En los últimos tres años, la economía argentina dejó de producir el equivalente a tres meses de la actividad que mantenía en 2018. En algunos sectores, incluso, ese achicamiento llegó a ser del doble. Así lo afirma un estudio realizado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf).

El trabajo, elaborado en base a los informes oficiales del Indec, compara los registros de actividad de los últimos tres años con el último período que podría considerarse de actividad plena, transcurrido entre abril de 2017 y marzo de 2018. A partir de ese momento, se produjo un quiebre y la tendencia decreciente se fue acentuando.

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Según el Iaraf, si se tomara el nivel de actividad de ese año como equivalente a 100 puntos, entre abril de 2018 y marzo de 2019 bajó a 95 (un 5% de caída); entre abril de 2019 y marzo de 2020 se redujo a 93 puntos; y entre abril de 2020 y marzo de 2021, a 86, lo que indica un 14% de reducción con relación al nivel de partida del estudio. Si se suman las pérdidas de los tres años, equivale al 26% o 3,1 meses de actividad del año base.

“Esta es la situación con la que los principales sectores generadores de actividad argentina arrancaron 2021, año en que la pandemia vuelve a generar incertidumbre tanto en materia de salud como de actividad económica”, señala el economista Nadín Argañaraz, autor del trabajo.

Los motivos de tamaña contracción están vinculados a los vaivenes macroeconómicos que se produjeron en los últimos tiempos. En abril de 2018 se produjo la primera de las sucesivas oleadas devaluatorias del peso, que llevaron a que en junio de ese año el expresidente Mauricio Macri acudiera al Fondo Monetario Internacional en busca de ayuda. El panorama se agravó al año siguiente, con nuevas devaluaciones sumadas a un fuerte apretón fiscal y monetario en aras de cumplir las promesas realizadas al Fondo. La debacle fue determinante en el resultado de las elecciones de 2019, pero apenas asumido el gobierno de Alberto Fernández comenzó la pandemia de coronavirus que produjo un apagón productivo originado en razones sanitarias, aunque con un fuerte e ineludible impacto económico.

Esas razones hicieron que el achicamiento se sintiera mucho más en algunos sectores que en otros. Por ejemplo, según el informe del Iaraf, las pérdidas ocurridas en el rubro Hoteles y restaurantes equivalen a 7,6 meses del período base, debido a la paralización casi total de la actividad turística y gastronómica a causa de la pandemia; en Comercio se perdieron 4,6 meses y en la Industria manufacturera el equivalente a 4,4 meses de la producción que había en el año tomado como referencia. En el otro extremo, en estos tres años las pérdidas acumuladas de la actividad agropecuaria (que ganó competitividad gracias a la maxidevaluación y a la suba de los precios internacionales) equivalen a 1,9 meses de su producción en el período 2017-18.

Después de semejante derrumbe, se espera para lo que queda del año un efecto rebote. Según la pauta presupuestaria elaborada por el gobierno, en 2021 el PBI crecerá 5,5%, cifra que podría ser aún mayor según estimaciones privadas. Sin embargo, las restricciones a la circulación de las personas implementadas en las últimas semanas con motivo de la segunda ola de coronavirus llevaron a algunos analistas a alertar que esas previsiones difícilmente se cumplan. Sobre todo si, como señalan infectólogos y especialistas en materia de salud, el recrudecimiento de la crisis sanitaria obliga a nuevos períodos de confinamiento estricto.