Parafraseando al General Valle, entre nuestra suerte y la de ustedes, me quedo con la nuestra.

Ese movimiento, que se reconoció como tal aquel mes de octubre de 1945, en el que miles de trabajadores salieron a la calle clamando por la liberación de Juan Domingo Perón, injustamente encarcelado, vuelve a reconocerse hoy ante una nueva injusticia, la condena contra la expresidenta de la nación y actual presidenta del Partido Justicialista, el principal partido de la oposición, Cristina Fernández de Kirchner.
Al antiperonismo le gusta el mes de junio para dar cuenta de la crueldad, aquella que fuera ensayada por primera vez hace exactamente 70 años de la forma más cruenta, cuando aviones de la Marina y de la Fuerza Aérea bombardearon Plaza de Mayo y atentaron contra el pueblo argentino, asesinando a más de 300 personas.
Siendo peronista, una de las primeras imágenes que recuerdo de mi infancia es la de ver pasar los aviones hacia Plaza de Mayo desde el living de mi casa y percibir el dolor y la impotencia reflejados en la cara de mis padres. Paradójicamente, a pesar de mi memoria y de la de tantos compañeros, se trató de un hecho aberrante al que durante muchos años pretendieron borrar de la historia reciente de nuestro país.
Este brutal ataque fue la antesala del golpe de Estado que luego derrocaría a Perón, presidente y líder del principal movimiento político del país, y la muestra de que, de ahí en más, se servirían del terror y del odio como respuesta a las conquistas y derechos adquiridos por el pueblo.
Una fórmula cuasi matemática: Odio, terror y proscripción. Ante todo le temen al pueblo y a su capacidad de elegir libremente en democracia.
A 70 años del bombardeo a Plaza de Mayo, una Corte Suprema compuesta por tres jueces, me atrevo a decir que debe ser la más pequeña del mundo, encarcela a la principal dirigente peronista y, como el objetivo no es judicial, sino político, la proscriben de por vida. Un proceso judicial escandaloso y vergonzante, viciado de parcialidad, cuyo resultado pone en jaque a la independencia del Poder Judicial y por ende a la república.
Una vez más el antiperonismo se sirve de la proscripción, que no sólo afecta a Cristina y al Partido Justicialista, sino a la democracia y a la institucionalidad de la Argentina, por lo tanto, a la totalidad del arco político.
Los rasgos autoritarios del gobierno de Milei comenzaron a poner en duda la calidad democrática del país, pero es la arbitrariedad de este fallo, herramienta del poder económico concentrado, la que la ha erosionado aún más.
En este sentido, al buscar estigmatizar a la oposición y disciplinar a los dirigentes que abogan por los intereses del pueblo, la proscripción no augura buenos momentos. Un panorama oscuro, en un contexto económico que sólo desembocará en una mayor conflictividad social.
Así como ocurrió en el año 55 y en el 56 con el fusilamiento cobarde del General Juan José Valle, junto a otros 15 militares, y la masacre de José León Suárez, este junio vuelve a ser un mes triste para la democracia argentina. Un mes en el que una vez más los poderes concentrados, contrarios a los intereses populares, buscan erradicar al peronismo, pero parafraseando al General Valle, héroe de la resistencia peronista: entre nuestra suerte y la de ustedes me quedo con la nuestra.
No hay proscripción que pare al movimiento peronista ni al pueblo argentino en su lucha por la justicia social y la libertad. «
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Dios quiera que así sea. 21 años, estudiante de universidad publica. Es una pesadilla esto. Vamos a salir a la calle