Con relatos personales, composiciones propias y homenajes, el guitarrista estadounidense entregó una noche inolvidable para los amantes del jazz.

Recordó sus inicios en una familia de trompetistas, la primera guitarra que pudo comprar con sus ahorros tras escuchar a los Beatles y el impacto decisivo de Four & More de Miles Davis, álbum que descubrió a los 12 años y lo acercó definitivamente al jazz.
El concierto abrió con “Better Days Ahead” y en una primera parte acústica repasó piezas como “Phase Dance Theme”, “Praise”, “The Sun In Montreal”, “Omaha Celebration” y “Slip Away”. Metheny alternó más de una docena de guitarras, entre ellas una Gretsch 6120 de 1956, una Gibson ES-175N de 1959 y una Gibson ES-150 de 1938 que perteneció a Les Paul. Uno de los momentos más celebrados llegó con la guitarra Pikasso, de 42 cuerdas y aspecto cubista, construida por la lutier canadiense Linda Manzer.
También relató su búsqueda de las cuerdas adecuadas para guitarra barítono, que finalmente halló gracias a un fabricante argentino que descubrió en un video de YouTube. Hubo un homenaje emotivo a su socio y amigo Charlie Haden, con versiones de “Waltz for Ruth”, “Our Spanish Love Song” y “First Song”.
El repertorio incluyó clásicos revisitados como “Garota de Ipanema”, “Cinema Paradiso”, “Alfie” de Burt Bacharach y “Two for the Road” de Henry Mancini. El público acompañó con silencio respetuoso y ovaciones que crecían con intensidad tras cada tema. Al comienzo del show hubo un pedido expreso para que nadie usara su celular, algo que se respetó en líneas generales, aunque siempre hay excepciones: por momentos un láser verde atravesaba la sala y apuntaba a quienes quería quedarse con una foto del artista sobre el escenario.
En el tramo final, Metheny sorprendió al retirar unas mantas negras y revelar el Orchestrion, un dispositivo de percusión, cuerdas y teclados controlados por MIDI, que convirtió el escenario en una pequeña orquesta. Los bises se multiplicaron: “Sueño con México”, “Wichita Lineman” y “Missing” fueron el broche de una velada donde la cercanía y los matices se impusieron a cualquier artificio.
12 de septiembre en el Gran Rex.
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