“Ya no podemos ser lo que éramos”, le dice Miranda al comienzo de la ficción a sus archiconocidas amigas de Nueva York. Quien avisa no traiciona: la prematura afirmación puede funcionar como mensaje explícito para bajar las expectativas de las y los fans. O ser la declaración de principios And Just Like That…, la secuela de Sex and the City, uno de los seriales paradigmáticos sobre mujeres solteras de finales del siglo XX y principios del XXI.
En efecto, cuando en aquel hoy lejano 1998, el entonces cuarteto conformado por Carrie (Sarah Jessica Parker), Samantha (Kim Cattrall), Charlotte (Kristin Davis) y Miranda (Cynthia Nixon) llegó a la pantalla chica irrumpió como un rayo que revolucionó la televisión a escala estadounidense y mundial. Para entonces, tres décadas de historia de televisión habían dejado un saldo negativo de representaciones de mujeres solteras. Con escasas excepciones tales como Esa chica (1965) o El show de Mary Tyler Moore (1970-1977) aparecían invariablemente como amargadas, reprimidas, resentidas o lisa y llanamente malvadas.
Por primera vez, en Sex and the City cuatro mujeres sin esposo y sin hijos, rondando los cuarenta, se mostraban espléndidas, glamorosas e independientes y hablaban explícitamente sobre sexo. Y si bien los personajes podían sonar demasiado estereotipados –la escritora, la romántica, la obsesionada con el sexo y la workaholic– no era menos cierto que gozaban de la libertad y de sus cuerpos.
La nueva versión de diez capítulos que se sucede dieciséis años después del fin de la serie original –con dos olvidables películas en el medio– hace regresar a sus roles a tres de las actrices y desaprovecha la oportunidad de mostrar a mujeres maduras casi sexagenarias disfrutando del sexo. En este sentido se podría haber seguido el ejemplo de Grace y Frankie que hizo escuela en mostrar mujeres octogenarias deseantes y concupiscentes. Pero siempre quedó claro que las artistas en cuestión no eran Jane Fonda o Lily Tomlin ni nunca pretendieron ni aspiraron a serlo. A su vez, para diferenciarse de otras mujeres que intentan conservar a toda costa la juventud como valor, el personaje de Miranda se vanagloria de las canas que remplazan sus sexis cabellos pelirrojos, pero con eso rompe con unas reglas de oro de la ficción: si se pretende dar un mensaje no es necesario decirlo todo.
Basada en un libro y en las columnas de la periodista Candance Bushnell en el New York Observer, desde su génesis, el mundo en el que vivían las mujeres de Sex and The City era absolutamente irreal con sus zapatos de 3000 dólares al alcance de la mano de una simple columnista freelance de un diario, pero ¿a quién le importaba? Lo más real y subversivo era la amistad entre las mujeres. Aunque las conversaciones entre ellas giraban en torno a los hombres y todas buscaban un hombre como objetivo vital -cuestión tan criticada por las feministas-, al final la relación más importante era la que tenían entre ellas. Hay un episodio clave y cumbre en el cual Charlotte dice que quizás son el alma gemela las unas de las otras y los hombres meros objetos con los que divertirse. Por eso, Miranda le presta a Carrie el dinero que precisa para pagar su departamento o Carrie está full time para Samantha cuando le detectan el cáncer de mama.
De todo esto, parafraseando a Soda Stereo, nada más queda en esta fallida secuela. La rivalidad entre las actrices entró en el mundo de la ficción e hizo que la sangre llegara al río. Las cuestiones de cachet y cartel entre Sara Jessica “Carrie” Parker y Kim “Samantha” Cattrall que suenan tan anacrónicas en estos tiempos de sororidad hace tiempo que es explosiva tapa de tabloides y determinaron que la última -el personaje más revolucionario- no forme parte del elenco. La ausencia es explicada brevemente al comienzo de la ficción y se presenta como una serie de discrepancias entre las dos antagonistas principales del mundo real. Eso supone una penosa y patética variación del género del talk show o de intentar convertir el escándalo en un negocio lucrativo.
A su vez, la nueva versión pretende hacerse eco de algunas de las críticas más frecuentes que la serie original recibió a lo largo del tiempo: el hecho de no dar cuenta de la diversidad de razas y culturas de Nueva York. Para ello se suma un cuantioso cúmulo de personajes: Che Diaz (Sara Ramirez), una latina no binaria que hace stand-up radial, Seema Patel (Sarita Choudhury), una agente inmobiliaria de origen indio, una documentalista afroamericana (Nicole Ari Parker) y una aclamada profesora universitaria también negra interpretada por Karen Pittman. Por un lado, ¿era necesario tanto para atender a la corrección política? Por otro lado, ninguna de las nuevas incorporaciones permite dar cuenta de alguna correlación entre diversidad del tipo que sea y desigualdades socio-económicas. Todas son estrafalariamente ricas, famosas o exitosas. La meritocracia parece superar cualquier cuestión relativa a sectores históricamente marginados o relegados de derechos.
Con todas las fallas que exhibía la serie original con sus mujeres blancas, consumistas y que vivían en un mundo irreal tenía una virtud: transmitía sinceridad y autenticidad. Justamente el peor de los defectos de este regreso es que se le notan demasiado las costuras y, al menos en sus primeros capítulos, parece no solo ser la sombra paródica de lo que fue sino un intento fallido de reflotar la antigua magia. «


¿Cuándo?

And Just Like That… se emite por HBO Max. Estrenó sus dos primeros capítulos el 9 de diciembre y estrena un capítulo cada jueves.

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