Los $ 367.800 de la actualidad equivalen a un tercio del poder adquisitivo de 2011. La gestión de Milei acentuó la tendencia a la baja para reducir gastos y prestaciones sociales que van atadas a esa referencia.

A partir del 1 de junio esa referencia es de $ 367.800, cifra irrisoria que apenas cubre un cuarto de la canasta familiar básica, estimada por el Indec en $ 1.469.768. La involución es producto de que su actualización, en términos nominales, es sistemáticamente inferior al promedio de inflación general. En particular, en los dos años y medio del gobierno de Javier Milei, el incremento nominal fue de 136% frente a una inflación que acumula alrededor del 312%.
De acuerdo a la medición histórica que realizó el Centro de Estudios de Historia Económica Argentina y Latinoamericana (Ceheal), en 2011 el salario mínimo, vital y móvil (SMVM) era de $ 1.059.903, a precios de abril de 2026. Desde entonces se derrumbó hasta llegar ahora a apenas un tercio de ese monto.
En ese sentido, el funcionamiento del Consejo Nacional del Salario Mínimo, el organismo tripartito en el que representantes del sector empresario, gremial y del Estado deben discutir su valor, ha sido ampliamente deficitario: todas las audiencias entre las partes fracasaron y el gobierno nacional terminó fijando el monto de manera unilateral.
No es casual que las decisiones de la administración libertaria hayan tenido una tendencia sistemática a la baja del valor real. “En los últimos dos años el salario mínimo ha descendido mucho y esto se debe a ciertas razones, como por ejemplo que muchos índices, como la jubilación mínima para los que tienen 30 años de aporte, las becas Progresar o ciertas asignaciones familiares, están atadas al salario mínimo. Entonces el gobierno, como una estrategia para disminuir ciertos gastos, ha dejado congelado el salario minimo a niveles ridículos”, explicó Angel Cerra, investigador del Ceheal.
Como referencia, cuando Javier Milei llegó a la Casa Rosada el piso de remuneración equivalía a $ 589.124 de la actualidad, según estimó el documento de ese centro de estudios.
Por definición, el salario mínimo, vital y móvil es la menor remuneración que debe percibir el trabajador sin cargas de familia, en su jornada legal de labor, de modo que le asegure alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte y esparcimiento, vacaciones y previsión. Además, debe ajustarse periódicamente y no puede ser rebajado en virtud de un convenio colectivo ni de un acuerdo individual.
Cuando se creó, en 1964 (durante la presidencial del radical Arturo Illia), su valor fue fijado en 14.000 pesos de ese entonces. La cifra actualizada rondaría los $ 1.838.000, cinco veces el monto actual. Según la estimación del Ceheal, con un salario mínimo de aquella época se podían comprar 130 kilos de carne, en lugar de los 20 actuales; pagar 2.333 viajes en colectivo, en lugar de los 515 de ahora; y pagar casi dos meses de alquiler promedio de un departamento, en lugar de los 10 días para los que alcanza a precios de hoy.
La reducción del SMVM es clave porque se toma como parámetro para las negociaciones salariales, la actualización de prestaciones sociales y el otorgamiento de subsidios, entre otras variables.
Sin embargo, la batalla cultural que emprendió el gobierno libertario contra toda injerencia del Estado para defender los derechos de los trabajadores parece haber dado resultado. Tal como lo indica el nombre, sus características de mínimo, vital y móvil deberían garantizar un piso salarial para el trabajador; que queden garantizadas sus necesidades de la vida cotidiana y que se preserve de la pérdida del poder adquisitivo. Ninguna de ellas parece estar asegurada en estos tiempos.
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