Inspirada en un hecho real ocurrido en un pueblo de Bulgaria, y rodada en el lugar de los hechos con habitantes como actores, La lección cuenta la historia de una maestra de inglés que se convierte en víctima y victimaria, juez y parte, al no poder liberarse de las ataduras de la moral burguesa que a la vez que fomentar el orgullo por las virtudes y la identidad, expone brutalmente a condiciones que hacen imposible mantenerlas, exigiendo una humillación permanente, que en los últimos tiempos suele llamarse “negociar con la realidad”.

Con un sólido (y por momentos rígido) punto de vista, el espectador se va empapando de detalles de la vida de la Nadezhda (Margita Gosheva). El primer plano de la película la ubica escribiendo, en inglés, que alguien ha robado la billetera de un compañero. Pone a prueba a la clase e invita al culpable a confesar; ante la negativa, pone un sobre para que el culpable, anónimamente, devuelva el dinero. Al otro día el sobre sigue vacío. Lo que aparece como rectitud pronto se pone en duda cuando se ve el comportamiento ante su marido, al que no se le conoce trabajo: no cuestiona su falta de colaboración ni su ensimismamiento, aunque él se encarga del cuidado cotidiano de la hija de ambos.

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El robo en la clase no se resuelve. Los problemas familiares también crecen. En especial, el relacionado con la una deuda sobre su vivienda y su marido. De aquí en más, lo más atrevido del film: cómo resuelve un problema que le exige cosas que ponen en duda su moralidad y virtud, una persona que no está dispuesta a poner en duda esos valores (una aclaración: pese al pasado comunista de Bulgaria el film no entra en disquisiciones; la moral burguesa del trabajo se formateó de igual manera a ambos lados de la cortina de hierro). Debe buscar formas de solución que por un lado le permitan evitar la ejecución de su casa, y por el otro, no someterse a la humillación de nadie. En especial de los varones que conforman su vida, incluido su padre, con quien mantiene una situación por demás tensa luego de la muerte de su madre y su casi inmediato nuevo casamiento. Aquí, tampoco, el film se deja llevar por la tentación de una posición de género (que no la niega ni la justifica): lo suyo es un intento por auscultar dentro de un ser bastante impenetrable, casi incólume. Y eso es un gran acierto. Lo demuestra la incomodidad que produce la férrea posición.

Es este punto de vista enfocado en la imposibilidad de la protagonista en asociar problemas y situaciones a fin de encontrar una salida que, sin renunciar a sus principios, alivie su calvario, reside el gran atractivo de un film que pone todos los recursos de la narrativa cinematográfica en favor de su relato. La cámara en mano, el plano despojado, la puesta en escena casi documental, el parlamento escueto de la protagonista frente al que los demás aparecen verborrágicos, todo en función de establecer una especie de anteojera de caballo como para no salirse de camino; en esa decisión, esquiva y elude la tentación de cualquier efecto, que en las circunstancia de su historia se convertiría en efectismo.

Sin ser una película brillante, sí es aplaudible: es osada, se desentiende tanto de los cánones del cine mainstream como del festivalero, elige un camino (más allá de lo bueno o malo que sea) y lo adopta; y una vez que lo hace, no lo suelta. De ahí acaso se deban sus numerosos premios: a su manera, el film tampoco “negocia con la realidad”. En un mundo que lo exige diariamente, es encomiable.

La lección (Urok/ The Lesson. Bulgaria. 2014). Guión y dirección:  Kristina Grozeva, Petar Valchanov. Con: Margita Gosheva, Ivan Burnev, Ivanka Bratoeva, Ivan Savov, Deya Todorova, Stefan Denolyubov. Duración: 107 min. Apta mayores de 13 años.

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