Periodismo

Por: Víctor Hugo Morales

El primer número de Tiempo Argentino, del 24 de marzo de hace nueve años. Ese ejemplar que tuve la dicha de vender como un canillita en la Plaza de Mayo.

Tengo presente todavía el primer número de Tiempo Argentino, del 24 de marzo de hace nueve años. Ese ejemplar que yo tuve la dicha de vender como un canillita en la Plaza de Mayo.

Fue una experiencia verdaderamente extraordinaria. Fue una tarde memorable de pueblo y de abrazos que nunca olvidaré. Y me parece que fue el bautismo ideal para Tiempo Argentino, porque a partir de ese día se generó un recorrido tan valioso, tan provechoso como el que todos sabemos que ha realizado hasta hoy, hasta este número 500 que sigue llegando a manos de los lectores.

O sea que, en primer lugar, puedo decir que soy testigo privilegiado de las 500 veces de este Tiempo Argentino de los trabajadores.

En segundo lugar, debo decir que hoy día, con el inexorable manejo de las agendas por parte de quienes están al frente de los medios, Tiempo Argentino asoma como una de las escasísimas posibilidades concretas de tener un periodismo realmente independiente, un periodismo hecho por periodistas sin bajadas de línea de parte de patrones, de los dueños de las empresas. Un periodismo que elige un rumbo periodístico a partir del pensamiento sincero, honesto, real, que los propios periodistas sienten sobre el mundo, la política, la sociedad, la economía, el deporte, la cultura, los espectáculos, pero sin la bajada de otros intereses que no sean lo de los propios periodistas “dueños de sus palabras”.

Y en tercer término, puedo asegurar que Tiempo Argentino, desde entonces, desde aquella vez que llegó a la Plaza de Mayo por primera vez impulsado por los propios trabajadores y cada vez que llega a los kioscos, ha sido una especie de puntal de lo poco que queda, justamente, de ese tipo de periodismo en el que, lo que la gente lee es lo que verdaderamente han querido decir los periodistas y no lo que los periodistas interpretan reflejando el punto de vista de sus patrones. Lo que, lamentablemente, en la Argentina de hoy siempre se corresponden con intereses que no son periodísticos.

Me sumo con afecto y alegría a esta celebración.

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