Tras el crimen, Gesell busca cerrar o reubicar las discos, eje de un negocio poco transparente

Por: Federico Trofelli

Maxi Vázquez, fundador de Le Brique, donde se inició la agresión de los rugbiers, tuvo 17 boliches en la Costa, pero dice que ya no es suyo. Testaferros y polémica por los permisos para vender alcohol.

Las ciudades tienen vida propia, pero son sus habitantes –o sus visitantes– quienes les imprimen su identidad. Y Villa Gesell, con una afluencia joven que siempre fue constante, parece estar en constante cambio: de aldea hippie y cuna del rock en los ’60 y ’70, se convirtió desde los ’90 en uno de los lugares con mayor nocturnidad de la Costa. Ahora, tras el cobarde crimen de Fernando Báez Sosa, los vecinos debaten qué tipo de ciudad quieren.

«Decidimos enviar al Concejo Deliberante un proyecto de ordenanza para dar de baja todas las habilitaciones de las discotecas que estén funcionando. Si bien ya veníamos estudiando el tema, el disparador fue el asesinato de Fernando», explica a Tiempo el intendente local Gustavo Barrera. Para el jefe comunal, los empresarios de la noche sostienen que la norma busca prohibir las discos, «pero nosotros creemos que es necesario reestructurar la situación y que el Concejo defina si conviene o no reubicarlas».

El escenario de bares y pequeños lugares donde solían tocar bandas de rock o jazz mutó en Gesell desde fines de los ’80, con la aparición de locales más grandes que concentraban mayor cantidad de jóvenes. Sabash fue una de las discos que marcó esa bisagra, y que casualmente estuvo en manos de Maximiliano Vázquez, el creador de Le Brique, donde comenzó la disputa que terminó el 18 de enero con la muerte de Fernando, echado minutos antes de la disco, tanto él como sus agresores.

Maxi Vázquez estuvo a cargo de otros boliches en Gesell, como El Chamaco, Dixit y Tango, de un total de 17 que administró en la Costa. Apenas conocido el crimen, nadie de Le Brique salió a dar la cara. Lo hizo Vázquez, quien asegura que hace cinco años se retiró del negocio de la noche, aunque para muchos es él quien continúa detrás del emprendimiento, pero sin figurar formalmente en los papeles.

Para Vázquez, el personal de Le Brique actuó bien y el problema se produjo afuera porque la policía se vio desbordada. El empresario achaca parte del descontrol al municipio, al considerar que se multiplicaron los permisos de venta de alcohol.

Así las cosas, la lupa política  se posa sobre tres emprendimientos nocturnos: Le Brique y Dixit, en el centro gesellino; y Pueblo Límite, en el ingreso a la ciudad. Tiempo consultó a comerciantes de la zona y nadie pudo precisar quiénes son los verdaderos dueños.

Pueblo Límite, por caso, «tiene una historia un poco extraña: al primer propietario se lo sacaron y hoy una persona asegura ser el dueño, pero en realidad es un empleado. El lugar pertenecería a un reconocido abogado vinculado a varios negocios de la noche», aseguró una de las fuentes.

«Villa Gesell tiene un abanico de opciones que va más allá del esparcimiento nocturno. Hay zonas como Mar de Las Pampas, Las Gaviotas o Mar Azul donde van familias y es tranquilo, pero tampoco tenemos que estigmatizar a los jóvenes que buscan el centro, porque no todos se comportan igual», insiste el intendente Barrera, y concluye: «Tiene que haber un análisis profundo de qué ciudad queremos. Pinamar, por ejemplo, erradicó una confitería muy importante, y Mar del Plata reubicó las discos». De hecho, se cree que parte del problema de la afluencia de jóvenes a Gesell se debió justamente a que los partidos vecinos vienen restringiendo la actividad nocturna. «

PREVENTIVA

La fiscal Verónica Zamboni ultima detalles del pedido de prisión preventiva contra los rugbiers acusados de matar a Fernando, que elevaría este lunes al juez de garantías N° 6 de Dolores, David Mancinelli. Mantiene la carátula de «homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas».

Marcenac: “El que mata por placer, trata de aniquilar al que es diferente”



El buffet de abogados que asesora a la familia de Fernando Báez Sosa no tiene dudas: al estudiante de 19 años lo mataron por placer. Abrazos y muestras de satisfacción entre los rugbiers, segundos después de la golpiza, quedaron registrados en una cámara de seguridad y esas imágenes ya se incorporaron a la causa. Los letrados no tienen dudas de que esa circunstancia sumará un nuevo agravante en este caso, caratulado como «homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas». La Justicia podría entonces aplicar el inciso 4° del artículo 52 del Código Penal, que establece que «se impondrá reclusión o prisión perpetua al que matare por placer».

Tiempo consultó a Adrián Marcenac (foto), el padre de Alfredo, el joven de 18 años asesinado de tres balazos por Martín Ríos, llamado «el tirador de Belgrano», en 2006, y cuyo crimen fue tratado por la Justicia como homicidio por placer, aunque al fin se declaró al criminal inimputable. «La jueza María Dolores Fontbona de Pombo decidió, muy a conciencia, que debía aplicarse ese agravante luego de analizar las conclusiones de los peritos psicólogos y psiquiatras», explica Marcenac.

La jueza tuvo en cuenta que Ríos ya le había disparado a un colectivo en movimiento y a una pareja que estaba en una confitería. «No podía soportar la felicidad, el amor en el otro. Ahí le brotaba el odio, el rencor. Trataba de aniquilar al que era diferente», describe Marcenac. Toda esta violencia hizo eclosión el 6 de julio de 2006, cuando «Alfredo iba con dos amigos, como siempre, alegre, feliz, y se topó con este hombre, que no pudo con su resentimiento ni su estado de odio y lo mató».

En el expediente también quedó asentado que Ríos, en su adolescencia, «corría a sus compañeros de escuela con un aerosol y un encendedor, al estilo lanzallamas, con el solo fin de disfrutar el momento», rememora Marcenac. «Otra similitud entre ambos casos, que también consta en la causa de mi hijo, es cuando Ríos les explica a sus psicólogos que hacía lo que quería porque los padres no le ponían límites. Acá pasó lo mismo: estos asesinos en manada tuvieron ese mismo problema. Ni la sociedad, ni su familia, ni el club supieron ponerles límites».

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