Walter Quiroz: por qué pensó en dejar la actuación, el llamado que cambió todo y su regreso con «El zoo de cristal»

Se había instalado en España y ya imaginaba un futuro lejos del teatro. Una propuesta inesperada lo devolvió a Buenos Aires y a uno de los grandes clásicos de Tennessee Williams.

Estaba en España, decidido a dejar la actuación y comenzar otro camino, espiritual, lejos de los escenarios. Pero el destino lo trajo de nuevo a Buenos Aires y no tardaron en proponerle un trabajo. No actúa desde la pandemia. Pero Ingrid Pelicori llamó a Walter Quiroz y le propuso este texto, y no pudo decir que no.

“Me contó que Agustín Rittano, que estaba haciendo este personaje, había tenido convulsiones y que necesitaban cumplir unos compromisos para poder seguir con la obra en diez días. Si no fuera porque es El zoo de cristal, y porque fue Ingrid quien me lo pidió, tendría que haber dicho que no. Pero me fue imposible”, admite Walter Quiroz, un actor de larga trayectoria que estaba alejado de los escenarios por cuestiones personales.

Ingrid Pelicori es alguien especial para él. “Además de ser un talento, es una amiga, es una madre, una maestra. Era obvio que tenía que aceptar. Además, este texto fue el primer monólogo que dije en lo de Agustín Alezzo, donde iba junto a Malena Figó, que hace de mi hermana en la obra. Así que dije que sí.”

Para Quiroz, la obra es perfecta. “Es un texto increíble. Vos subís a la obra, entrás y nunca te abandona. No entendés cómo sucedió la obra. Como actor te hablo: te lleva. Te subís a esa ruta y cuando te querés acordar ya terminó. Porque es tan perfecta que es como una liturgia que no te abandona en ningún momento. Todo tiene algo que decir, tiene muchas capas de sentido, cierta musicalidad, un ritmo único. Está llena de sentido por donde la mires. Es una manera bellísima de hablar de la fragilidad humana.”

Es un clásico que cala hondo en espectadores e intérpretes por igual. “Habla de la diferencia, habla de la belleza, de la particularidad, y es muy humana, muy universal. No conozco a nadie que la vaya a ver y no se quede enamorado de la obra porque, repito, es perfecta. La obra es impecable. Es una de las grandes obras. Una de esas obras que todos queríamos hacer.”

También destaca el trabajo de sus compañeros. “Están todos muy bien, son generosos. Y es especial para mí porque tengo la suerte de estar de la mano de Ingrid, con quien vengo trabajando hace muchísimos años. Hicimos un texto de Ibsen. Hicimos Los poetas de mascarón, en el Centro Cultural de la Cooperación, en homenaje al escritor Haroldo Conti, con Patricio Contreras, dirigidos por Leonor Manso. Otra obra que se llamaba Absorta y desnuda. Nos conocemos mucho. Es una maestra. Es una referencia. Le hago consultas personales y profesionales muchas veces. Pero tener la posibilidad de compartir el escenario con ella es una de esas cosas por las que estoy muy agradecido.”

Para el actor, El zoo de cristal puede resultar una experiencia impactante. Incluso cree que una obra así puede llegar a cambiarle la vida a alguien. “Uno busca estos textos porque lo que quiero es despertar conciencia, propia y ajena, para que el otro se sienta menos solo. Un poco el teatro es eso, creo. Compartir. Tiene que ver con aquello que se dice: es un espejo de la condición humana.”

Cree que estamos todos un poco afectados por todo lo que está pasando en la Argentina. Pero también por cuestiones que cuesta cambiar. “Lo que pasa con la violencia. Con hombres que se convierten en asesinos de mujeres. Es un tema que debemos pensar los varones también. En mi casa hubo mucha violencia familiar. Cuando crecí un poco le dije a mi papá: ‘Esto se terminó’. Y mi papá después abrió los ojos y cambió toda la realidad de mi casa. Supo apreciar que podía cambiar una manera de pensar y actuar gracias a alguien que le hizo ver que debía hacerlo de otra manera. Hay que estar atento a las reacciones, al chiste o al comentario desubicado. Los varones muchas veces partimos de enseñanzas equivocadas. Bueno, hay cosas para aprender. Pero la obra habla un poco de esto. No directamente del machismo, sino de que a veces hay cosas que no hay que negar y que hay que tratar de cambiar de a poco. Quizás tengamos que aprender, revisar e invitar a otro varón, al compañero o al amigo, a ver esos micromachismos y hacer un salto cuántico para pasar a otro plano.”

Para él, el teatro es indispensable y admite que quizá su forma de aportar sea desde allí. “El mundo está tan egoísta y tan complejo, hay mucha injusticia, y está bueno que nos cuenten una historia que ayude a reflexionar. Un poco el teatro es eso”, admite Quiroz.

La situación actual también lo preocupa. “Es fuerte. Lo primero que me sale decir es que me da mucha tristeza. Si no hay compasión, no hay nada. Si dejamos a los discapacitados desamparados o a los jubilados, si los ponemos en ese sitio en el que no importan, es muy difícil sacar algo positivo. Si no hay compasión, no va a haber nada nunca. Si atacamos a los niños, a la educación y a nuestros mayores, no sé cuál es el futuro posible.”

Además, le resulta difícil entender las motivaciones de este gobierno y de los sectores que lo apoyan. “No sé por qué hacen lo que hacen. Yo no lo comprendo, por lo menos. Pero también pienso que hay una reflexión importante que tenemos que hacer sobre cómo se llegó a esto, qué hicimos para llegar acá. Antes que nada, darnos cuenta de que tenemos que pensar en el otro. No puede ser que para arreglar algo no me tenga que importar mi vecino. Mi vecino soy yo. Es impensado que se ataque la universidad, la discapacidad o las minorías. Me parece un momento triste y, al mismo tiempo, nos permite una profundísima reflexión. Hay que prestar mucha atención porque tal vez se va a poner más difícil. Uno daba por sentadas algunas cosas, pero es fácil destruir y difícil construir.”

Hay que seguir, admite, pero prestando atención a no repetir errores y tratar de elegir dirigentes con más corazón. “La realidad mundial se está poniendo áspera, y en la Argentina ni hablar. Hay mucha crueldad. Pero aprovechemos esta energía, esta fuerza macabra, para iluminarnos, para despertar y recordar que el otro es lo importante. En El zoo de cristal lo decimos: lo importante son los vínculos. Lo importante es el otro. ¿De qué sirve todo lo demás si no está el otro? No sirve. No tiene sentido nada si no se comparte.”

El zoo de cristal

De Tennessee Williams, en versión de Mauricio Kartun. Con Ingrid Pelicori, Walter Quiroz, Malena Figó y Martín Urbaneja. Dirección: Gustavo Pardi. Los lunes a las 20.30 en El Tinglado Teatro.

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