Sobrevivir en la era de Milei: historias de la precariedad

Por: Martín Massad

Mientras crece el desempleo, más personas luchan por llegar a fin de mes. Una científica que apela a hongos, una gastronómica a la que le compran "hasta el 15 de cada mes"; un pibe echado de una fábrica que cae en PedidosYa y una comerciante textil al borde del cierre.

La política económica de La Libertad Avanza tiene como premisas fundamentales el superávit fiscal y la baja de la inflación. Lo primero se «logra» pisando los pagos que debe hacer (y no hace) el Gobierno a las provincias, a los proveedores de PAMI, a las empresas de transporte, el freno a la obra pública, y a base de un ajuste que se profundizó esta semana con recortes billonarios en Educación, Defensa, Salud y Ciencia. Lo segundo no termina de ser una realidad, a pesar de todo lo enumerado anteriormente.

En ese contexto, la capacidad productiva esquilmada debido a la falta de consumo y a la apertura indiscriminada de importaciones. Lo que sigue entonces es la constante pérdida de empleos. Más de 300 mil en dos años y medio.  En el medio, la mayoría de las familias argentinas deben rebuscarse para llegar a fin de mes. Sobrevivir en la era de Milei. Y detrás de los fríos (y naturalizados) números, hay historias.

Verónica Passamai es ingeniera biomédica y está terminando su tesis para el doctorado después de haber cumplido los seis años de estudio con una beca del Conicet. Sin embargo desde que asumió Milei, Verónica desistió de “seguir luchando para poder continuar con la beca post doctoral” porque “ya se hablaba mucho de que no iba a entrar más gente”.

Ante el desguace científico, Verónica decidió empezar con su emprendimiento. Gracias a su conocimiento previo, actualmente se dedica al cultivo de hongos adaptógenos y plantas medicinales en Mar del Plata. Bajo el nombre “EsporAhí Hongos”, encontró una salida laboral para afrontar la crisis. “Hay momentos duros sin un peso, me ayudaron mis padres unos meses hasta que avancé. Hoy estoy en ferias autogestivas, mucho con el boca en boca y publicidad por Instagram”, cuenta Verónica. Y confiesa que su vida «es muy diferente a lo que era antes”.

En esta Argentina pendular que vuelve una y otra vez sobre sus verdugos, Marina remarca: “Mis crisis siempre fueron con gobiernos de derecha, con Macri fui dueña de una pizzería y se fundió de tantas deudas. Tuvimos que vender el fondo de comercio después de 13 años”.

Marina es dueña de “La Cocina de Marula”. El proyecto gastronómico nació en 2025 al mismo tiempo que su hijo. “En ese momento yo trabajaba como empleada en un comercio de productos alimenticios pero el sueldo era tan bajo que decidí empezar con mi propio emprendimiento. Además si le tenía que pagar alguien para que cuide mi bebé era cambiar la plata”.

Lejos de un crecimiento personal en el contexto de la actual Argentina precarizada, Mariana dice que lo suyo le alcanza «apenas para llegar a fin de mes”. Nada de ahorros, nada de darse lujos como un viaje: “Con respecto a las ventas hoy está un poco parado, la gente compra hasta el quince, después ya no”. Es también representante de otro fenómeno social: los que retornan a lo de los viejos. Para achicar gastos decidió mudarse a la casa de su madre y no tener que pagar alquiler.

Según especialistas, para que esto no se vea como el 2001 se destacan las plataformas virtuales que permiten «enmascarar» el desempleo. Estéfano tiene 23 años, construyó una habitación en el fondo de la casa de su madre y allí vive. Hasta hace unos meses tenía trabajo en relación de dependencia en una fábrica pero lo echaron. En paralelo a ese trabajo, Estéfano hacía delivery en Pedidos Ya. Hoy la aplicación es su única fuente de ingresos.

“En la fábrica tenía un fijo, en PedidosYa puedo ganar más o menos depende las ganas que tenga. Depende como esté la demanda, depende de mis ganas –relata Estefano–. Puede ir de 800 a tres palos. Los días de lluvia son cuando más ganás pero te tenés que bancar mojarte. Yo por el momento los días de lluvia los tengo que aprovechar porque tengo cosas que pagar”.

Mientras trabajaba para PedidosYa a Estéfano le robaron la moto que había comprado hacía cuatro meses: “El seguro no me pagó porque me robaron un sábado y mi pago mensual impactó el lunes. En la compañía se hicieron los boludos y se lavaron las manos. Ahora tengo que seguir pagando la moto”. Mientras habla con Tiempo se disculpa: tiene que volver a trabajar, “aunque hoy esté mal de la panza”.

La pyme textil “Pollo y Cuy” puede jactarse de estar aún en actividad en el rubro más castigado por la política mileísta: perdió más de 20 mil puestos de trabajo desde diciembre de 2023. Pero nada es idílico. La firma también está sufriendo la caída de las ventas. “Hacemos ropa desde el 2013. En ese entonces vendíamos nuestra producción en distintas provincias y llegamos hasta Uruguay”, cuenta Ivana, diseñadora de indumentaria egresada de la UBA y dueña de la marca. “Con el gobierno de Macri empezó a bajar el nivel de ventas y tuvimos que achicar el margen de ganancias. Con Alberto a pesar de la pandemia se pudo vender mejor. Ahora con el cambio de gobierno (Milei) está cada vez peor. No solamente cerraron locales del interior sino que también muchos del AMBA hoy ya no funcionan”, destaca Ivana. La situación crítica también modificó la forma de trabajar: «Antes las ventas se cobraban contra entrega de la mercadería. Ahora tuvimos que flexibilizar la forma de pago y darle plazo a nuestros clientes. Eso achica nuestro capital para poder seguir invirtiendo”.

Los consultados coinciden: hoy se rompió toda la cadena de producción. No solo los clientes de Pollo y Cuy padecen la falta de ventas. Uno de sus proveedores, un taller de estampados con el que trabajan hace 16 años “nos dijo que cerraba porque no había laburo, no podía pagar los sueldos”.

A punto de caer

Otra forma de sobrevivir es la morosidad. Un círculo vicioso. Después de dejar el CONICET, Verónica de “EsporAhí Hongos”pudo subsistir gracias a sus ahorros «y a la ayuda de mis viejos”, hasta poder arrancar con su emprendimiento. En ese momento no tuvo que tomar un préstamo pero sí debió caer en el sistema financiero este año. En la actualidad está endeudada con Macro a través de un préstamo personal. “Me cuesta poder pagar la cuota. Es como un alquiler más”, se sincera.

“Por supuesto que cuando tenía mi trabajo en relación de dependencia, al principio pagaba todas mis tarjetas y tenía el préstamo del maldito Mercado Pago pero llegó un momento que no pude pagarlo más”, admite Marina de la “Cocina de Marula” sobre su situación crediticia se complicó en el último tiempo. “Con mi emprendimiento y el sueldo de mi pareja no pude, era comer o pagar”.

Ivana de “Pollo y Cuy” cuenta que prefieren no endeudarse en el sistema bancario porque las tasas son muy elevadas, «para poder seguir trabajando y que no se rompa la cadena de pagos conseguimos más plazo por parte de nuestros proveedores. A su vez nosotros también extendimos los tiempos para cobrar”.

La inestabilidad es una premisa que hoy mantiene a miles de empresas con una cautela excesiva y a su vez necesaria para poder cumplir con sus compromisos. El sistema termina siendo un agujero negro que todo lo devora. Mariana añade: “Preferimos no endeudarnos con el sistema financiero porque no sabemos si vamos a poder cumplir. Preferimos pedir ayuda a nuestras familias”. Una postal más de la Argentina precarizada que lucha por llegar a fin de mes.

La morosidad en aumento

Mientras el empleo cae, la morosidad aumenta de manera exponencial. En la actualidad el 10,6% de las familias se encuentran endeudadas y no pueden cumplir con los compromisos asumidos tanto en el sistema bancario formal como en las aplicaciones que brindan créditos.
La mayor irregularidad se encuentra en los préstamos personales (13,2%), Mientras que la deuda fuera del sistema bancario (fintech, billeteras virtuales) tiene una mora que supera el 25%. Un informe de la consultora EcoGo con datos del BCRA afirma que el 11% de las deudas con billeteras virtuales es «irrecuperable».

Trabajar más horas para sacar la misma plata

A «Pollo y Cuy» desde principios de 2025 hasta este 2026 las ventas le bajaron un 30%: «No cayeron más porque diversificamos y bajamos nuestra ganancia… Terciarizamos la confección pero no tenemos empleados. Diseñamos, cortamos y comercializamos nosotros».
Estéfano, echado de una fábrica y trabajador de PedidosYa, afirma: «Noto que cada vez hay más gente que busca trabajo en las aplicaciones, como el delivery, por eso la competencia es mayor. Esto hace que tenga que trabajar más horas para poder sacar la misma plata».
En el último estudio de la consultora Sentimientos Públicos realizaron una clusterización basada en preguntas sobre hábitos, gastos y expectativas para abordar el interrogante: «¿Como pegó el gobierno de Milei en las personas?».
Los primeros son los que llaman «Pacientes Graves de la Crisis»: representan el 23%. Son clase media empobrecida. Predomina la franja 30-45 años. Achicaron gastos y se endeudaron. Uno de cada 4 se medica por salud mental. «Sienten impotencia: el colapso económico es crisis personal».
El segundo grupo: «Endeudados y Pesimistas». Son el 17%. NSE bajo: D y E. Seis de cada diez son mujeres. «Lamentan el precio de la comida. Apenas un 2% tiene esperanzas en que el gobierno mejore. Están Deprimidos».
El tercer grupo es lo que llaman «Curtidos en el Ajuste». Un 21% donde predomina la clase media tradicional de entre 55 y 70 años. Ajustaron gastos en cosas que les dan placer pero tienen reflejos para las crisis. Destacan votantes de Bullrich. Son escépticos y están amargados: “El país no tiene arreglo”.
El cuarto grupo: «Los Neutros Incrédulos». Son el tercio (28%) que restringieron sus gastos pero no están endeudados. Creen que el gobierno hizo lo que había que hacer, pero sólo el 13% cree que la economía va a mejorar y el 87% que Milei no controla la inflación. Tendencia anti política.
Por último: «La Minoría Optimista». Son el 11%. Para ellos Milei controla la inflación y el país mejora. Un tercio pudo viajar al exterior. Son de clases altas y medias altas, de entre 45 y 55 años. El 92% sostiene que las penas por corrupción deben ser más severas.

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