El ministro de Economía, Martín Guzmán, se reunirá este martes por la tarde con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva. Será en el marco de las reuniones anuales del FMI y el Banco Mundial, que se están realizando en Washington, y de los encuentros que en paralelo la delegación argentina está sosteniendo con los técnicos del FMI para concretar un nuevo programa de ayuda financiera.

Podría decirse que, formalidades al margen, Guzmán y Georgieva (a esta altura ya viejos conocidos después de sus varios encuentros en los últimos dos años) podrán hacerse un mutuo reconocimiento a la resiliencia de ambos. Los dos funcionarios vieron amenazados sus puestos y sus ideas en los últimos tiempos.

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La que estuvo más cerca de perder su cargo es la búlgara, que recién el lunes fue ratificada al frente de la entidad. Sobre ella pesaba una denuncia por presunta manipulación de datos en favor de China, en sus épocas de directora del Banco Mundial. Detrás de la maniobra que, se decía, había favorecido al régimen de Beijing, se encontraba la resistencia de un grupo de países al aggiornamiento de las recetas del FMI, con un inesperado consentimiento de los desvíos fiscales y monetarios de los gobiernos como fórmula para superar las consecuencias económicas de la pandemia de coronavirus.

Sin embargo, el directorio del Fondo concluyó que no se había demostrado “de manera concluyente” la participación de Georgieva en esa maniobra. “Habiendo examinado todas las pruebas presentadas, la Junta Ejecutiva reafirma su plena confianza en el liderazgo y la capacidad de la Directora Gerente para continuar desempeñando eficazmente sus funciones”, expresó en un comunicado oficial.

Para el gobierno argentino, la continuidad de Georgieva fue una muy buena noticia. Se estimaba que un eventual “golpe de estado” dejara en la conducción del organismo a sectores duros vinculados con el auxilio financiero a la gestión de Mauricio Macri, que originó la deuda de U$S 44 mil millones que hoy se intenta reprogramar. Un cambio de autoridades hubiese puesto en riesgo la renegociación, teniendo en cuenta el propósito declarado, pero que por ahora no se llevó a la práctica, de impulsar una investigación penal sobre la responsabilidad que en ese stand by tuvieron los funcionarios, tanto los macristas como los de Washington.

La foto del encuentro también será una señal de persistencia de Guzmán en el camino de celebrar un acuerdo con el Fondo. El ministro sorteó la embestida de un ala del gobierno a la que el bosquejo de la negociación para refinanciar la deuda (acuerdo a diez años, empezar a pagar el capital recién a fines de 2025 y sustancial rebaja de intereses) le sabe a poco. En función de la compleja situación interna y de las dificultades para hacerse de divisas, el kirchnerismo pretende un acuerdo a 20 años que no está contemplado en ninguno de los manuales con los que se maneja la entidad. “Si la pandemia cambió el mundo, el Fondo también debería cambiar la lógica. Tiene que haber un criterio racional”, reclamó el influyente diputado Máximo Kirchner, por ahora sin éxito. 

En paralelo a la rosca política, las reuniones por aspectos técnicos de un nuevo acuerdo continúan. El lunes hubo una reunión en la que participaron Guzmán, Miguel Pesce (presidente del Banco Central) y Sergio Chodos, representante argentino ante el FMI, con los negociadores de la entidad Julie Kozack y Luis Cubeddu. “Durante el encuentro, que se realizó en la embajada argentina, los funcionarios abordaron aspectos técnicos de las negociaciones sobre un nuevo programa que reemplace al fallido stand by firmado por la administración de Juntos por el Cambio en 2018”, dijo el comunicado difundido por Economía.