Que mejor escenario que el de ese Palacio para comparar los reyes de ayer a los monarcas de hoy, entre fastos palaciegos e inciertas negociaciones de paz y guerra.

Trump llega a Versailles después de la Cumbre del G7, realizada en la ciudad francesa de Evian. Donde a principios de los años sesenta se negociaba la independencia de Argelia. Pero ahora los grandes países industrializados de occidente hablaron de la falta de inversión en la economía, del apoyo a Ucrania, de lo bueno que son los buenos y lo malvado que son los malos. El G7 es un dispositivo de otra época, perdido en el presente, sin capacidad de futuro. Al menos Evian es una hermosa ciudad. Tanto es así que la cuestión iraní abarcó toda la actualidad, esta vez con razón.
Trump llega a Versailles. Lo espera Macron, aún presidente de Francia, por un tiempo más. Para Francia, es el tramo final de un gobierno desangelado y austericida, que hecho de ni chica ni limonada -aunque lucrativo- logra poner a la extrema derecha en perspectiva de llegar al poder en 2027. Del bracete, pasean un poco por palacio, antes de la cena, que es el momento en que Trump firma el memorando de acuerdo con Irán (MOU). No es la paz, sino las condiciones para terminar la guerra. Son catorce puntos, la misma cantidad que llevó el presidente norteamericano Woodrow Wilson a la Conferencia de Paz, que se desarrolló en el Versalles de 1919, después de la Primera Guerra Mundial. Pero esta vez no es Clemenceau quien lleva la voz cantante, sino que escucha Macron, y ve como firma Trump. Aplaude. ¿Pero qué aplaude?
Es que en los catorce puntos que festeja Trump está el cese de hostilidades en todos los frentes de guerra, y en especial en el Líbano. Incluye la no injerencia en asuntos internos de otros países; la posibilidad de extender el MOU por más tiempo; fin del bloqueo naval norteamericano; apertura del canal de Ormuz; reparaciones por los daños causados en Irán, por 300 mil millones de dólares; fin de las sanciones de cualquier índole contra Irán; compromiso de Irán en detener el desarrollo nuclear; habilitar los fondos de Irán congelados por Estados Unidos… Bueno, no parece una victoria de los Estados Unidos. Porque seguro que no es una derrota de Irán. Pero no importa, dado que Trump triunfa en Versalles, del mismo modo que en las últimas semanas declamó en todos los tonos y por todos los medios la destrucción total del gobierno iraní, de las fuerzas armadas, de la sociedad misma, hasta que los iraníes clamaban por un acuerdo con los Estados Unidos. Algo que no se observa en la realidad: después de los ataques de descabezamiento de la conducción iraní, de los bombardeos de Israel y Estados Unidos sobre sitios estratégicos y escolares, Irán todavía está allí. Y en las guerras asimétricas, existir tal vez no sea vencer del todo, pero por cierto que no es una derrota.
Trump firma en Versailles. No sólo pierde Estados Unidos. También pierde Israel. Y parece que los norteamericanos pueden perder, ya que siempre le pueden echar las culpas a Europa, un lugar que recibe demasiados inmigrantes y niega las bondades del combustible fósil, pero el actual gobierno israelí no puede permitir ni siquiera la apariencia de una derrota. Es que con la confusión entre política y religión que cunde, perder es una mala señal divina, por lo que las exacciones cometidas en Gaza, Cisjordania y el Líbano parecen necesarias, en la búsqueda de un destino que no será. Cuando la política adopta los imperativos de la religión, es mala política y perjudica a la religión. Es una debilidad estructural, ya que si Israel ataca al Líbano después de la firma del MOU, demuestra que no es posible confiar en la palabra de Estados Unidos ni en las acciones de Israel. ¿El horizonte de Occidente es la guerra perpetua? Inestable arquitectura de poder. Trump está en los archivos de Epstein, reniega de las vacunas, poco sabe de historia. Se va de Versalles. Nada. Alguien lee en el Departamento de Estado? ¿O sólo se dedican a domesticar animales dóciles en América Latina? Nos quedan las palabras atribuidas a Luis XV: “después de mí, el diluvio”. Y encima llueve. «
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