¿Qué fue Honduras? Fue otro partido, no mucho más, eso es lo necesario para una selección que busca que el tiempo transcurra sin sobresaltos, sin ninguna turbulencia, incluso sin cambios si fuera posible. A eso que en algún tiempo fue el deseo de que el Mundial empezara mañana, la Argentina le agregó su propia velocidad. Desembarcar en Qatar como en un copy & paste de lo que es hasta acá. Es cierto que puede haber pruebas, que quizá otros equipos midan su juego, ver dónde están parados en el escenario, pero la selección que comanda Lionel Scaloni sabe que lo primero que hay que controlar es un orden interno. Para eso estuvo Honduras, para eso estará Jamaica.

Lo que pasa en la cancha es una ratificación de lo que sucede afuera, en el tiempo libre, en los mates y las conversaciones. ¿Cuánto del juego puede entregar alguna conclusión? Hay algo de este equipo que se conformó por fuera de los sistemas tácticos y que Scaloni sabe que debe mantener. Pero esa cofradía, a la vez, no funciona si no hay un entendimiento futbolístico. Todo es una armonía, de eso también se tratan estos partidos.

Puede resultar curioso, pero las cosas le salen al equipo como tienen que salir. El que comanda es Messi, que es quien tiene que comandar. El que hace los goles es Lautaro Martínez, que es el que tiene que hacer los goles. El que ordena es Scaloni, que es el que tiene que ordenar. Y cada tanto aparece algo por afuera, una novedad que tampoco es tanta, quizá Enzo Fernández como otras veces ocurrió con Alexis MacAllister. La selección es un artefacto al que hay que procurar no sacudir demasiado, apenas retocarlo, moverlo muy despacio, ajustarle piezas según corresponda.

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Después del gol de Lautaro, el que abrió el 3-0 final, el asunto de las estadísticas le perteneció a Alejandro “Papu” Gómez, el autor del pase previo. Su pase era la asistencia. Pero otros televidentes, menos aferrados a la formalidad, observaban que el verdadero asistidor había sido Messi. Su pase al Papu -o sea, un pase previo- había abierto la puerta al gol. Son los datos leídos con otra perspectiva. Messi, autor de dos de los tres goles contra Honduras, es más importante que eso. Es la construcción de ataque, no siempre la finalización. Pero qué bien que lo sea. 

Los datos de Opta mostraron en estos días que Kilyan Mbappé prefirió hasta acá pegarle al arco que pasarle la pelota a sus compañeros del París Saint Germain. Dentro del triángulo que conforma con Lionel Messi y Neymar, la circulación del juego fue desigual. En esta temporada, Mbappé no concretó ninguna asistencia. Pero tuvo, en cambio, los servicios del argentino, cinco veces, y los del brasileño, en tres ocasiones. Aunque la primera conclusión fue una mirada sobre el jugador francés, la idea de que no se la daba a nadie, lo que mejor muestra esa estadística es el rol de Messi.

En los últimos once partidos, Messi entregó ocho pases de gol en el PSG, un promedio altísimo si se observan las temporadas anteriores. El juego que propone Christophe Galtier lo ubica en ese lugar, pero también el juego de sus compañeros de ataque, dos futbolistas obsesionados en la definición. Neymar y Mbappé fueron protagonistas este año de reproches y disputas, un penal o un pase que no fue. Messi miró casi de costado esos episodios.

A los 35 años, sin la explosión veinteañera, hace tiempo que Messi muta en la cancha. Aunque con la Argentina tampoco abandona su centro en el gol. Contra Estonia, en el último amistoso, tuvo su propio festival con cinco goles. Y tuvo sus dos goles el viernes por la noche en el Hard Rock Stadium de Miami. Tuvo, a su vez, dos asistencias contra Italia en Wembley, una de ellas preciosa a Lautaro.

La reconversión de Messi lo requiere el físico pero sobre todo lo requiere el juego. Lo requiere la Argentina. En todo lo que pasa con el equipo parece más vital verle sus gestos, esa felicidad que exuda como ninguno cuando está con sus compañeros de selección. Cuando sale a la cancha. Es en esos momentos donde no importa si lo suyo es el gol o es la asistencia sino que importa cuántas ganas hay de pertenecer a la orquesta, de tocar la música del equipo. De eso se trató Honduras, de eso se va a tratar Jamaica. De tocar la misma música sin que el equipo desafine.