Se trata de dos estudios de Fundar en el que se analizan diversas aproximaciones a la regulación de las plataformas digitales.

Los estudios de Fundar, Las regulaciones en la economía de plataformas y La gestión algorítmica del trabajo, fueron realizados por Sebastián Etchemendy, Juan Manuel Ottaviano y Sofía Scasserra.
Respecto de la regulación laboral, el primer trabajo indica que España y los países escandinavos tienen los marcos regulatorios que mejor protegen los derechos de las personas trabajadoras de plataformas porque “incorporaron la gestión algorítmica del trabajo como variable fundamental para tener en cuenta a la hora de legislar”.
Desde esta perspectiva, “las mejores legislaciones son aquellas que dan cuenta del cambio de paradigma: con las plataformas digitales estamos frente a una nueva organización del trabajo, y en ella los algoritmos son la llave para comprender y para regular”, señala.
Tras impugnar la idea de total autonomía de los trabajadores, que impulsan las plataformas para no hacerse cargo, descartan también propuestas intermedias que se han explorado en Italia y otros lugares y que apuntaron a institucionalizar una autonomía plena de ficción a cambio de unos pocos derechos laborales y previsionales.
Pero los investigadores tampoco aceptan la aplicación de la legislación protectiva laboral general, que los consideraría dependientes de una empresa, porque “no se corresponden con la organización algorítmica del trabajo. En particular, no logran dar cuenta de la gestión de los tiempos de trabajo, ya sea desde el punto de vista de la estricta organización empresaria del trabajo, como de la autonomía en la gestión del tiempo ejercida relativamente por las personas empleadas”.
Apunten al algoritmo
Sin embargo, el eje del negocio de las plataformas gira en torno de la conformación de los algoritmos adecuados que puedan gestionar de la manera más eficaz la demanda del consumidor con la oferta de mano de obra. Es decir, mientras más eficiente sea el flujo de trabajadores y mercaderías, más rentable será el negocio. El problema es que ese esquema no acepta “tiempos muertos” de trabajadores pagos. Para que no existan esas “horas muertas” pagas, la plataforma no admite relación de dependencia.
Para los investigadores, la salida es un camino propio: “Identificamos un margen o un espectro de la organización del trabajo, del modelo contractual y de la relación de trabajo entre las empresas de plataformas digitales y las personas trabajadoras, aspirando a mejorar o ampliar la soberanía del tiempo de trabajo y limitar la flexibilidad (poder de dirección empresaria), que actualmente es total”.
Entre las herramientas que proponen para cumplir con este objetivo se encuentran la garantía de horas mínimas, el respeto de las libertades de elección de tareas y horas y la previsibilidad sobre las consecuencias del ejercicio de este derecho.
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