La alegoría de que nada mejor que un contemporáneo para compartir la propia decadencia se ve frustrada por la pretensión de que mientras hay conquista amorosa hay juventud.
El film se mantiene en esa medianía sin perder el pulso, y eso es su techo y su piso: en esa estrecha franja amaga con ser una alegoría que enseña que la carne joven atrae, pero la que en verdad despierta el interés es la contemporánea, esa con la que se creció y se comparten vivencias, sueños frustrados, crepúsculos propios y ajenos, el espacio y el sentir. Nada como alguien de similar edad para compartir las alegrías y pesares de esta vida. Pero eso que sin pretenderlo se plantea como crítica a la imposición social, sólo es un amague, como el que se comen la mayoría de los personajes femeninos de la película, un tufillo a misoginia del que no escapa esa medianía que ya no es romana, sino universal.
Así, cuando parece que se dirige a ser una comedia reconfortante, queda en una gracia de macho alfa que no puede parar de conquistar, como si eso fuera la verdadera juventud: una cacería permanente para acumular presas antes que para saborearlas, para exhibirlas en la pared de la casa antes que para disfrutarlas. Pocas actitudes evidencian tanto la decadencia.
Por siempre jóvenes (Forever Young. Italia, 2016) Dirección y guión Fausto Brizzi. Con: Sabrina Ferilli, Luisa Ranieri. Fabrizio Bentivoglio, Teo Teocoli, Pasquale Petrolo. 95 minutos. Apta mayores de 13 años
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