Las consecuencias de la guerra en Ucrania, que ya se están haciendo sentir de manera global, van a seguir marcando por un buen tiempo más la economía internacional, con un correlato de inflación y menor crecimiento. Así lo estimó el Banco Mundial en un informe que divulgó este martes.

En sus Perspectivas Económicas Mundiales, la entidad hizo hincapié en que la guerra dejará huellas sobre un marco general ya debilitado a causa del azote que significó el coronavirus. “Como agravante de los daños provocados por la pandemia de COVID-19, la invasión rusa a Ucrania ha exacerbado la desaceleración de la economía mundial, que está entrando en lo que podría convertirse en un período prolongado de escaso crecimiento y elevada inflación”, señaló el documento.

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Se prevé que el crecimiento mundial descienda del 5,7 % en 2021 al 2,9 % en 2022, un porcentaje considerablemente menor que el 4,1 % que se anticipó en enero. Se prevé que oscile en torno a ese ritmo durante el período 2023-24, a medida que la guerra en Ucrania afecte la actividad, la inversión y el comercio en el corto plazo; la demanda reprimida se disipe, y vayan eliminándose las políticas monetarias y fiscales acomodaticias”, agregó.

La Argentina sintió de manera especial los efectos del conflicto, que arrancó el 24 de febrero con la invasión por parte de Rusia. En primer lugar, porque los precios del trigo (del cual Ucrania es uno de los grandes proveedores a nivel mundial) se dispararon y eso redundó en el alza de los alimentos a nivel local. La discusión sobre si convenía o no subir las retenciones para aislar el mercado interno de ese efecto no llegó a ningún lado y eso convalidó un nuevo shock inflacionario, además de causar un fuerte ruido político en el seno del gobierno y en su relación con la oposición.

En segundo lugar, porque también subieron los precios de la energía, ante la decisión europea de prescindir de Rusia como proveedor de gas para sus países. Así, el costo de los cargamentos de gas natural licuado para que el país cubra su déficit de abastecimiento se multiplicó de manera exponencial: algunos embarques se pagaron a 45 dólares por millón de BTU, frente a 3,50 que el gobierno abona en promedio a los productores locales por el fluido. Esto también ocasiona una fuerte sangría de divisas, en épocas donde las reservas del Banco Central están flacas de dólares.

En su análisis por regiones, el BM evaluó que “los precios de las principales exportaciones de América Latina y el Caribe serán sustancialmente más altos en 2022, pero los beneficios para el crecimiento se verán limitados por una respuesta lenta de la producción de algunos productos básicos y por el aumento de los costos de los insumos, incluidos la energía y los fertilizantes”. Sobre Argentina, en particular, el trabajo señaló que “crecerá un 4,5 % en 2022, pero con la aceleración de la inflación, la estabilidad macroeconómica sigue siendo difícil de alcanzar”.

A nivel global, la situación general es delicada y por eso el Banco Mundial evocó la estanflación vivida en los años 70: encontró algunos paralelismos, como las “perturbaciones continuas del lado de la oferta”, aunque confía en que no se llegará a ese extremo. Si eso ocurriera, los países más débiles y en vías de desarrollo se verían afectados por la “aplicación de una política monetaria restrictiva que será necesaria para poner freno a la inflación” (pasado en limpio, suba de tasas de interés por parte de los países centrales), con el consecuente perjuicio para las naciones endeudadas.