Casi diez años de relación entre la cantante Adriana Martínez y el guitarrista Armando De la Vega generaron un entendimiento que tal vez tenga su punto más alto en el reciente disco Puro tango. “Fui a buscarlo en 2012 –cuenta Martínez– para que me acompañara en mi primer trabajo, Exilio, y eso se transformó en siete discos de música latinoamericana”.

Puro tango reúne once clásicos que Martínez escuchaba en su infancia. “Todos los aprendí con mi papá. Son muy pocos los tangos que he estudiado hoy en día. Y hace poco un periodista me preguntó sobre los tangos que hablaban mal de la mujer, y es que yo no los conocí, mi papá no los cantaba. Él era médico cirujano cardiovascular, pero un amante del género y un tremendo bailarín. Un bailarín de tango y milonga increíble, una maravilla. Y no solo eso, bailaba charleston y danza rusa, porque mi mamá era hija de rusos. Pero cantando era un perro (estalla en risas), pésimo, pésimo. En general, en Navidad y Año Nuevo, con mi viejo y mi tía, su hermana, nos íbamos a un rincón con una botella de vino y una de champaña y nos contábamos todo. Así que este disco es un gran y hermoso recuerdo de eso. Todo vuelve, son como tiempos circulares de la vida”.

En su idea y creencia de los ciclos, como los pueblos que poblaron hace milenios esta tierra, reconoce que pese a todo lo que la pandemia le llevó (menciona especialmente a su amigo Horacio González, “nos conocíamos de adolescentes”), le dio muchísimo con todas esas nuevas posibilidades hasta antes desconocidas. La principal, su ciclo de conciertos semanales, cada domingo desde el comienzo del aislamiento preventivo y obligatorio, en el que a capella y con su teléfono celular, transmitía en vivo desde Facebook.

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“Estoy muy contenta con lo que logré, y además siento que maduré muchísimo musicalmente. Porque ha sido un esfuerzo enorme estudiar cualquier cantidad de canciones y hacerlas a capella, sola con mi teléfono, diez temas cada domingo a las siete de la tarde. Ya llegamos a las 74 emisiones”, casi exclama. Porque si bien empezó con el aislamiento, el ciclo continuó por su promesa originaria de que “no terminaría hasta que finalice la pandemia: vamos a estar unidos hasta que salgamos. Llegamos a tener unas 3500 reproducciones al principio, pero en un momento recibí un mensaje del sistema de que el video no podía reproducirse”, cuenta con asombro. Sin embargo, continuó con sus emisiones.

“También me sacó las compras” -dice sin disimular su pesar por las cosas cotidianas que se llevó de su vida la pandemia. El miedo la pudo (“recibía Tiempo en papel y lo rociaba todo y por ahí lo dejaba unos días sin tocar”) y su red de amigos le acercó lo que necesitaba. “Al principio disfruté de mi casa, que me gusta. Pero después empecé a sentir una gran opresión”. Sin proponérselo, explica mucho de lo que le pasó a millones. “Este viaje a Cerro Colorado fue como una aventura: volver a recordar toda la papelería para hacer un viaje y viajar en avión y animarme; estoy feliz, me siento liberada”.

Pero no es que Adriana Martínez se haya mudado a la ciudad de Córdoba, sino que allí vive su hija, a punto de parir y convertirla en abuela. “Se va a llamar León -dice sobre su futuro nieto-, en homenaje a otro grandísimo amigo del alma, León Ferrari”, a quien su hija, artista plástica, también admiraba. “La pandemia me sacó muchas cosas, pero creo que lo que me dio es impagable. Así que yo siento un gran crecimiento. Y creo que este disco responde a todo lo que conté. Siempre mostré un enfoque latinoamericanista y de mucho combate, de gran resistencia, que no siempre es lo mejor para mostrar el corazón. Bueno, creo que hay un cambio y me he remitido a buscar otra cosa, que es toda esa poesía que tiene tango, la increíble poesía sobre la dificultad de la relación entre hombre y mujer, y la posibilidad de la esperanza. Estoy muy contenta, creo que este disco también es una forma de contribuir a toda esa gente que me acompañó”. «

¿CUÁNDO?

Adriana Martínez presenta Puro tango junto con Armando de la Vega. Viernes 17 de diciembre en Club Social Cambalache: Defensa 1179.