender que sus interpretaciones varían según las perspectivas y las prioridades que se adopten al reconstruir esas décadas.

Yitzhak Shamir, uno de los líderes sionistas, contactó con Hitler en 1941 con otra propuesta. La iniciativa de Shamir, quien sería Primer ministro de Israel entre 1982-1984 y 1986-1992, consistía en la formación y entrenamiento en Europa de la organización terrorista Irgún Zvai Leumi, de la que era parte, ofreciéndo apoyo militar a cambio del reconocimiento del Estado Judío en Palestina. Esta organización paramilitar constituyó el germen del ejército de ocupación israelí, conocido con el eufemismo de Fuerzas de Defensa Israelí (FDI). Según fuentes citadas por el periodista Robert Gellert, toda la documentación sobre este acontecimiento está celosamente guardada en los archivos de Alemania con el número E 234158, del 11 de enero de 1941.

En síntesis, el discurso de Netanyahu y de las organizaciones sionistas que intentan desvincularse del nazismo se refuerza con las recurrentes prácticas genocidas en Gaza. En torno a aquella conducta podemos afirmar que, a la luz de los acontecimientos relatados en versiones provenientes de fuentes diversas, la creación del Estado de Israel fue potenciada por pactos entre los verdugos nazis de hombres, mujeres y niños judíos de bajos recursos y el poderoso y vigente movimiento sionista internacional. «

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