A Evelina Cabrera le costó creerlo. Tenía miedo de decepcionarse otra vez. Ni siquiera lo compartió con sus amigos. “Ni a mi psicóloga se lo dije”, cuenta sobre la propuesta. La propuesta: convertirse en ayudante de campo del equipo Sub-20 masculino de Pachuca, el primer equipo de México que incorpora una mujer entre los hombres. Se lo ofrecieron después de trabajar dos meses como mentora del área de Desarrollo Humano. Es  otro desafío, un nuevo rol para la cofundadora de la Asociación Femenina del Fútbol Argentino (AFFAR). Su carrera en el deporte también la llevó a disertar en la ONU, el W20 y hace unos días fue recibida en Washington por Luis Almagro, actual Secretario General de la OEA. Esta semana, el organismo internacional la nombró “Embajadora de buena voluntad por la equidad de género en el deporte”. Nada evitó su sorpresa cuando Marco Garcés, director deportivo de Pachuca, le explicó por qué la eligió para el cargo. “Me dijo que me buscó por mi trayectoria ¡Por fin alguien mirá mi trabajo! En Argentina, muchos están para la foto y después no hacen nada”, afirma.

-¿Qué representa esta oportunidad?

-Todo lo que hice en dos meses acá podría haberlo hecho en mi país, pero nadie me abrió las puertas. Me da mucho dolor e impotencia. Mi vida es Argentina y no me iba a ir. Pero sentí que lo tenía que hacer porque ya no podía crecer. Todos me hablaban de la meritocracia y yo la odio. Tuve que alejarme de los logros para empezar de cero. Y en este cero, encontré la oportunidad que allá no me daban. Es una alegría y una tristeza.

-¿Por qué no hay más lugares como el tuyo?

-En nuestro país, Silvana Villalobos y Coti Guerra dirigen fútbol masculino y están invisibilizadas porque las subestiman. Al estar en Primera y en Pachuca, hizo que tenga una repercusión más fuerte e imponente. Muchas mujeres quisieron o quieren estar en un lugar así, y no tuvieron la oportunidad. Es muy cruel el hecho de ocupar estos espacios. Todo el avance tiene que ver con los movimientos feministas que muestra que estamos preparadas, somos idóneas y estuvimos invisibilizadas. Lo que lograron las redes y los medios fue mostrar lo que siempre estuvo: hay muchas mujeres a las que les faltaron oportunidades.

-¿Cuántos “No” recibiste en tu carrera?

-Miles. Cuando era más joven, me ponía muy mal. Puteaba, estallaba. Me dolían las traiciones y las deslealtades. Pero llegué a un momento en el que dije aceptás o encontrás soluciones dentro del caso. Empecé a relajarme y saber que no era solo conmigo. Intenté amigarme con el no, en vez de enojarme. Aunque a veces me pregunto por qué me hicieron remar tanto, por qué no paramos dos segundos y damos oportunidades, por qué no decimos sí en lugar de no.

-¿Qué simboliza en términos de igualdad de oportunidades y ampliación de derechos?

-Para nosotras, el 2020 fue para abajo. La pandemia nos sacó de la prioridad a un montón de mujeres y esto es una esperanza dentro del caos. La pandemia frenó a muchas mujeres y les quitó oportunidades. También noto que algunas mujeres reforzaron el acompañamiento y tomaron mi ejemplo como una motivación. Me llena de amor que vean en mí una oportunidad, y también de presión. Es el precio de abrir la puerta.

En sus redes sociales, Cabrera también recibe cariño e historias que la emocionan. Para el último 8 de marzo, por caso, su Instagram se llenó de mensajes: distintos chicos y chicas le mandaron fotos de la tarea para la escuela donde ella era la protagonista. “Me pusieron al lado de Juana Azurduy. Es muy loco y trato de no procesarlo porque me emociona”, dice la autora de Altanegra, autobiografía publicada en febrero de 2020. Si hubiera una reedición, la entrenadora, manager y coach deportiva agregaría una historia que vivió en enero en Villa Azul. “¿Por qué a nosotros no? ¿No nos quiere?”, le dijo un pibe de 15 años en una actividad en el barrio del sur del conurbano bonaerense. Unos días después, la pregunta se convirtió en un proyecto. Mientras sus amigas disfrutaban de la playa en Las Toninas, Evelina se encerró en un cuarto y escribió una propuesta para trabajar en las inferiores masculinas. Ningún club nacional la tomó. “El proyecto lo armé por ese pibe. Él me trajo a México. Fue un momento clave para mí”, cuenta.

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-¿Qué desafío asumiste en Pachuca?

-Mi objetivo ya no es personal, sino global. Lo hago porque estoy abriendo la puerta a otras. Ese es mi beneficio espiritual. Me pone muy feliz ver que formo parte de un cambio, aunque el cambio es cruel. Muchas cosas fueron un gran esfuerzo y generaron muchas peleas pero valió la pena.

-¿Qué genera el ambiente machista del fútbol?

-Tenía creencias negativas que había incorporado durante años de ser ignorada y maltratada. Me tuve que cortar el pelo al ras y usar ropa holgada. Tengo que pensar todo: si sonrío mucho o poco. Siempre nuestro humor está relacionado a nuestra vida sexual; en el hombre, no. Si se ríe mucho es simpático y carismático. Si es serio, es líder. Cargo con toda esa historia.

-¿Cómo te llevás con la exposición?

-Al principio, me sentía una superestrella y después empieza a ser como tu enemigo. Con la exposición, perdés libertad. Cuando no estás expuesta a nada, nadie te juzga ni te dice nada y podés moverte como quieras. Cuando la gente te está mirando, todo lo que hagas puede ser muy bueno o muy malo. Y quizás te hace perder espontaneidad. El objetivo de mi vida era que me miraran mis amigos y mi familia, y ya lo cumplí. Acá estoy cumpliendo algo que es más global. «