Dos mundos, el de sus abuelos y el propio, se conjugan en el Lineztky Klezmer Trío, integrado por los hermanos Andrés en piano, Bruno en clarinete y Matías en trompeta y mandolina que presenta su tercer disco Nuevos Aires Klezmer, integrado, en su mayoría, por composiciones originales.
El disco, donde se conjuga una profunda esencia judía y tanguera, lo presentarán el jueves 18 a las 19 en la Sala Argentina del Centro Cultural Kirchner (Sarmiento 151), con entrada gratis y el miércoles 24 a las 20:30 en Amijai (Arribeños 2355.
Antes de esas presentaciones Andrés Linetzky, de gira con Ariel Ardit, habló con Tiempo sobre la historia del trío.

– ¿De dónde surge el interés de hacer música klezmer?

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– Cuando empecé a tocar piano a los seis años mi abuelo se sentaba conmigo y tocaba estas melodías para que yo lo acompañe. Así comenzó esta música a formar parte de mi vida cotidiana y de la música más cercana. También recuerdo que hacía lo mismo con “La cumparsita”. A medida que la familia crecía, se iban sumando músicos a ese grupo hasta que llego a ser una orquesta. Por eso tocar esta música siempre tuvo, para mí, una connotación sentimental importante relacionada a la unión familiar
-¿Cuál fue el vínculo de tu abuelo con esta música y qué heredaste de su amor por el género?
– Mi abuelo tocaba esta música cuando era chico en su pueblo natal Beltz. Y tocarla implicaba ser parte de ese mundo lleno de personajes e historias que siempre nos transmitió. Por ejemplo, había un personaje “el borracho” que sólo sabía tocar una melodía con el violín. Mi abuelo nos la enseñó y quedó grabada en el CD Herencia Klezmer (nuestro disco anterior). Como esa historia, había infinidad.
– ¿Cómo definirías la esencia de éstas músicas?
– Como cualquier música popular transmite los sentimientos, vivencias y cultura de un grupo de gente en un determinado lugar.Y en ese lugar de Europa, muchos judíos se casaban, se divertían, como también eran asesinados en pogroms (asesinatos organizados de judíos en Rusia). Toda la angustia y tristeza de esa situación convive en la música Klezmer junto a las alegrías de ese pueblo.
– Por tu formación en tango ¿fue natural la fusión entre ambos mundos?
– Siempre cuento que cuando ingresé a estudiar en la EMPA (Escuela de Música Popular de Avellaneda) lo hice pensando en hacer jazz. Cuando tuve la primera clase obligatoria de tango fue como haber empezado a hablar en mi idioma. Por eso finalmente me dediqué a ese género, porque era la música que más fácil y naturalmente podía expresar. Con el klezmer fue igual. Es la música de mis antepasados y por eso resuena en mí con naturalidad.
– ¿Cómo es el público que acompaña el crecimiento del trío? ¿El tango sirvió para despertar la curiosidad de nuevos oyentes?
– Es extraño. Muchas veces en el tango, por distintas razones, se hace muy difícil llevar gente a los conciertos. Cuando presentamos el primer CD del trío grabado en Buenos Aires (hay una placa anterior grabada por el sello Winter & Winter de Alemania, que es como un documental sonoro) lo presentamos en la Usina del Arte y quedó tanta gente afuera como la que había adentro. Creo que el hecho de ver una familia tocando en un escenario genera mucho interés en el público.
– ¿Cómo se da el trabajo entre hermanos? ¿Qué le aporta cada uno al proyecto?
– Mis hermanos son sumamente talentosos. Y nuestra relación tocando música es bien diferente a la relación cotidiana. Como todos los hermanos nos queremos y nos peleamos. Pero cuando tocamos la relación personal pasa para otro lado.
Bruno es uno de los mejores clarinetistas qué hay en este género porque mi abuelo le enseñó especialmente a él como expresar esta música. Recuerdo siempre a mi abuelo diciéndole que la manera en que tocaba no sonaba ID (judio). Y así fue mejorando y aprendiendo. Mati, a su vez, es uno de los músicos más talentosos que conozco. Además de tocar muchísimos instrumentos y muy bien, compone canciones que admiro.

El Lineztky Klezmer Trío se presenta el jueves 18 de mayo, 19:00hs, CCK, Sala Argentina Sarmiento 151, entrada gratuita y el miércoles 24 de Mayo, 20:30hs, Amijai, Arribeños 2355, entradas $ 200.