A medida que la cuenta regresiva se acerca al 23 de julio, el día de la apertura de los Juegos Olímpicos de Tokio, en el imaginario colectivo empieza a crecer la expectativa por encontrarse en la madrugada frente al televisor, en la búsqueda de descifrar las reglas de un deporte desconocido, alentando a algún atleta argentino con posibilidad de conseguir una medalla. Porque eso significan los Juegos para buena parte de los seguidores. Aunque esa imagen se acerca más a una fantasía. Porque la Argentina, sobre todo en el último siglo, se consolidó como un país con una destacada cultura deportiva en las disciplinas por equipo.

El jueves pasado, con la clasificación de Germán Chiaraviglio y de Belén Casetta, se terminó de confirmar la numerosa delegación de 178 deportistas nacionales que viajarán a Tokio. Serán menos que en Río 2016, donde fueron 213, récord histórico, pero más que en Londres 2012, donde hubo 137. Sin embargo, 116 de esos 178 que estarán en Japón serán deportistas que viajen como integrantes de los ocho planteles de deportes en equipo clasificados: basquet masculino (12), fútbol masculino (22), handball masculino (14), rugby seven (12), voley femenino y masculino (24) y hockey femenino y masculino (32).

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Si bien no se trata de una cuestión histórica para el olimpismo argentino –apenas 14 de las 74 medallas que consiguió Argentina en su historia llegaron por deportes en equipo–, sí se trata de una marca registrada nacional. Sin contar al organizador Japón, que participará de las 18 competencias de deportes en equipo (handball, basquet, basquet 3×3, beisbol, softbol, fútbol, hockey, rugby seven, voley y waterpolo), Argentina es el cuarto país que más participaciones tendrá en este tipo de disciplinas en conjunto, detrás de Estados Unidos (10), Australia (9) y España (8).


“El sistema deportivo de la Argentina se edificó sobre cimientos muy firmes que son los clubes, donde se llevan adelante disciplinas por equipo. Aunque también hay una tradición muy fuerte en el tenis, la mayoría de los chicos y chicas que se acercan a los clubes es para practicar estos deportes. Eso tiene que ver con la historia”, explica Alejandro Rodríguez, ex subsecretario de Deportes de la Nación y vicepresidente del Grupo Acoyte, un espacio de debate de políticas públicas deportivas. Rodríguez destaca que la categoría nacional en los deportes por equipo no se mide solo en los deportistas: también en los entrenadores. “Creo que hay un mérito importante en los entrenadores argentinos, que tienen una rigurosidad, una pasión y una apertura a la capacitación enorme. Hay entrenadores argentinos de élite en todos los países del mundo. Ejemplos hay miles. Y es algo creciente. En el fútbol alcanza con ver la Copa América. Pero también están los Lamas, los Velasco, los Magnano y otros enormes talentos”.

El entrenador de basquet Julio Lamas, que en Tokio será el DT del local Japón, asegura que “tiene que ver con la cultura del deporte que tenemos en Argentina”. “Somos –dice Lamas, técnico de Argentina en Londres 2012– destacados en todos los deportes con pelota. Y esto tiene su base en los clubes, en el barrio, en el pueblo. En todo el país la pelota saca a los chicos de la calle y los mete en el deporte. Se practica fácil. Y hay una escuela, un espejo que se va desarrollando”.

Más allá de la esperanza siempre presente en yachting, con los abanderados Santiago Lange y Cecilia Carranza, más las presencias de Paula Pareto en judo y de Delfina Pignatiello en natación, las ilusiones de medallas argentinas están depositadas en sus selecciones. El hockey masculino debe defender el oro que consiguió en Río 2016. Y Las Leonas buscarán recuperar la senda que habían recorrido en los cuatro Juegos anteriores, en los que obtuvieron medalla (de plata en Sydney 2000 y Londres 2012; de bronce en Atenas 2004 y Pekín 2008). El basquet masculino, con el impulso del subcampeonato logrado en el Mundial de China 2019 y las recientes apariciones en la NBA de Facundo Campazzo y Gabriel Deck, buscará recuperar su lugar en el podio de 2004 (oro) y 2008 (bronce).

El voley, que tiene las dos selecciones clasificadas, llega con el buen recuerdo de la histórica actuación en los Panamericanos de Lima, aunque conseguir medalla en Tokio sería un batacazo. El masculino ya logró un bronce en Seúl 88. El fútbol, con un plantel alternativo después de que al entrenador Fernando Batista le negaran algunos jugadores, jugará con el peso de la historia: consiguió cuatro medallas (plata en París 1928 y Atlanta 1996, y oro en Atenas 2004 y Pekín 2008). Para el handball y el rugby la expectativa es la de competir con la ilusión de que el cuadro se abra a medida que avancen los Juegos.


El Día del Deporte Argentino se celebra cada 28 de agosto. Porque aquel sábado 28, en Atenas 2004, Argentina volvía a ganar una medalla de oro después de 52 años. No fue una, en verdad. Fueron dos. A las 6 de la mañana, la selección de fútbol dirigida por Marcelo Bielsa y encabezada por Carlos Tevez llegó a lo más alto del podio tras vencer a Paraguay por 1 a 0. Y a las 6 de la tarde, la selección de basquet empezaba a grabar su apodo de Generación Dorada tras vencer a Italia en la final. Fue una jornada olímpica inolvidable, gracias a los deportes colectivos.

En cada Juego, cada cuatro años, hay dos frases hechas que entran en contradicción. La que afirma que “se juega como se vive”. Y la que dice que “a los argentinos nos cuesta trabajar en equipo”. “No hay que generalizar todo en una sola frase. Es difícil. En mi carrera me he cruzado con todo”, dice Lamas. Y agrega: “En el deporte tenés Los Leones, Las Leonas, el básquet, el rugby. Un montón de ejemplos. Pero cuando se agranda la cancha ya se nos cae el juego en equipo. Afuera es más difícil. Como sociedad, nos cuesta respetar las reglas y las queremos convertir todo el tiempo. El deporte está por encima de lo que hacemos como sociedad”.