La localidad jujeña fue el centro de los festejos por el día de la Madre Tierra, una costumbre ancestral.

En medio del aroma del sahumerio que se dispersa por todos los ambientes para liberar las malas energías, las comunidades tributaron honores a la deidad generosa que «todo lo da y todo lo produce para pedir por prosperidad en el campo, en la cosecha y animales y en todos los órdenes de la vida.
El ritual tuvo lugar a un costado de la Torre de Santa Bárbara, ubicada a la izquierda del Monumento a los Héroes de la Independencia, donde se congregaron los representantes de las comunidades Hornaditas, Valiazo, Rodero, Ocumazo, Chorcán, Pucará, Zenta, Chorrillos, Coctaca y San Roque, entre otras, pertenecientes al pueblo Omaguaca, además de vecinos y numerosos turistas.
Las copleras Argentina Paredes y las hermanas Coya animaron con su canto el espectáculo en el sitio de adoración de la Pachamama, que continuó con la presentación del grupo folclórico Omaguaca, la solista Corita y los cuerpos de danza Uquía y Virgen de Urkupiña.
Antonio Yurquina, titular del Consejo de Participación Indígena que representa a 48 comunidades del Pueblo Omaguaca, aseguró que las ofrendas a la Madre Tierra se hacen de todo corazón y con profundo sentimiento por todo lo que nos da día a día.
Con estas muestras de devoción y acompañado de oraciones, se genera un espacio para reivindicar tradiciones y poner en valor conceptos milenarios de la Pachamama como la amistad, la solidaridad, la cultura del esfuerzo y el trabajo, explicó Yurquina.
La veneración a la Madre Tierra es una herencia cultural ancestral de los pueblos originarios, profundamente respetada en Jujuy desde su diversidad e interculturalidad.
Durante todo agosto la cultura andina está enfocada hacia Pachamama, un ritual que según las creencias forma parte de un sistema de reciprocidad entre el mundo material y el mundo espiritual.
En el momento del homenaje hay una cuestión espiritual que se impone, ya que «la Pachamama es sagrada y debe ser respetada», según la creencia, debido a que de ella se extraen todo tipo de alimentos y por lo tanto el agradecimiento tiene que ser inmenso.
Con la apertura de la boca de la Pachamama – un pequeño pozo cavado en la tierra adornado con serpentinas y lanas de colores-, se sucedieron las ofrendas para depositar hojas de coca, chicha, cigarrillos, yerbeado, licores, cerveza y vino, junto a comidas regionales como guisos de trigo, quínoa, mondongo, además de carnes hervidas chalonas, papas y maíz, todo parte del menú a la hora de ofrendar.
En torno a las ofrendas, se colocan pequeños braseros encendidos con abundantes preparaciones especiales de incienso.
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