El profesor de psicología social de la Universidad de Cambridge dice que de esa forma “corremos el riesgo de alienar a personas que simplemente están indecisas”. Menciona estrategias: consensos, persuasión y la inoculación psicológica.

-En tu trabajo, mostrás que comunicar el consenso científico es eficaz para contrarrestar la desinformación. ¿Implica esto una diferencia entre los casos en que las actitudes negacionistas del público se basan en no saber que existe un consenso científico (por ejemplo, típicamente el caso del cambio climático), y aquellos casos en que el negacionismo se basa en negar el valor probatorio de ese consenso (por
ejemplo, típicamente los antivacunas)?
-Sí, creo que es una distinción importante. En distintos temas científicos, la gente tiende a percibir erróneamente el nivel de consenso científico. Esto se debe en parte a que los medios de comunicación suelen amplificar puntos de vista marginales, creando una sensación de “falso equilibrio”, como si hubiera un verdadero debate entre expertos cuando no lo hay. Por ejemplo, en uno de nuestros estudios sobre vacunación, no abordamos directamente la afirmación sobre el autismo. Simplemente comunicamos que la mayoría de los pediatras coincide en que las vacunas son seguras. Por sí solo, eso redujo las percepciones erróneas sobre el vínculo entre vacunas y autismo, sin siquiera mencionar ese supuesto vínculo. Así que corregir las percepciones erróneas sobre el consenso puede ser muy eficaz. Ahora, hay personas más resistentes, aquellas que rechazan la propia idea de consenso científico. Algunos ven el consenso como un “conteo de votos” o incluso como una conspiración. Invocan argumentos como el de Galileo, sugiriendo que el consenso es irrelevante para la verdad. A la gente debería recordársele regularmente la falacia de Galileo, que consiste en que, en el caso de la mayoría de las personas… bueno, uno no es Galileo. Ese es un grupo más pequeño, y requiere enfoques diferentes. Para ellos, puede ser necesario recurrir a otras técnicas psicológicas como la afirmación, es decir, afirmar sus creencias, lo cual puede hacerlos más abiertos a conversar sobre otros temas.
-Entonces, para la mayoría de las personas comunicar el consenso funciona porque aceptan su valor probatorio. Pero para una minoría, se necesitan otras estrategias. ¿Este enfoque corre el riesgo de volverse más manipulador, por ejemplo, cuando apela a identidades en lugar de apelar a razones?
-Creo que es una preocupación válida. En realidad hay dos cuestiones aquí: si algo es manipulador y si es ético. En cierto nivel, la persuasión siempre implica influencia. La cuestión es si esa influencia se utiliza de manera ética. Creo que la persuasión ética requiere ciertas condiciones: transparencia sobre las propias intenciones y el uso de mensajeros genuinos, es decir, una alineación entre lo que se comunica y lo que el comunicador realmente cree. Por ejemplo, si un líder religioso cree genuinamente en la ciencia climática y lo comunica a su audiencia, eso puede ser una forma ética de persuasión. Pero si alguien invoca argumentos religiosos en los que no cree, eso se vuelve más problemático porque introduce un elemento de engaño. Así que creo que hay un punto intermedio: no tenemos que limitarnos a una comunicación puramente “racional”, pero sí debemos evitar estrategias manipuladoras y mantener la transparencia.
-¿Qué ocurre con los casos en que científicos o instituciones utilizan estratégicamente influencers o líderes comunitarios, personas cuyas creencias quizá no comparten, para comunicar mensajes? ¿Sigue siendo ético?
-Esto es muy común en la práctica, especialmente en salud pública. Desde un punto de vista práctico, puede ser eficaz. Si el mensajero cree en el mensaje, eso ya es mejor que en los casos en que las personas dicen cosas en las que no creen en absoluto. Pero la clave es la transparencia. Idealmente, la gente debería saber si el mensaje forma parte de una campaña o asociación más amplia. Si un influencer está siendo remunerado, eso debería ser explícito. De lo contrario, se corre el riesgo de socavar la confianza. Las personas confían en los mensajeros porque creen que están siendo honestos y abiertos respecto de sus motivaciones. Así que creo que puede ser ético, pero solo si evita el engaño y mantiene la transparencia sobre las fuentes y los intereses.
-Ahora, un punto más conceptual. Algunas definiciones influyentes de “negacionismo científico” apelan explícitamente a la idea de una intención de engañar, pero esto deja afuera a personas que tienen dudas genuinas sobre, por ejemplo, la seguridad de las vacunas. Entonces, ¿cómo distinguís entre negacionismo científico y formas más genuinas de escepticismo?
-Es una cuestión difícil, y la terminología todavía está evolucionando. Tomemos la indecisión frente a las vacunas (“vaccine hesitancy”). La definición anterior se centraba en la conducta: retrasar o rechazar la vacunación pese a su disponibilidad. Las definiciones más recientes la describen como un estado psicológico: incertidumbre o duda. Esto es útil porque evita hacer suposiciones normativas sobre por qué las personas están indecisas. Así, alguien puede tener indecisión frente a las vacunas sin ser un negacionista. Un negacionista sería alguien que, de manera consciente e intencional, difunde información falsa y rechaza evidencia científica bien establecida. Creo que deberíamos reservar el término “negacionismo” para los casos en que hay evidencia clara de distorsión intencional. Luego hay otras categorías: “contrarios”, por ejemplo, personas que se posicionan contra el consenso pero que participan en el debate, a veces utilizando argumentos pseudocientíficos. Y hay un tercer grupo: personas que simplemente no saben y están haciendo preguntas. Pueden repetir rumores o malinterpretar cosas, pero no están intentando engañar. Así que se trata de un espectro, y deberíamos tratar a estos grupos de manera diferente.
-Esto se conecta con el riesgo de que comunicar el consenso refuerce la polarización al dividir entre “nosotros” y “ellos”.
-Sí, es una preocupación real. Los científicos suelen estar frustrados, y con razón. Pero si etiquetamos como “negacionista” a todo aquel que cuestiona la ciencia, corremos el riesgo de alienar a personas que simplemente están indecisas. Y en algunos casos, eso puede empujarlas hacia posiciones más extremas. Así que debemos ser cuidadosos con las etiquetas e intentar mantener los matices.
-Pasemos a la teoría de la inoculación, la propuesta según la cual se puede exponer a las personas a versiones atenuadas de discursos engañosos para que desarrollen “anticuerpos epistémicos” antes de encontrarse con la versión real. Parece basarse en la idea de que el discurso negacionista sigue patrones recurrentes, y eso permite una inoculación “de amplio espectro”. Pero en nuestro trabajo sobre América Latina encontramos casos que no encajan en esos patrones; por ejemplo, la apelación a expertos reales en lugar de falsos. ¿Podemos realmente confiar en estos supuestos patrones recurrentes?
-Diría que sí y no. Sin duda existen técnicas recurrentes que han sido documentadas desde hace mucho tiempo, incluso desde la filosofía clásica. Incluyen falacias, narrativas conspirativas y otras estrategias retóricas. Pero no todos los contextos son iguales. La inoculación psicológica es como las vacunas: una inoculación de amplio espectro puede proteger contra cepas comunes, pero no contra todas las variantes. Así que, en la práctica, es necesario combinar enfoques amplios y específicos. Hay que analizar el contexto local: qué técnicas se están utilizando, si son recurrentes y si pueden descomponerse en componentes. En algunos casos, se pueden desarrollar inoculaciones a medida. En otros, la variación es demasiado alta, o la desinformación es impredecible, como hemos visto en la India con noticias falsas aleatorias. En esos casos, la inoculación es menos eficaz porque no se puede anticipar lo que va a venir.
-Entonces, ¿esto introduce límites a la posibilidad de escalar las estrategias de inoculación?
-Sí. Escalar es un desafío porque la eficacia depende del contexto. También hay casos en los que las preocupaciones no se basan en técnicas retóricas identificables. Pueden estar arraigadas en el miedo, en creencias morales o en percepciones de lo que es “natural”. Esos casos son mucho más difíciles de abordar mediante inoculación. Funciona mejor cuando hay patrones identificables y recurrentes que pueden anticiparse. También es solo una herramienta, y como tal puede usarse mal. Por eso creo que la educación es clave, especialmente en etapas tempranas. Si las personas desarrollan habilidades de pensamiento crítico, están mejor preparadas para enfrentarse a la desinformación.
***
Lo que surge de esta conversación con Sander van den Linden no es un conjunto unificado de herramientas para “combatir el negacionismo”, sino una serie de tensiones que resisten la simplificación.
Comunicar el consenso puede funcionar, pero no para todos, y no siempre por las mismas razones. La persuasión puede ser necesaria, pero corre el riesgo de deslizarse hacia la manipulación.
La teoría de la inoculación ofrece un marco prometedor, pero solo en los casos en que los patrones son lo suficientemente estables como para anticiparlos. Las advertencias de van den Linden nos ayudan a evitar la tentación de buscar un Santo Grial de la comunicación científica, una llave que abra todas las cerraduras. «
El ámbito universitario y científico está en situación terminal ante el desfinanciamiento de un gobierno nacional que está lejos de buscar una solución. Mientras se multiplican los paros docentes, el 12 de mayo será el día de una nueva Marcha Federal Universitaria que promete ser multitudinaria. En paralelo, siguen ocurriendo movilizaciones de otros sectores tecnológicos afectados. El jueves, trabajadores del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y la Universidad de San Martín (UNSAM) realizaron una caravana «en defensa de la Ciencia, la Tecnología y la Producción». Denunciaron la amenaza de más de 1500 despidos y el virtual cierre del INTI, junto a la baja de más de 900 servicios de control, En la CNEA la situación no es mejor. Los licenciados y doctores ganan todos por debajo de la línea de pobreza. Un becario técnico, menos de 700 mil. El secretario de Asuntos Nucleares, Ramos Napoli, anunció el despido de 170 personas. Otros 340 contratos serán renovados por solo tres meses.
El documental narra la experiencia de Marcos Joubert, quien con un teléfono graba y envía…
La secretaria general de Fatpren, Carla Gaudensi se refirió a la situación que viven actualmente…
Más allá de los anuncios auspiciosos, no se verifica el ingreso de los dólares prometidos.
El ilustrador español visitó por segunda vez la Feria del Libro donde mostró sus últimos…
El macrismo quiere renovar la alianza política, pero, pese a la caída en la imagen…