Con el avance acelerado del coronavirus, el mundo se detuvo y el deporte también entró en pausa. Lo que queda es refugiarse en el pasado. ¿Ver partidos viejos de los que ya sabemos el resultado? Sí, ver partidos viejos de los que ya sabemos el resultado. Para abrir el abanico de los que suele repetir la televisión, en Tiempo convocamos a personalidades del deporte, la política y la cultura para que elijan qué partido volver a ver en medio de esta pandemia.

En esta ocasión, le toca a Ezequiel Fernández Moores, una referencia del periodismo deportivo en la Argentina.

ITALIA 1 (3)- ARGENTINA 1 (4): semifinal, Mundial Italia 90


El partido que más recuerdo, el que más me quedó en la cabeza, fue el Argentina-Italia, semifinal del Mundial 90. Porque nunca viví un estadio así. El partido fue malo, es verdad. De una tensión insoportable en la previa. Era Maradona enfrentando a toda Italia pero en su casa, el San Paolo. Una Napoli que, cuando caminabas por las calles horas antes del partido, dividía su amor por Diego y por Italia. Y debatía, polemizaba acerca de esa contradicción. A lo napolitano. Hablaban de Andrea del Boca, porque veían sus telenovelas, del Diego diciéndole a Italia: “¿Ahora dicen que Napoli también es Italia? 364 días del año somos África, y un día necesitan que sea Italia”. Tocaba una fibra muy íntima.

Con toda esa previa, Maradona estaba a mil. Había pasado una extraña y sospechosa quema de bandera argentina en la concentración de Trigoria, en Roma. Era un Diego que ya con el Napoli había ganado Scudettos y le había quitado la hegemonía a los clubes del norte rico. Recuerdo que había salido una encuesta en el diario La Repubblica que decía que Maradona era más odiado que Sadam Husein. Es decir, era un personaje tremendo. Y logró absorber la presión y liberó a un equipo que no era bueno y que llegaba a esa semifinal de modo dramático, con Goycochea atajando penales contra Yugoslavia. Y que los vuelve a atajar ante Italia en el San Paolo.

Y nunca, nunca en la vida, me tocó un final así de partido, donde el local, el anfitrión que había organizado y soñaba con ganar el Mundial, queda eliminado pero no hay furia ni ira ni fastidio. No: había tristeza. Pocas veces me tocó ver un estadio tan triste. Y era un estadio que no podía enojarse con su verdugo, porque su verdugo era su ídolo. Esa mezcla convirtió al San Paolo en el estadio más colmado y mudo que me ha tocado estar en la vida. A tal punto, que siempre recuerdo esto: abandono mi puesto de periodista para ir rápido a la sala de prensa, porque eran tiempos en los que transmitíamos con las teletipos y quería ganar rápido una teletipo, y mi gesto físico fue ir en puntas de pie. Recorrer rápido esos escalones de la tribuna, pero en puntas de pie. Sentía que no podía importunar el dolor silencioso de esa gente, que suele procesarse en privado. Eran 70 mil personas expresando ese dolor en lo más íntimo, consigo misma, cada una refugiada en su intimidad, y la vez era colectivo y lo hacían a la vista de todos.

Nunca vi algo así en un estadio de fútbol. Y el fútbol es la gente. Y me rindo a los artistas. Admiro y agradezco a los artistas de la pelota como Maradona. Pero sin la gente no es fútbol. Y pocas veces vi a la gente participar tanto, y de un modo tan curioso, en un espectáculo futbolero como en el Argentina-Italia del Mundial 90.

Síntesis:

Italia: Zenga; Giannini, Baresi, Ferri, Maldini; De Agostini, Donadoni, Bérgomi, De Nápoli; Vialli, Schillaci. DT: Césare Maldini.

Argentina: Goycochea; Ruggeri, Serrizuela, Simón; Olarticoechea, Giusti, Basualdo, Calderón; Maradona, Burruchaga; Caniggia. DT: Carlos Bilardo.

Ingresaron: Baggio, Serena (Italia); Troglio, Batista (Argentina).

Goles: PT 18m Schillaci (Italia); ST 23m Caniggia (Argentina).

Árbitro: Michel Vautrot (Francia).

Estadio: San Paolo, Napoli, Italia.