Porchetto: «Uno se debe a sí mismo y después está la gente»

Por: Belauza

El músico repasa sus 45 años con la música antes de tocar en el Coliseo con un dream team de invitados como Gieco, Mestre, Charly y Vitale.

Se lo recordará como el día que Raúl Porchetto festejó sus 45 años con las música. Este jueves, a las 21 en el Teatro Coliseo, volverá al escenario “como hacía 30 años no lo hacía”, según asegura. Y rodeado de amigos y de su formación, como aún solía decirse cuando comenzó en esto de la música. Fernando Scarcella (batería), Danilo Moschen (teclados), Javier Torrecillas (guitarras), Manuel Llosa (bajo y coros), Dani Porchetto (teclados, armónica, coros y voz), Antonella Vinancia (coros), Ana Clara Porchetto (coros) y él mismo (guitarras, teclados y voz).

Y harán realidad un sueño que, en verdad, nunca soñó. Dice con una timidez carente de pudor: “Se dio así  A los 40 no lo imaginé, a los 50 no sé si llegaré (ríe). Se dio como una posibilidad charlando con amigos, ¿sabés?, ya, 45 años surgió hablandolo con León (Gieco), por ejemplo. ‘Y vos también’, le dije, porque en su momento fuimos a dar la prueba juntos de lo que ahora llaman casting. Y así surgió un poco. Y la verdad podía haber sido 46, 44. Se cuadró todo. Van a estar amigos, que a veces es lo más difícil porque están tocando por acá, por allá; se dio todo de una forma medio mágica».

Treinta años que no hacés un recital de estar características. ¿Por qué?
-Porque en un momento me alejé bastante, y después volver… Nunca fui un tipo de perfil alto y todo es mediático, mediático, mediático. Entonces quizás te dicen que quedaste en los ’80 y no hacés más nada. O te preguntan si seguís haciendo música. Pareciera que el arte popular va por un lado y la industria por el otro. Las reglas de juego que sabemos todos.

Se anuncia a León Gieco, Nito Mestre, Willy Iturri, Lito Vitale, Palito Ortega, Juanse, Charly García y Sandra Mihanovich  para interpretar entre otras, grandes canciones como Reina Madre, Che pibe vení votá, Metegol y Bailando en las veredas y también de aquel encanto de reunión musical que fue PorSuiGieco.

¿Están todos los que querías que estén?
-Sí. Excepto Roberto Sandro, que obviamente me habría encantado que estuviera, aunque de alguna forma voy a estar haciendole un homenaje.

Dijiste que te habías alejado. Por lo general uno toma distancia, de las cosas que sean, luego de haber intentado modificarlas o integrarse a ellas pero no haber podido. ¿Qué es lo que sentías que no podías?
-Para mí la música es mi lenguaje, después es mi forma de trabajo y la sigo peleando como cuando comencé, literalmente. Y al alejarte también pagás un precio que tiene que ver con lo material, lo económico. Trato de ser bastante auténtico conmigo mismo, no es que me debo a mí público, a la gente, creo que uno se debe a sí mismo en lo que uno considera los valores, los principios y después está la gente. Vos no podes ser íntegro al otro si así mismo no lo sos con vos. Esa es mi perspectiva. Y desde ese lugar había una saturación. Por suerte venía de años muy lindos, después de haber sido al principio muy duros, casi diez años de mi carrera muy underground. Veía que estaba perdiendo la pasión; no por la música sino por el hecho de querer desesperadamente subir a un escenario. Para estar ahí arriba en la industria y todo eso, el ego tiene que estar muy adelante y todo el tiempo. Y es algo que trato de controlar, o por lo menos de aprender todos los días -eso no termina uno nunca de aprender- desde otros lugares. Nunca fui una estrella de rock, ni la quiero ser. No es mejor ni peor, sino que me gusta ser un artista de esa trova, pero desde otro lugar. Son formas, no hay una mejor que la otra. Y a mí me gusta tomarme los espacios, los tiempos. Aunque después eso te hace remarla.

¿Y qué ganaste con esa distancia?
-Recuperar esa pasión. Hoy lo hablaba con León (la nota se realizó el lunes), también hablé con Nito Mestre hace un ratito y es estar como un chico: con mis amigos, contento, como cuando teníamos 20 años; sin van a estar temprano, cómo van a ir. Y es gente que yo adoro, no sólo admiro y respeto por su trayectoria y lo que son y lo que hacen. Desde ese entusiasmo yo lo disfruto el doble. Estamos todos compartiendo una alegría y para mí eso es invalorable. Es un regalo que me da no sólo la profesión, sino la vida. Si algo me gusta ser es ser agradecido. Uno nada hace solo. Ni la carrera, ni la vida, ni nada. Sería un estúpido si lo viviera desde ese lugar. Uno se construye entre varios, entre muchos. Y mis amigos han sido parte fundamental de mi carrera con la música y de mi vida.

De alguna manera sentís que como generación se vieron “obligados” a dar respuestas a muchas inquietudes sociales, ya sea desde la pelea o desde convertirse en una estrella del rock, de ser antisistema?
-Nosotros por el simple hecho de ser jóvenes éramos culpables, sospechosos, peligrosos. El ministro del Interior de la dictadura lo dijo: los jóvenes no tienen que tener pensamiento. No respondíamos al joven argentino que estaba instalado. Eso nos influyó a todos. Pero más que dar respuestas creo que planteamos preguntas. Lo hablo en alguna canción. Porque ni siquiera estaba la posibilidad de la pregunta, era una obediencia debida: cómo uno tenía que crecer, que ser. Y nosotros, al principio, la camada de esa trova, éramos la mayoría casi traidores a la clase media. Desde ese lugar nos movimos. En ese momento lo mejor era tirar preguntas porque las respuestas directamente eran prohibitivas. Yo fui amenazado por el simple de hecho de cantar Algo de paz o Reina Madre. Éramos creo una contracultura, y desde ese lugar nos movíamos y teníamos nuestra estrategia, también.

¿Y cómo ves a los pibes de hoy en su relación con la música?
-Creo que se están empezando a sacar un poco de encima lo que fue los 90, que fue decadente en tantas áreas y que influyó mucho en el mercado: tenés que ser famoso, valía más la imagen que el contenido. Y hoy veo desde diferentes lugares que las generaciones, en el caso del arte, están de nuevo preocupadas por la poesía, el contenido musical, por la excelencia; que no se ve todavía emergente porque es muy difícil el acceso a los medios. Amén de que en los 90 hubo gente que hizo cosas fantásticas y maravillosas, se había instalado un poco el reino de la idiotez, era parte del juego que se planteaba. Y eso duró mucho tiempo y todavía se está reacomodando.

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