Por los pasillos del canal mandan el apuro y la alienación. Algunos arrastran caras largas, corren de un lado a otro y se trenzan en febriles diálogos por intercomunicador; otros y otras cuchichean nerviosos en recreos ganados al fastidio o la bronca. Pero todos gravitan bajo la sombra de figuras que nadie sabe muy bien si brillan por su talento, ferocidad o las sucesivas capas de maquillaje.
En las primeras escenas de La panelista, el circo de la realidad, la nueva película del director Maxi Gutiérrez, Marcela Robledo (Florencia Peña) deja claro que es una chica bonita de la televisión subordinada a la ley de la cosmética.

Es extraño y a la vez atractivo ver a Peña encarnando a una aspirante a estrella que se sienta, cada día, en un programa de chimentos donde vale todo en el nombre del rating y el poder. Robledo y Peña comparten más diferencias que parecidos. Pero no es inocente el juego de espejos que propone Gutiérrez, el cual parte de un hábitat y una estética similares, y conforme avanza la historia –inexorablemente– favorece que esos caminos se bifurquen todavía más.
“Lo que me gustó de la película es que si bien es una metáfora y está llevada al extremo, aborda el tema de qué es hoy la televisión: una televisión totalmente diferente a la de cuando yo empecé”, sentencia Peña sobre esta comedia con ribetes dramáticos en la que también actúan Soledad Silveyra, Fabio Posca, Campi, Diego Reinhold, José Luis Gioia y Gonzalo Valenzuela. “En 40 años de carrera pasé por todas las televisiones, podría dar una charla Ted”, bromea.

Sumate y apoyá el periodismo autogestivo

ASOCIATE

“Pero ahora es el tiempo de las noticias y de los programas en vivo –reflexiona la actriz–. De los panelistas, los conductores, de los programas de debates y del famoso ‘hablemos sin saber’. Está más que nunca la necesidad de la primicia, de que cada vez que va un invitado a un show tiene que dar un titular, algo para que levanten… De algún modo, La panelista vino a contar, de manera exagerada, hasta dónde se apuesta, cuál es la ética y cuál es la moral que hoy tiene la tele”.

–¿Qué te atrajo para sumarte a La panelista?
–La idea de contar una historia que parece que va por un lugar y de repente se transforma en otra cosa. Y también que, en general, el público que no me ha visto mucho en teatro cree o piensa que yo soy una clase de actriz que solo puede hacer “muñecos”, personajes estereotipados como Moni Argento, la niñera o lo que hacía en Poné a Francella. Pero yo también puedo hacer otras cosas, y en este papel, por ejemplo, hablo poco, no es un personaje que esté “pasado”.


–¿Por qué se estrena recién ahora?
–La terminamos de filmar a fines de 2018 y en 2019 hubo un compás de espera por esta cuestión tan importante de contar con una buena distribución. Finalmente logramos lo que buscábamos y hoy la distribuye Disney. Pero cuando llegamos a esa instancia nos agarró la pandemia… Siempre estábamos por estrenar y se volvía a cerrar todo. Lo bueno que tienen hoy las películas es la posibilidad de estar después en las plataformas, eso siempre es una gran perspectiva para que nuestro trabajo se vea, el de actores y directores. Hay muy poco espacio para la ficción en la tele abierta y las plataformas los están reemplazando. ¡Por suerte!


–Vos, como “animal de televisión”, ¿alguna vez pensaste que se iba a consolidar este modelo?
–Lo veíamos venir. Lo que no vislumbrábamos es lo que empezó a pasar con las plataformas, que además hoy son un montón. Pero antes de eso hubo un momento de muchísima incertidumbre para los actores, de muchísima falta de trabajo. Yo siempre hice teatro, te diría que estuve siempre en la cartelera durante los últimos 20 años, y en algún momento todos los grandes actores estaban en el teatro porque era el único espacio que teníamos para crear nuestro arte. Cada vez se filmaba menos, la industria estaba achicada y eran pocas las películas con chances de llegar a algún lugar. Por eso digo que soy muy optimista con el nuevo panorama del streaming. Es un fenómeno global: todo cambió, como cambió la industria de la música. Por suerte, el teatro siempre fue, en la Argentina, el lugar de experimentación, el lugar en el que podemos encarar otras búsquedas. Con la posibilidad ahora de filmar y hacer ficción para las plataformas creo que empezamos a tener otro gran momento para la actuación.

–Después de todo lo que hiciste en la televisión, ¿cómo te sentís con Flor de equipo (Telefe, lunes a viernes a las 11:30)?
–La verdad es que por cuestiones mías, por cómo soy yo, no me esperaba tanto. Pero el programa la rompe desde que arrancó, fuimos líderes de las mañanas durante casi nueve meses y también estoy aprendiendo una faceta que ya venía desarrollando, pero no en formato magazine. Un formato así tiene bastante que ver con con la actuación, pasás del drama a la comedia y de la comedia al drama en segundos. De repente estás tratando el tema de un femicidio y o una desaparición y pegado a eso viene el PNT, después el invitado con el que te cagás de risa, y todo eso en una hora y media. Y ese pasaje, ese switch, es algo que yo fui aprendiendo en estos meses y me siento muy cómoda. Me siento una comunicadora. Soy popular porque la gente me eligió, porque hay algo en mi manera de hablar que atrapa a gente de distintos estratos sociales. En estos 40 años supe reinventarme, entender los cambios y acompañarlos. La conducción no deja de ser un lugar nuevo, aunque no lo sentía tan lejano, ahora lo siento más mío, con mi impronta, mi humor y mi manera de ver las cosas.

–¿Y cómo definirías tu manera de ver las cosas?
–Yo no tengo una mirada a favor del establishment, estoy en un lugar lejano a la mayoría de los medios y los que bajan línea, que son de derecha. Soy una peroncha infiltrada en la tele, haciendo un programa a la mañana. Y si bien intento no hacer política, esa mirada me atraviesa siempre: siempre voy a estar en contra del gatillo fácil, de la justicia por mano propia y siempre voy a estar a favor de la inclusión, de un Estado presente y eso está en todo lo que yo hago en el programa. A mí me gusta que haya una voz disidente. En general soy muy atacada por eso, pero agradezco que hoy haya alguien como yo en la tele. Es necesario un poco de amorosidad, la contracara, bajar los decibeles de la agresión.

Se dice de mí
Florencia Peña tiene una trayectoria –casi literalmente– de toda una vida en el medio televisivo. Pero también supo llevar esa experiencia al universo de las redes: solo en Instagram tiene más de 5 millones de seguidores. Entre las réplicas diarias de sus posteos y de lo que sucede cada mañana en su programa de Telefe, Peña parece una figura omnipresente.

–¿Cómo te llevás con la exposición de las redes?
–Es una masacre. Tenés que ser de amianto. Los actores y las actrices somos muy sensibles. Mi instrumento soy yo y para poder transitar las cosas que transito, llegar profundo, tengo que tener mucha sensibilidad. He tenido que hacerme muy fuerte para poder bancarme todas las críticas.

–¿Y cómo lo lograste?
–A fuerza de mucha terapia, de trabajar mucho conmigo y entender qué le pertenece al otro. Para mí la libertad no es hacer lo que se te canta, hacer mierda al otro porque vos querés ser libre. La libertad es hacer lo que querés pero sin avasallar. Ahora, si a vos no te gusta lo que yo hago es un problema tuyo. Si a vos no te gusta que yo sea libre sexualmente, ¿por qué tengo que escuchar que a vos te molesta? ¡Si yo no te hago daño! Ahora se da algo confuso: es un defecto la sinceridad y es una virtud la sinceridad. Y en ese marco, se confunde sinceridad con agresión. Durante todo este tiempo yo trabajé mucho para entender qué me pertenece y qué no, y lo que no me pertenece, no lo dejo entrar. Yo soy una mina que se banca lo que piensa y lo que dice, pero no soy agresiva, soy muy respetuosa de la opinión ajena, aunque tenga mis límites. «


LA PANELISTA
Dirección: Maximiliano Gutiérrez. Elenco: Florencia Peña, Favio Posca, Martín Campilongo, Soledad Silveyra, Diego Reinhold, Laura Cymer, Estreno: 5 de agosto.

Feminismo, medios y polémica

Aunque Florencia Peña defiende muchos de los temas más urgentes de la agenda feminista, algunas de sus acciones generaron polémica. La más resonante fue su participación en una producción de la revista Gente sobre femicidios, que muchos interpretaron como una banalización de la violencia de género.

“Cuando hice esa tapa también escribí una carta porque me sentí muy atacada, básicamente por el feminismo, y una de las preguntas que hacía era: ¿entonces no usamos este medio porque históricamente fue de determinada manera? Yo utilizo esas herramientas siempre a favor, trato de bajar línea y decir algo. No me voy a poner prejuiciosa, al contrario, hay que usar esos medios que llegan a las masas. Prefiero que algo las despierte, como fue esa tapa tan cuestionada, y no yo haciéndome la linda en culo…. ¡Que si lo tengo que hacer también lo hago!”, dice y agrega: “Yo no llegué a ser quien soy solamente porque me muestro. Podés criticarme, pero las mujeres somos mucho más que eso. Ahora bien, yo soy todas: la que muestra el culo, la que tiene un pensamiento y lo dice, la que milita a favor del aborto y el feminismo, y la estúpida con Marley. Todos tenemos muchas facetas y yo me permito mostrarlas todas”, destaca.

Pandemia, fake news y después

–¿Cómo ves, hoy, la foto del país?
–Yo te voy a hablar a nivel social, porque no puedo hablar de un gobierno que recibió lo que recibió y que al poco tiempo de asumir lo agarró la pandemia. Yo voté a este gobierno, creo que es por acá, y no odio al que piensa distinto a mí. El odio que hay es lo que nos está matando. Veo un país enfermo de odio, ni siquiera sé si somos nosotros o si hay todo un mecanismo de fake news y call centers que instalan temas para que la gente tenga malestar. Yo siento que socialmente estamos complicados. No quiero decir que otros países no lo estén, pero yo amo a la Argentina, todo lo que tengo lo conseguí acá, siempre voy a tener una mirada absolutamente piadosa porque somos un país que hace lo que puede y tenemos que intentar, por lo menos, entender que si a vos te va mal, a mí me va mal. Nunca entendí qué pasó con la pandemia, cómo algo que nos debía unir mostró a la oposición intentado decir que la vacuna era veneno, después que no había vacunas… Es un caos. Y creo que es cíclico, no es nuevo, pasó otras veces y espero que en algún momento entendamos que este suelo lo pisamos todos y que los debates no deberían tener tanto odio ni intensidad.