Sus compañeras dicen que antes era imposible hacerla reír, pero que ahora la ven más relajada. Vanina Correa, arquera y capitana de la Selección argentina, le echa la culpa a su timidez aunque reconoce que desde hace un tiempo algo cambió: disfruta de «los espacios, partidos, entrenamientos y estadios».

Lógico. Sabe que, a sus 38 años, el final de su carrera está cerca. Y sabe que los años que el fútbol femenino no le interesaba a nadie –ni a la AFA ni a los dirigentes ni a los medios– quedó atrás.

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La Flaca –como la apodaron– disputa su cuarta Copa América en Colombia y va en busca de su cuarto Mundial, el cuarto también para Argentina. Fue parte de la Selección que vestía la ropa que descartaba el plantel masculino, la que durmió en un micro previo a un amistoso porque la AFA se había olvidado de reservar un hotel, la que realizó el Topo Gigio en la Copa América 2018 para reclamar mejores condiciones deportivas y económicas.

Ahora disfruta. Es lógico. Correa debutó a los 16 años en Rosario Central, pasó por Boca –donde salió campeona del torneo local y logró el tercer puesto en la Copa Libertadores 2010–, Banfield, volvió a Boca y finalizó su primera etapa como futbolista en Renato Cesarini.

«Cuando me retiré, era ser madre o jugar al fútbol», contó hace un tiempo. En 2014, tras el tratamiento de fertilidad que hizo con su compañera de entonces, nacieron los mellizos Romeo y Luna.  Vanina no reniega de su alejamiento pero da cuenta de lo que cambió en estos años: a finales del 2020, la FIFA aprobó varias medidas históricas sobre la maternidad en el fútbol femenino.

En 2017, el exentrenador de la Selección, Carlos Borrello, la llamó y le comentó que quería que volviera a vestir la celeste y blanca. La Flaca se negó, hacía seis años había decidido colgar los guantes. Pero Borrello la conocía y a los pocos días la apuró: «Tengo que entregar la lista. ¿Te cito o no?». Correa aceptó.

«En el arco siempre tenés que estar bien. Lo se desde que decidí que iba a ser mi puesto, a mis 14 años. Empecé a jugar a los 6 o 7 con los varones, en Villa Diego Oeste, un club de Gálvez. Ahí era defensora. Hasta que llegó la hora de pasar a cancha de 11 y me dijeron que no podía porque era mujer. Así que me pasé a fútbol 7, fui al arco y no dejé más. Y volví, me costó pero me puse a punto después de 6 años lejos de las canchas y de ser madre», contó Correa previo al Mundial Francia 2019.

En su segunda etapa como futbolista, Correa jugó en Rosario Central, Social Lux, San Lorenzo y el Espanyol de Barcelona. Desde que volvió de España, ya no trabaja tiempo completo en la Municipalidad de Villa Gobernador Gálvez, en las afueras de Rosario, sino que se dedica también a entrenar y, desde el 2021, se desempeña como vicepresidenta de la Confederación Argentina de Deportes.

Ahora sonríe. Atrás quedó la Copa América 2006 donde Argentina y Vanina salieron campeonas tras vencer a Brasil en un estadio -el Mundialista de Mar del Plata- totamente vacío. Algo cambió.

«Se la queda Correa. Salvó Correa, otra vez. Fenomenal, Correa es notable», repitió la trasmisión del Argentina -Inglaterra por la segunda fecha del Mundial de Francia 2019. Aquel día, a pesar de la derrota 1-0, Vanina fue elegida por la FIFA como MVP del partido. «No sé cómo hice. Quizás fue un poquito de suerte, quizás un poquito de esfuerzo, pero llegué», dijo tras recibir el premio. El técnico inglés, en conferencia, se tomó un tiempo para destacarla: «Lo suyo fue de una arquera de clase mundial».

Previo a la Copa América de Colombia 2022 existía la duda de quién ocuparía el puesto más criticado. En las convocadas se destaca la experiencia de Correa, el presente de Laurina Oliveros en Boca y la juventud de Solana Pereyra. Pero el técnico Germán Portanova cuenta que lo supo desde que la vio: «Tiene una esencia y una ubicación en el arco increíbles».

Palabras similares usó Martín Tocalli, coordinador de arqueras de Argentina en el Mundial de Francia 19. La describió como una arquera sobria, con buena ubicación, que parece que no dice mucho pero siempre está lista para tapar pelotas de media altura, su punto más alto.

Y como es en la cancha, Correa es también en la vida. Sus compañeras dicen que gran parte del tiempo permanece seria, callada, que habla sólo cuando hace falta.

A fines de mayo de este año, cuando la FIFA cerró la investigación sobre la denuncia por abuso y acoso sexual contra el entrenador Diego Guacci que un grupo de futbolistas argentinas presentó en el Comité de Ética, Correa se despegó del suelo. Manifestó, a través de un comunicado, su «repudio e indignación» ante la decisión de la FIFA. «Situaciones como éstas nos obligan a reflexionar sobre la necesidad de seguir trabajando por un deporte con perspectiva de género y el cumplimiento de las normas», escribió la capitana.

Tras las dos goleadas seguidas que la selección consiguió ante Uruguay (5-0) y Perú (4-0) -que dejaron atrás el 0-4 inicial contra Brasil-, Vanina y sus compañeras ahora irán en búsqueda del segundo puesto del Grupo B de la Copa América. El partido clave será este jueves ante Venezuela, cuando a la Selección tal vez hasta le alcance con un empate para pasar a semifinales.

Bajo los tres palos estará Correa para volar con la misma fuerza de la doble r de su apellido. Porque como diría Roberto Fontanarrosa –también canalla y rosarino como la capitana– la cosa también está en los nombres.