Las presencias de Beltrán y Brey suponen una rareza: el antecedente más cercano fue en septiembre de 1976, tras el golpe de Estado, cuando la AFA sancionó al Loco por atarse el pelo largo. La estética de futbolistas sufrió un recorte nunca explícito tras el 24 de marzo.

En el medio, hasta llegar a 1976, saltan otras preguntas futboleras, algunas históricas y otras de coyuntura. Tras sus buenas actuaciones en la mayoría de los 16 partidos que jugó en el año, hay quienes dudan si Beltrán hoy sigue siendo suplente en el arco de River o ya se ganó el puesto. Es una duda razonable pero la respuesta recién se sabrá cuando Armani termine su recuperación. Brey, por su parte, ya atajó 33 partidos en Boca desde su debut en 2022, casi el doble que Beltrán en River, pero sólo fue titular de manera continuada en el segundo semestre de 2024.
Arqueros suplentes en el superclásico hubo varios. El caso más reciente es el de Alan Díaz, el chico de River de entonces 21 años –hoy sin club tras un paso por Chicago– que atajó en el superclásico de la pandemia: era el sexto arquero del plantel y ni siquiera había debutado en Reserva pero, tras los positivos por coronavirus de Armani, Germán Lux, Enrique Bologna y Franco Petroli, más la cesión a préstamo de Ezequiel Centurión, atajó de emergencia en la Bombonera. Del otro lado, sin embargo, estaba Agustín Rossi, ya consolidado. Aún así, el partido terminó 1-1 y Boca recién ganó en los penales.
En 2016, pocas horas antes del clásico en Núñez, Guillermo Sara se lesionó y fue el turno del entonces suplente, Axel Werner -hoy en Aldosivi-. En River atajaba otro joven, Augusto Batalla, aunque entonces era el titular. En 1999, Cristian Muñoz tuvo que ingresar en medio del partido en lugar de Roberto Abbondanzieri, entonces suplente de Oscar Córdoba, por lo que en la práctica era el tercer arquero: Boca ganó ambos partidos.
En la década del ’80 hubo partidos en los que volvieron a faltar los titulares -Hugo Gatti y Nery Pumpido-, pero siempre en uno de los equipos: por ejemplo, Sergio Genaro atajó para Boca y Sergio Goycochea para River, pero no en el mismo clásico. El caso anterior con dos suplentes en el mismo encuentro sería en el Metropolitano 1978, cuando Luis Landaburu y Osvaldo Santos fueron titulares en lugar de Ubaldo Matildo Fillol y el ya citado Gatti, ambos reservados para el superclásico que tenían que jugar a los dos días por la Copa Libertadores. River ganó 1 a 0 con gol de Omar Labruna pero a la vez supone un antecedente con un asterisco: los dos equipos presentaron una formación alternativa en todas sus líneas, no sólo en el arco.
Allí entra en acción lo que había ocurrido dos años antes, el 26 de septiembre de 1976, en la Bombonera, por la 3a fecha del Nacional. Una referencia al Nacional del ’76 supone un link automático a la final: Boca venció a River 1 a 0 con gol del «Chapa» Suñé en Racing, el único partido definitorio hasta que en 2018 llegarían la Supercopa Argentina y la Libertadores, ambas ganadas por River. Los arqueros de aquella final, ya en diciembre de 1976, fueron los habituales titulares, ambos iconos: Gatti y Fillol. Sin embargo, pocos meses antes, cuando a fines de septiembre se enfrentaron en el inicio del torneo -con un empate olvidado 1 a 1-, habían atajado los dos suplentes, Héctor Pistone para Boca y Landaburu para River. En el banco se sentaron los terceros arqueros, José Luis Burtovoy y Juan Carlos Derderian, respectivamente (Derderian nunca debutaría en River y sólo sería suplente en cinco partidos, por lo que esa tarde aprovechó para posar junto a los once titulares en la foto previa al partido).
Lo interesante es el detrás de escenas de las ausencias: ni Fillol ni Gatti estaban lesionados. El «Pato» no atajó porque estaba suspendido por la dirigencia: en plena negociación de su contrato con el presidente Rafael Aragón Cabrera, River lo marginó. El contexto político es clave: Argentina había entrado en dictadura seis meses atrás, el 24 de marzo. Con el tiempo, Fillol denunciaría presiones de uno de los militares, Carlos Lacoste, hombre fuerte del Mundial 78 y también vinculado a las decisiones de Aragón Cabrera -o sea de River-. Sin embargo, su poder real comenzaría algunos meses más tarde. «Este señor (por Fillol) ha sido separado del equipo. No vamos a permitir que pretenda hacerse fuerte poco antes de un partido importante después de haber ganado 1.150 millones de pesos nacionales en seis meses», dijo Aragón tras el partido.
Gatti, en cambio, estaba suspendido por la AFA. ¿Había insultado a un árbitro? ¿Le había cometido infracción a un rival? No, usaba vincha. La AFA, intervenida por los militares, lo sancionó con tres fechas. El dato lo recapitula La final, el excelente libro de Diego Estévez, sobre el partido decisivo de 1976. Gatti había atajado con vincha en la primera fecha, contra Temperley, y no pudo jugar ante Quilmes, River y Gimnasia. Recién reapareció en la quinta fecha, contra Atlético en Tucumán, pero ya con visera en lugar de vincha.
La estética de futbolistas con pelo largo de comienzos de los ’70 sufrió un recorte nunca explícito tras el golpe de Estado: la AFA aplicó un inciso del reglamento de transgresiones. Gatti, en verdad, usaba vincha solo cuando ingresaba al campo de juego y le avisaba a los árbitros que, antes de que empiece el partido, se la sacaría. En ese detallismo que hoy suena insólito, el árbitro de la primera fecha, contra Temperley, advirtió que el Loco se había quitado la vincha cuando el partido ya había arrancado. No sólo eso: Gatti se dejaba un cordón negro, más fino, que le sujetaba la melena.
Gatti y su pelo largo eran demasiada alegría para un país en plena oscuridad. «
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