El actor protagoniza la miniserie española que se estrena el 10 de septiembre en Disney+. Enterate de todos los detalles.

La trama sigue a Claudia (Miren Ibarguren), una madre que perdió a su hija Ángela en circunstancias traumáticas. Años después, recibe una llamada inquietante: “Mamá, soy yo, Ángela. ¡Por favor, vení a buscarme!”. Este mensaje la impulsa a iniciar una investigación junto a Salazar (Rodrigo de la Serna), el expolicía que había llevado el caso, y a Laura (Milena Smit), una joven cuya vida fue salvada por Ángela. Entre ellos se arma una búsqueda cargada de enigmas, visiones perturbadoras y un trasfondo que oscila entre lo racional y lo sobrenatural.
La historia no es un remake directo ni una simple actualización: se trata de una reinterpretación que parte de la misma premisa pero abre un universo propio. Freixas opta por un thriller psicológico con tintes sobrenaturales, pero sobre todo pone el foco en la necesidad humana de creer en algo, de hallar sentido en medio del dolor y la pérdida. “Es un thriller con pequeños toques sobrenaturales, y aunque podríamos decir que plantea si los milagros existen, de lo que realmente habla la serie es de la necesidad de las personas de creer en algo”, señaló el creador.
Para Rodrigo de la Serna, este papel refuerza su condición de actor versátil en la escena internacional. Tras sus pasos en Diarios de motocicleta, El lobista y el boom global de La casa de papel, aquí encarna a un investigador privado marcado por sus contradicciones y obsesiones. Su presencia aporta densidad dramática y una proyección latinoamericana a una producción de origen español que busca consolidar la exportación del género.
El elenco incluye a nombres destacados de la escena ibérica como Ana Torrent, Elvira Mínguez, Susi Sánchez y Daniel Pérez Prada. La combinación de talentos refuerza la potencia interpretativa de una historia que se apoya también en un notable nivel técnico: fotografía atmosférica, dirección de arte minuciosa y una banda sonora que sostiene la tensión.
El antecedente cinematográfico de Los sin nombre (1999) había impactado por su crudeza y su estética cercana a Seven de David Fincher. Veintiséis años después, Balagueró regresa al universo como productor, dejando en manos de Freixas la expansión narrativa que permite el formato episódico. El cambio de registro implica sacrificar parte del impacto visceral de la película, pero gana en profundidad psicológica y en multiplicidad de puntos de vista.
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