Rocas Coloradas: una excursión en Chubut al principio de los tiempos

Por: Sonia Renison

Es un lugar único al que también llaman Valle de Marte. Es un viaje surcado por el viento en Comodoro Rivadavia, también conocida por ser la capital del petróleo y de las colectividades extranjeras.

Desde la puerta del hotel se ve el océano en Comodoro Rivadavia.  Azul. El viento todavía es suave. Y las camionetas 4×4 de Patagonia Salvaje estacionan justo en la entrada. Allí está Martín Pérez que, junto con Eduardo Amarilla, nos guiarán en un viaje hacia el área Protegida Rocas Coloradas, muy cerca. “Hola, bienvenidos, soy Martin, hace veinte años que me dedico a estas experiencias. Toda mi familia es de la zona, soy tehuelche,” dice y define al viaje con su esencia. 

Mide casi dos metros, es macizo y con mirada profunda. Trepamos a las camionetas que son altísimas y arranca la aventura cuando nos muestra por las ventanillas siempre el mar a un lado y al otro los distintos barrios que surgieron hace más de un siglo con la explotación del petróleo hasta que a quince minutos nomás. La ruta toda de ripio alimenta la mística cuando anuncian «Estamos transitando la Ruta 1”. Es la estepa, acantilados y el mar. Son minutos los que transcurren hasta que en una vuelta rutera caracol, llegamos al único faro cuadrado del continente, y uno de los pocos del mundo, el Faro San Jorge. Aún funciona. Y nos hacemos mil fotos. El viaje sigue junto al mar para llegar hasta el borde de los acantilados y más allá, el “farallón”, un recorte de meseta que quedó tipo isla enorme, que el mar rodea y forma el lugar perfecto para que una colonia de cormoranes permanezca casi todo el año en su cima chata. 

Hay que resguardarse del viento, ver el paisaje y seguir los movimientos del guía para trepar al vehículo poniendo especial atención en sostener siempre la puerta. ¨Una ráfaga puede hacerla giratoria¨, dicen. 

La travesía

La excursión empieza desde el primer instante con relatos y comentarios sobre lo que uno ve desde la ventanilla y sigue siempre con sorpresas cuando detrás se escapa la última imagen de Comodoro ciudad. Por delante el horizonte es pleno. Sólo los expertos conocedores sabrán cómo ingresar por Ruta 1. Detrás también queda Caleta Córdoba, un pueblo de pescadores que ofrece restaurantes y ferias los fines de semana con la pesca del día y frutos de mar. Es precioso caminar entre sus casas originales de chapa y madera pintadas de colores alegres con las barcazas, sobre la playa. 

La ruta se parece a un sendero de ripio. El “Pico Salamanca” es el cerro que acompañará parte del camino salpicado por carteles que anuncian “peñas” de pescadores como “La Nueva”, “Locos por la Pesca” o  “El Pique”, todos escritos de forma rudimentaria y casera. Son una docena de carteles que se cruzan durante media hora y apuntan al este, donde una línea de tierra y piedras dibujan el destino hacia las playas. “Hay familias de pescadores o grupos que tienen un refugio sencillo sobre la playa y le ponen nombre. Allí van y se quedan un par de días”, aclara Martín Pérez, mentor de la travesía. 

El cartel de Rocas Coloradas.
El viaje.
Faro San Jorge.
Valle de Marte

El ruido

Como en cualquier destino de naturaleza, es el clima el que define el viaje. El viento sopla con ruido. Se escucha. Y cuando paramos a ver uno de los sitios preciosos que atesora el Área Natural Protegida Rocas Coloradas, no la podemos creer. Para hablarle al de al lado hay que gritar y así y todo, no nos escuchan. Por suerte, se forma una hilera de caminantes y vamos por un sendero que sólo el guía conoce. La ruta se sospecha dibujada en el suelo. A la izquierda los tonos son naranjas y blancos, una laguna seca dibuja un suelo de película. Son mosaicos de arcilla con formas de pentágonos. Las geoformas crecen y se desvanecen a su alrededor, todas con líneas redondas como si un gigante hubiera estado jugando con arena mojada. Uno puede tocar las paredes de arcillas que se convierten rápidamente en polvo y hay que resguardarse del viento que sopla y hace un peeling sobre el rostro de cada uno. 

Matas negras y matas moras, en flor y los coirones gigantes, crecen entre estos cerros enanos. Más adentro son cerros de siete colores en miniaturas los que atrapan al visitante. Hay cuevas o grutas, talladas por el viento, el tiempo y la lluvia. Temor: el cielo está plomizo y de acá no sale nadie si llega a caer agua. Seguimos porque el paisaje es atrapante y es el verdadero Valle de Marte, aunque a todos les surge decir Valle de la Luna. 

La ruta sigue mientras se apura la marcha como se puede porque el viento se vuelve fuerte. A la izquierda del camino otros cerros medios grises y hasta negros muestran rocas cuadradas gigantes. Son del “campo de meteoritos”, nada que ver con los que caen del cielo. Acá es todo de la tierra, quizás de millones de años, de cuando existieron volcanes y glaciaciones. 

Así se llega a otro punto único de este parque: el bosque petrificado. Y aquí sí que caminar por un cauce de un arroyo seco  marca a fuego a los visitantes porque son astillas y troncos enormes, de 12 metros, los que yacen sobre el piso. Hay de todos los colores: caramelo, negro, blanco amarillento y hasta el corazón de un tronco macizo revela el rostro de un búho gigante. 

La hora del mar

El viento es tan fuerte que el viaje se acelera en cuanto a paradas y aumenta en opciones.  Ahora ya pasaron tres horas y la caravana de 4×4 se dirige al mar. Ahí nomás, un camino para vehículos se accede por una pampita hasta que se convierte en ripio grueso y la playa de canto rodado y el mar azul intenso aparecen y cubren todo el paisaje. Es soñado. Acantilados de un lado y del otro. La playa desierta, el cielo y el puesto, la peña, “Cazón”. Un puesto de chapa, súper prolijo que es lo suficiente para descansar del viento. Por arte de magia o de la Patagonia misma, se abre turquesa la inmensidad del cielo. Brilla el sol. Y el viento para. 

Martin Pérez la tiene clara. Acomoda el disco de arado sobre el fuego protegido por un corral de chapas, vierte los vegetales tricolor y los bifes que crujen al fuego y en 15 minutos el manjar está servido con pan casero. Impecable la mesa, los platos de madera, los cubiertos, el mantel y los banquitos playeros para todos y todas. No se escucha más nada. ¿El postre? Una manzana. Jugosa, refrescante, bien de la Patagonia. 

Hay cansancio en el equipo, pero el regreso muestra nuevos colores en el paisaje cuando el sol rota en la tarde. Hay viajes con estrellas, advierten. Y uno se queda con ganas de más y de ver ese cielo impecable que revela la Patagonia infinita.

Mas información

www.comodoroturismo.gob.ar @comodoroturismo 

Patagonia Salvaje 4×4  en Facebook / IG / Linkedin:  full day a Rocas Coloradas 120 dólares.

Agencia de Turismo Receptivas en Comodoro: Mar del Sur Viajes ( 0297 447-3600) 

Agencia receptiva en Comodoro  Buen Tour Patagonia 0297 15-594-1126 info@buentour.com

Austral Hotel : www.australhotel.com.ar  (Cuatro estrellas( desde 20 mil pesos la noche) 0297 447-2200

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