Standard & Poor's se basó en la inflación y la recesión para bajar su nota sobre los bonos argentinos a B. Por las pocas expectativas de crecimiento, Fitch ya la había disminuido la semana pasada.

En el listado de S&P, la calificación va desde AAA (la mejor) hasta D (incumplimiento o default). La B significa que el deudor está capacitado para cumplir sus compromisos, pero que “condiciones adversas del negocio, financieras, o económicas probablemente perjudicarían la capacidad o voluntad” para enfrentarlos. En el caso particular de Argentina, la quita del signo positivo detrás de la letra B significa que la situación que estaba en vías de mejora se ha estancado.
Las calificaciones expresan la opinión de la agencia sobre la certeza de que un deudor pueda cumplir en tiempo y forma con sus obligaciones financieras. Su opinión no es vinculante, pero los grandes inversores la toman en cuenta a la hora de decidir sus colocaciones. Fitch, otra calificadora internacional de renombre, también cambió la semana pasada a “negativo” su opinión sobre la deuda argentina, basándose en las escasas perspectivas de crecimiento de la actividad a corto plazo.
Razones
El análisis de la calificadora de riesgos hace hincapié en tres ítems. «Ha habido una erosión del perfil de deuda de Argentina, de la trayectoria de crecimiento económico y de la dinámica de inflación”, señaló. En cuanto a la deuda, el gesto del FMI (que adelantó y amplió los giros de dinero para cubrir los vencimientos del año que viene) no alcanzó a disipar los temores por lo que pueda suceder a partir de 2020. Un informe divulgado esta semana por la consultora Ecolatina evalúa que el stock de deuda alcanzará a fin de año el 93% del PBI, destacando que tres cuartas partes de las obligaciones están nominadas en moneda extranjera. «Al elevarse el ratio deuda-producto tras un salto cambiario, los inversores internacionales se preocupan por el repago de la deuda y profundizan el desarme de posiciones en moneda local generando mayores presiones cambiarias, lo que impulsa, nuevamente, el crecimiento del ratio. Por ende, la estabilidad cambiaria será vital», subrayaron desde Ecolatina.
Los otros dos ítems tampoco dan señales alentadoras. El propio FMI estima que la caída de la economía será de 2,6% este año y 1,6% en 2019. Y la inflación, cuyos datos oficiales de octubre se conocerán este jueves, apunta a terminar el año en un rango de entre 45% y 50%. Pese a estos datos agoreros, Standard & Poor’s se guarda un margen de esperanza para no volver a bajar la calificación de la deuda: estima que “el gobierno implementará medidas fiscales, monetarias y de otro tipo para estabilizar la economía durante los próximos 18 meses”.
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