El directorio del Fondo Monetario Internacional aprobará el viernes el pedido argentino de un nuevo acuerdo de facilidades extendidas, que permitirá refinanciar el stand-by de 2018 otorgado al macrismo. Para evitar un default, el organismo accedió a postergar hasta fin de mes los apremiantes vencimientos previstos para mañana y pasado, que totalizaban U$S 2782 millones.

La prórroga fue pedida por el gobierno argentino y confirmada ayer por el vocero del organismo, Gerry Rice. “La decisión del gobierno, que no requiere la aprobación del Directorio Ejecutivo del FMI, es consistente con las reglas del FMI y con que Argentina se mantenga al día en sus pagos al Fondo y, por lo tanto, no incurra en atrasos”, señaló el funcionario. Para ello se desempolvó una vieja disposición del directorio, adoptada en los años ’70, que permite a los miembros agrupar en una sola ocasión, dentro del mes calendario, los múltiples pagos de capital que vencen en ese período.

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Rice también valoró el visto bueno del Congreso a la operación. “El FMI otorga gran valor al amplio apoyo de la sociedad para el éxito del programa y la aprobación legislativa es una señal importante”, sostuvo el comunicado oficial.

Entretelones

La aprobación se da por descontada, aunque nadie descarta que en la reunión haya algunos chispazos. Es que sin llegar al nivel que se vio en el Congreso argentino, con la estruendosa diferencia interna de opiniones en los bloques legislativos del oficialismo, en el seno del Fondo también quedó flotando una sensación de disconformidad con los términos en que se refinanciará la deuda de más de U$S 44 mil millones.

La consideración oficial es que este nuevo programa resulta “pragmático, realista y creíble”, según lo calificó Ilan Goldfajn, el nuevo director del Departamento para el Hemisferio Occidental. Pero puertas adentro varios países centrales, como Japón y algunos del bloque europeo, no está conformes con la falta de reformas estructurales y la vista gorda ante los elevados niveles de inflación admitidos para los próximos años, entre otros aspectos. Sin embargo, terminó primando la misma sensación que en Buenos Aires: los acontecimientos llegaron a tal punto, que la única alternativa a este mal acuerdo es un buen default.

Por esa razón, se descuenta que el nuevo programa de facilidades extendidas será aprobado por el board. Inmediatamente después habrá un giro de U$S 9669 millones como primer desembolso del préstamo. De esa suma, quedarán en las reservas del Banco Central U$S 6887 millones. El resto servirá para cancelar los vencimientos del mes correspondientes a la cuarta amortización del stand-by de 2018, cuyo cronograma original se mantiene sin cambios.

En el Palacio de Hacienda esperan esos fondos como agua en el desierto. Las reservas líquidas del Banco Central están virtualmente en cero y esa falta de divisas complica la llegada de insumos importados para la producción. Las dificultades se trasladan a otros países de sostenido intercambio comercial con Argentina, como es el caso de Brasil, de donde se traen los autos cero kilómetro que por estos días están escaseando en las concesionarias. La escasez de dólares también se siente a la hora de pagar los cargamentos de gas del exterior para asegurar la disponibilidad de energía en el invierno. “La aprobación del directorio del FMI traerá más estabilidad para Argentina, América Latina y el mundo. Esperamos el apoyo multilateral”, dijo el ministro de Economía, Martín Guzmán, apenas el Senado dio la autorización para tomar el nuevo préstamo.

¿Y después?

La manera en que se diseñó el programa contempla que habrá giros de dinero cada tres meses y que serán por un monto suficiente para cubrir las cancelaciones previstas en el cronograma del crédito original (que todavía está vigente) que caigan en ese período. Previo a cada uno de ellos habrá una auditoría del staff técnico del FMI. La primera sería en la segunda quincena de junio, para aprobar el giro de otra cuota de U$S 4144 millones.

Para ese momento, es posible que la situación sea diferente a la plasmada en el acuerdo. La disparada de los precios de las commodities a causa de la guerra entre Rusia y Ucrania augura una mayor inflación local, poniendo en peligro la pauta prevista de entre el 38% y 48% anual. También puede llevar a valores exorbitantes el precio de la energía, lo que pondría en duda la meta oficial de reducir los subsidios en un 0,6% de PBI. Tanto en el Fondo como en el Palacio de Hacienda lo saben. Pero esa circunstancia se tocará dentro de tres meses. Para la situación actual, ese lapso es una eternidad. «

Se acelera el ritmo de ajuste en el dólar oficial

El acuerdo con el FMI todavía no está en vigor pero el gobierno ya está aplicando algunas de las políticas allí anunciadas. Por ejemplo, la aceleración en la actualización del tipo de cambio. Esta semana la cotización del dólar oficial subió 0,8%, el valor más pronunciado desde febrero de 2021. La divisa en el mercado mayorista, controlado por el Banco Central, terminó en 109,70 pesos.

En su carta de intención, el gobierno había prometido ajustar el tipo de cambio al mismo ritmo de la inflación, para evitar retrasos. El problema es que el aumento de los precios (4,7% en febrero, según informó el Indec) obligará a elevar todavía más ese ritmo de devaluación.

En cuanto a las cotizaciones alternativas, en los últimos días continuó la reducción de la brecha con la oficial, lo que confirmaría la hipótesis de que el arreglo con el FMI mejorará las expectativas sobre una mayor tranquilidad cambiaria y disponibilidad de divisas en los próximos meses. Tanto las variantes CCL y MEP cerraron la semana en el orden de los $ 195 por dólar, con una diferencia de 78% con relación a la cotización oficial. El blue, en tanto, finalizó en 202 pesos.