Por Santiago Fraschina. Director de la Licenciatura en Economía de la Universidad Nacional de Avellaneda e integrante de EPPA.
Ocurre que, desde sus inicios, la gestión de Federico Sturzenegger tomó la decisión de utilizar la tasa de interés como único instrumento para regular los niveles de liquidez en la plaza local. No obstante, en un contexto de abultados tarifazos de servicios públicos, devaluación, quita de retenciones y eliminación de controles en la comercialización interna, era poco esperable que la mera aspiradora monetaria del BCRA bastara para disminuir la dispersión de precios al objetivo trazado por el equipo económico.
Así, la tormenta perfecta terminó afectando en la doble dirección. Por un lado, se pagó con la reducción en la actividad económica, debido a las altas tasas de interés que restringen la inversión Pyme. Por otro, la inercia inflacionaria redundará en un incumplimiento por segundo año consecutivo de la meta fijada por el BCRA. Sin marcha atrás, la evolución de la deuda en Lebacs empieza a correr peligro de sustentabilidad.
Algunos rasgos de este riesgo son los siguientes:
1) Los plazos de vencimiento se acortaron significativamente. En el lustro 2011-2015 el plazo de vencimiento promedio ponderado de las Lebacs era de 210,4 días, mientras que en el bienio 2016-2017 la cifra bajó a tan sólo 55,3 días.
2) De esto se desprende que casi el 90% de la deuda en Lebacs vence en los próximos 3 meses. La mayor magnitud de desembolsos de corto plazo de la historia, al sumar vencimientos por 10% del PBI en el próximo cuatrimestre.
3) Estos montos, explican alrededor del 115% de la base monetaria y las reservas actuales. Esto es, si se transformaran a pesos todas las reservas del país, no alcanzarían a cubrir la deuda de corto plazo del BCRA.
Con todo, el escenario para el corto y mediano plazo es alarmante. La opción que se escucha por las calles de la City porteña, de colocar bonos compulsivos para canjear la deuda en Lebacs por deuda del Tesoro, tampoco sería una solución satisfactoria, sino tan sólo cambiar la espalda sobre la cual recae la pesada mochila.
El problema de fondo es la política económica, y la mirada dogmática de un gobierno conformado por los últimos románticos de un monetarismo rancio y obsoleto.
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