Platense y pianista, desde 2017 Pablo Murgier está radicado en París, donde aún la cosa “está heavy”. Con Muy lejos (2017), al frente del Sexteto Murgier, fue nominado a los Premios Gardel, y ganó el Festival Tango sin Fin en 2018. Luego Reflets, el EP del Ensamble Murgier, y ahora, ya cruzando los 30, acaba de grabar su primer disco solista (“Idea de Ignacio -Montoya Carlotto-, él me impulsó a grabarlo”), Los espejos.

“Fue un tema el nombre -dice Murgier respecto al título del disco que lo tiene solo en el piano-, porque no tenía. Tuvo mucho que ver la chica que fue la artista de la portada, que es una argentina entrerriana que vive en España y que me gusta mucho su trabajo. Hicimos una especie de tormenta de ideas: retrato, foto, reflexión, un disco de intimidad más grande. Tenía que ser un nombre que me representara porque cada tema habla de uno mismo, pero del reflejo que te devuelve esa idea: sos vos pero no sos vos; visualmente Los Espejos funcionaba. Con el sexteto no había hecho el trabajo de elegir el nombre y terminó teniendo el de uno de los temas, y sentí que me perdí la oportunidad de elegir un nombre que le dé concepto al disco.”

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Escuchar Los Espejos tiene el efecto de llevar a reflexionar sobre qué es uno y qué ven de uno los demás. De ahí la pregunta y la respuesta. Pero al mirarse al espejo, todos lo sabemos, uno no ve lo que los otros ven de uno. “Y no te ves igual en el de tu casa que en el de la escuela, por decir un lugar -complementa-. Esa percepción de nosotros tiene mucho que ver con que me haya gustado ese nombre. Me siento  como un músico en aprendizaje, no me considero en posición de preguntarme qué verán los demás. Traté de hacer algo que a mí me gustara y representara. Trabajo mucho con el tango, me gusta el jazz y el folklore, y quise cuidar ese balance. Que fuera lo más equilibrado posible para dar una idea lo más completa posible de mí mismo.”

Por eso varias interpretaciones pensadas previamente quedaron afuera, otras que no se incorporaron, y hasta las hubo improvisadas. “El último tema fue una improvisación libre: antes de apagar la consola Ignacio me dijo: ‘Grabate una intro más’. Y salió eso, que nos pareció una linda finalización del disco.”

Entonces aparece la imagen de alguien arreglándose frente al espejo para ir a un lugar; combina, prueba, desecha, hasta que sale del baño o el cuarto y quien lo ve, amable y cuidadoso, pregunta: “¿Te vas a poner eso?”. “Para eso sirve el productor -dice con una imaginada sonrisa Murgier-: te centra un poco, porque explicarle a un tercero por qué te ponés algo o decidís hacer lo que hacés, ayuda a que encuentres la forma de explicarlo y que te entienda. Porque si no ocurre, es muy probable que hayas quedado obnubilado con algo que te salió pero no te representa como creías.” Y refuerza con una frase de Alejandro Dolina: “Que es muy cruel: ‘Los primeros errores suelen estar al inicio de algo, y eso pasa muy a menudo’. Por eso ayuda tener la devolución del otro cuando estás trabajando.”

Feliz con el disco que resultó -escucharlo hace compartir esa alegría-, dice que ya le costaba entender el mundo como estaba, así que ahora con la pandemia la cosa se le complicó mucho. “Esta situación agrega una dimensión absolutamente desconocida. Toco música instrumental sobre todo, me gusta mucho componer, mi trabajo en los últimos años tiene que ver con tocar en el tango, pero me gustaría vivir de mis proyectos que se podrían decir son más artísticos; en definitiva, aunque no suene muy poético, no hay mucha gente a la que le interese esto que hago. Trato de hacerlo lo mejor posible porque me interesa el público, si no viene nadie a verme me pongo mal y me angustio. Pero esa cuestión, en ese punto termina funcionando como un alivio: no tengo que cumplir con plazos, no hay una demanda del mercado que me está corriendo, lo hago por un deseo, una necesidad de soltar algo en el aire; si hay alguien que se interesa para mí es ya un  tesoro, y tocar para cien en el Café Vinilo para mí es una gloria.”

Y esa es la única certeza que tiene frente al futuro inmediato, “porque hay que prepararse para una muy brava: creo que lo último en volver serán las actividades culturales. Si lo tomamos desde un lado positivo, la pandemia nos va a forzar a reinventarnos. Cada uno por donde le pinte tendrá que resolverlo, pero no en términos de productividad, estoy en contra de eso, sino sin perder la libido artística: en el momento que te terminás de desconectar de la música viene la depresión total. Hay que ordenar el día en función de eso que amamos y queremos hacer”.

Los espejos, Pablo Murgier. Nueve piezas musicales, entre composiciones originales e improvisaciones sobre temas propios. Producción: Ignacio Montoya Carlotto.