La bandera blanca por el caso Adorni duró sólo unas semanas. El asesor presidencial logró preservar la SIDE por el respaldo de la CIA. Los otros objetivos que tiene "El Jefe" en la mira.

Cuando el caso Adorni estaba recién escalando y en las inocentes lecturas de funcionarios todos juraban que la noticia no se extendería por más de dos semanas, en el gobierno acordaron un alto al fuego para agruparse detrás de la figura del jefe de Gabinete, a quien le montaron un operativo contención sin precedentes. Por entonces, la hermanísima afilaba el cuchillo para seguir podando el poder que el consejero del primer mandatario construyó desde el día uno. Los primeros objetivos tras la vulgar eyección de Mariano Cúneo Libarona y Sebastián Amerio del Ministerio de Justicia eran la SIDE y el siempre codiciado Ministerio de Salud.
Durante las semanas previas al estallido, la menor de los Milei había dejado circular a través de sus siempre dispuestos voceros la búsqueda de candidatos para ocupar la silla caliente de la SIDE que apostaba por quitarle a Cristian Aguadra. Por entonces Jorge “Corcho” Anzorreguy cotizaba en bolsa en el karinismo, pero el sobrino del exagente menemista rechazó todas las ofertas informales que le llegaron. Sin candidatos fastuosos, el sueño húmedo de jugar a los espías quedó enterrado cuando la CIA hizo saber a más de una terminal que el Señor 5 caputista (Aguarda) es su favorito y hasta lo condecoró con una serie de fotografías y reconocimientos por su labor. En más de un despacho respiraron.
Con Mario Lugones, sin embargo, el embate no fue tan liviano. El ministro de Salud y padre de uno de los socios del gurú presidencial tuvo por meses paralizados los pagos de PAMI y otros organismos de su cartera que estuvieron al borde del estallido. Puertas adentro del gobierno descansaban su enojo en el ministro Luis Caputo y su segundo, Carlos Guberman, a quienes acusaban de sentarse sobre los desembolsos en una jugada que, oculta detrás del recorte de gastos, advertía un posible nuevo lineamiento entre Toto y El Jefe, ama y señora de la guillotina libertaria. Esta semana, después de varias promesas incumplidas, el Ministerio de Economía habilitó el flujo de dinero para garantizar los pagos de deudas.
El todavía injustificado crecimiento patrimonial de Adorni, sin embargo, obligó a todo el gobierno a ponerse en pausa. La gestión, deliberadamente paralizada desde hace más de dos meses, y las internas, pasaron a un segundo plano hasta que casi imperceptibles movimientos en uno y otro campamento reactivaron la disputa. El sábado al mediodía, por caso, el asesor presidencial volvió a la carga en su cuenta de Twitter y apuntó contra el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, por intentar operarlo a través de una cuenta paralela. De todas las batallas, la digital es la que más emociona a ambos bandos. “Abrir Twitter es como caminar por un campo minado”, sintetiza con ocurrencia un experimentado deambulante del ecosistema tuitero.
El miércoles por la tarde, luego de que se diera a conocer la oficialización de Sebastián Pareja como presidente la Comisión Bicameral de Inteligencia, el ecosistema de militancia digital que se referencia en Las Fuerzas del Cielo, la orga caputista, inició una batalla sin cuartel contra el diputado karinista. Para el piberío libertario, el presidente de La Libertad Avanza en Provincia de Buenos Aires es un “oportunista” que apunta a construir los armados en beneficio propio y no pensando en el proyecto que tiene a Javier Milei como líder espiritual del partido fundado hace apenas cinco años.
El pasado peronista que el legislador nacional apuesta por ocultar es una de las circunstancias que más enfurecen a la militancia orgánica que profesa las ideas de su mesías desde que no era más que un despeinado panelista de televisión. En concreto, para los jóvenes libertarios la figura de Pareja representa aquello que su ídolo político juraba venir a combatir: un status quo político -casta, como gustó bautizarlo- encarnizado en las entrañas de un sistema que está lejos de ser reformado y que insiste en dejarlos afuera.
Este jueves, el concejal bonaerense, Maximiliano Corio, presentó una denuncia ante el Juzgado Criminal y Correccional N° 1 de La Plata por presuntas “graves irregularidades” y exigió la intervención del partido presidido por Pareja. El escrito advierte una “manipulación discrecional del régimen de afiliaciones; ausencia de elecciones internas genuinas; inexistencia material de órganos partidarios; designación vertical de autoridades; desplazamiento arbitrario de referentes políticos; vaciamiento de la Carta Orgánica; concentración extrema de poder; y criminalización del disenso político interno fuera del ámbito natural de control de la Justicia Electoral”.
La situación, dicen, se extendería en varios municipios de la Provincia de Buenos Aires, donde los referentes de LLA están siendo perseguidos y posteriormente corridos de sus cargos por dirigentes que responden al verticalismo del diputado nacional.
Dispuesta a tener el control de toda la militancia, desde el año pasado Karina puso al más joven del clan Menem, Sharif, a cargo de la JP libertaria. Aquella decisión también fue un yunque para el humor de los orgánicos, quienes desde hace más de dos años ven pasar sus oportunidades aprovechadas por otros. Al igual que lo creen de Pareja, para el piberío tuitero Martín y Eduardo “Lule” Menem sólo se mueven en beneficio propio, incluso si esto supone problemas para el espacio al que adhieren con o sin conveniencia.
Casi con la misma desolación que más de medio siglo atrás la orga que quiso atribuirse el regreso de Juan Domingo Perón al país sintió luego de que el viejo líder los echara de la plaza, los militantes mileistas de la primera ola empiezan a saborear el amargo trago de la desconexión del caudillo libertario con las masas que lo llevaron en volandas hasta el Sillón de Rivadavia. “Milei está gagá”, repetían por Twitter una y otra vez los pibes para la liberación ya sin ocultar la furia que les genera el cerco que rodea al libertario.
Nadie dentro del espacio se apresura a advertir un rompimiento fáctico entre Milei y sus bases, aunque la visita del presidente a La Misa, el programa de Daniel Parisini-el gordo Dan- en Carajo, podría ser leída como una respuesta a tiempo del líder libertario a sus militantes. Algo así como un recordatorio de que todo sigue igual de bien. Pero del amor al odio hay un sólo paso y desenamorarse es tan fácil como hacerlo. Que le pregunten al peronismo sino.
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