Figura emblemática del cine argentino, el actor murió el viernes por la mañana a los 81 años en la Fundación Favaloro donde se hallaba internado desde el viernes último y donde esperaba ser trasladado al Instituto Fleni. 

La noticia fue confirmada por un allegado a la familia.

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Luppi nació en Ramallo el 23 de febrero de 1936 y trabajó en películas emblemáticas como La Patagonia rebeldePlata dulce, Cien veces no debo, Un lugar en el mundo, Martín (Hache) y Caballos salvajes entre otras.

Su última participación en la pantalla grande fue en el film Nieve negra que se estrenó durante 2017.

Apenas conocida la noticia, algunas personalidades se refirieron al actor.   

Uno de ellos el ex funcionario y candidato a diputado nacional por la kirchnerista Unidad Porteña, Daniel Filmus, expresó: “¡Qué tristeza! Falleció Federico Luppi, gran actor comprometido con sus convicciones. Nuestro abrazo y acompañamiento a familiares y amigos”. 

También el realizador Del Toro, quien dirigió a Luppi en tres películas: Cronos, El espinazo del diablo y El laberinto del fauno, definió al actor argentino como “Nuestro Olivier, nuestro Day Lewis, nuestro genio, Mi amigo querido. Hombre bueno y leal. Adios Federico”. 

En tanto, el productor Kuschevatzky detalló: “Nieve negra, Al final del túnel, Sin retorno y Fase 7. Cuatro veces que pude ser parte de proyectos con un gigante. Inolvidable”.

Luppi llegó a La Plata con la intención de dedicarse al dibujo, su vocación original. Su primera experiencia como actor fue interpretando Pajarito Gómez, en 1965 pero su rol determinante fue en el film El romance del Aniceto y la Francisca bajo la dirección de Leonardo Favio. 

Explosivo, comprometido y coherente en su carrera, Luppi fue parte de grandes películas que marcaron la historia de la Argentina, como La Patagonia Rebelde, dirigida por Héctor Olivera inspirada en la obra homónima de Osvaldo Bayer, o Tiempo de Revancha, dirigida por Adolfo Aristarian uno de los primeros films que habló sobre la dictadura cuando todavía ese período no había llegado a su fin. Otro rol recordado fue el de Plata dulce, de Fernando Ayala que protagonizaba junto a  Julio De Grazia. En 1983, luego de compartir protagónico con Rodolfo Ranni en El Arreglo, se sumó al elenco de No habrá más penas ni olvido, basada en la novela de Osvaldo Soriano. 

La década del 90 también tuvo una participación intensa en la cinematografía argentina donde protagonizó veinte películas (Bajo bandera, Matar al abuelito, Un lugar en el mundo, Las tumbas, Martín Hache, entre otros) y alrededor de diez papeles en la televisión argentina de la cual siempre fue bastante crítico. 

 “Me parece que se corre el riesgo de eliminar el mínimo de capacidad crítica que tiene un ser humano. A la tarde hay cinco programas de chimentos y otros cinco a la mañana. No estoy en contra, forma parte de un poco de la frivolidad, pero tanto me parece que no ayuda a encontrar una llave íntima que te lleve a ser más feliz”, le dijo el actor a Tiempo Argentino en una entrevista realizada en 2012. 

Estaba cada vez más alejado de la televisión, entre sus últimos papeles formó parte del elenco de la comedia Los Sónicos, Condicionados, En Terapia y Quién mató a Bebe Uriarte. “Los argentinos hemos tenido la ventaja de ir aprendiendo a hacer una buena televisión independiente de los avatares económicos, siempre que la televisión cuente historia está haciendo cosas buenas”, decía. 

En 2001, cuando la Argentina esbozaba una compleja situación económica, el actor estaba viviendo una profunda crisis económica y decidió irse a vivir a España para empezar de nuevo. Allí vivió durante casi una década y volvió a la Argentina primero realizando algunas actividades gremiales y luego también por situaciones laborales. “Ahora soy actor golondrina, voy a donde tengo trabajo”, expresó en una ocasión a TA. 

Sus últimos años, el actor los dedicó al teatro. Protagonizó Las últimas lunas, La noche del ángel, y Por tu padre. “El teatro te permite una permanente reelaboración de lo que hacés. Ir afinando, metiéndote más, creando mejores condiciones estando alerta a los cambios cotidianos. Porque día a día a uno lo cambia la vida y ese cambio cotidiano aunque sea infinitesimal en el teatro se transmite en la calidad expresiva del actor”, decía. 

Tenía una afición gigante por la política y reflexionaba mucho sobre su profesión y elegía sus papeles que no sean fascistas ni agresivos. “Nosotros fuimos una generación que crecimos en un mundo que conservaba todavía lo que llamaríamos la dinámica casi mística de los sueños, nosotros estábamos convencido en los 60 que el cambio estaba a la vuelta de la esquina, eso te da un potencial de alma fabuloso, hacíamos cosas notables y muy interesantes, ideológicas y profesionalmente. Después vinieron los grandes golpes y los grandes fracasos y hubo también que ponerle el cuerpo para poder seguir hablando”, decía. 

A lo largo de su carrera recibió seis veces el premio Cóndor de Plata por su desempeño actoral. 

Su última participación en el cine fue en la película Nieve negra protagonizada por Ricardo Darín y fue co protagonista del film Necronomicón: el libro del infierno, una película dirigida Marcelo Schapces y protagonizada por Diego Velázquez que terminó de rodar a fines de marzo de 2017. 

En abril, el actor sufrió una caída que le provocó un coágulo en la cabeza. Desde entonces, y a raíz de eso, su salud había decaído bastante. A principios de este años, había confesado que su situación económica no era la mejor desde la asunción de Mauricio Macri como presidente de la nación. 

Firme en sus pensamientos, amaba la polícia “si tuviera 30 años menos, no me dedico a la actuación, me dedico a la política”, dijo en más de una ocasión. Con roles claves para entender la historia argentina a partir de su filmografía, Luppi siempre se destacó por haber regalado a la industria audiovisual los mejores insultos en pantalla. 

La actriz española, Susana Hornos, su última compañera lo despide con una simbólica foto en la portada de su cuenta de Facebook, en la que están juntos sobre el escenario mientras lo ve partir de espaldas. La imagen pertenece a la pieza teatral que ella también dirigió, Las últimas lunas.