La reconocida actriz construyó una trayectoria de seis décadas entre teatro, cine y la pantalla chica. Es una apasionada de su oficio y confiesa que la sensibilidad a veces le juega en contra.

En televisión fue parte de algunas de las telenovelas más recordadas, como Rolando Rivas, taxista, Los que estamos solos, No va más…, Padre Coraje y participaciones en producciones como Montecristo, que consolidaron su presencia en distintas generaciones de la pantalla chica.
En teatro alcanzó un fenómeno de permanencia único con Brujas, uno de los espectáculos más exitosos y prolongados de la escena nacional. Actualmente, protagoniza Viuda e hijas, la obra con la que gira por el Gran Buenos Aires, que hoy cerrará la primera parte de su recorrido anual en el Teatro Sociedad Italiana de San Vicente.
—Debutaste formalmente a los 12 años en España. ¿Cómo se vive esa experiencia siendo tan chica?
—Mi padre hizo una gira por toda España recorriendo el país con actores argentinos, algo que en aquella época se hacía mucho. Yo iba en esa compañía y terminé haciendo un papelito en el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria. Ese fue mi debut real. Sentí que era un juego. Me parecía divertidísimo. Era una alegría estar en el escenario.
—¿Qué se aprende con los años sobre el trabajo de actuar?
—Uno cuando entra a actuar ya sabe actuar, ya conoce su trabajo, no necesita aprenderlo desde cero. Lo que vas adquiriendo es oficio, el oficio de la permanencia en el trabajo. Ser actor es un oficio, no una carrera, y uno lo va mejorando y puliendo a medida que pasan los años.
—¿Cómo impacta el paso del tiempo en el cuerpo y en la construcción de los personajes?
—Van cambiando los personajes porque va cambiando la edad, lógicamente. Son cosas que van unidas. Y hay que saber escuchar al alma, el espíritu y el cuerpo. En julio voy a parar la gira de Viuda e hijas por varias razones: por el final del Mundial, por las vacaciones de invierno de los chicos y porque me tengo que hacer una operación de cadera. Paro un tiempo amplio para poder operarme y en agosto volvemos con todo.
—Estás con Viuda e hijas y también el radioteatro con Víctor Agú. ¿Qué buscás hoy en los proyectos?
—Primero charlo con la persona que me lo ofrece para que me cuente un poco cómo ven el proyecto y por qué me llaman a mí. Después de que me da sus explicaciones, leo el guion y ahí veo si el personaje me interesa o si me siento capacitada para hacerlo.
—En los últimos años se debate mucho sobre el protagonismo de las mujeres en las tramas actuales. ¿Ves una transformación real en las producciones?
—No creo que sea una transformación. Siempre hubo obras con mujeres, toda la vida. Así que no es ninguna novedad. Yo hice 33 años Brujas, imaginate. O sea que no es una transformación reciente, siempre se ha hecho y siempre funcionó. A mí me gusta trabajar con actores y actrices: lo importante es que me interese el texto, sentirme cómoda con mis compañeros y que sean buenos profesionales.
—¿Cómo analizás la realidad de la televisión actual y la migración de las historias hacia las plataformas pagas?
—Es doloroso, muy doloroso. Es una pena enorme que no haya ficción en la televisión de aire, sobre todo porque la poca ficción que se produce hoy se hace para las plataformas. Eso quiere decir que la gente que no tiene plata para pagar una suscripción mensual no puede ver a sus actores. Se convirtió en una televisión para gente que tiene plata. El que no puede pagar una plataforma se queda afuera de nuestra cultura.
—¿Cuál es tu refugio seguro para descansar y salir de la intensidad del trabajo?
—Tengo una familia, gracias a Dios, muy amorosa con la que estoy y de la cual me siento muy cerca. Tengo dos hijas maravillosas, siete nietos, dos perros y una cantidad enorme de amigos a los que adoro. Tengo muchas aristas para desconectarme. En mis momentos libres me gusta escuchar música en el auto: soy muy tanguera, me gustan mucho los tangos.
—Si pudieras elegir algo para desaprender en este momento de tu vida, ¿qué sería?
—Me gustaría que las cosas que pasan no me afectaran tanto. Todas las cosas horribles que pasan en el mundo. Me gustaría ser más indiferente ante el dolor ajeno. Y no lo soy, me cuesta mucho. Pero eso no se aprende ni se desaprende, es una cuestión de sentimientos y de sensibilidad. «
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