Con seis nominaciones al Oscar, la película tiene el indudable sello de los hermanos Weinstein: los fundadores del estudio Miramax que tuvieron que dejar en manos de Disney, saben muy bien cómo lograr la empatía de audiencias globales y creadoras de tendencias, esas mayoritariamente compuestas por individuos urbanos de clase media acomodada, por lo general universitarios, grandes consumidores culturales y embanderados del multiculturalismo naif. Por eso, y porque los Weinstein están considerados en Hollywood como los mejores lobbistas cuando de Oscar se trata, es probable que el film desbarranque el favoritismo en varios rubros de las películas con temática o protagonistas negros.

En cuanto a lo cinematográfico en sí, por decirlo de algún modo, la historia de un niño de 5 años se pierde en las calles de Calcuta, a cientos de kilómetros de su hogar, podría ser definida -estableciendo una nueva calificación- como película ONG. De hecho al final una ONG dedicada a la búsqueda y recuperación de los 80 mil niños que se pierden por año en la India, deja su mensaje y su dirección web para que los interesados se acerquen a colaborar de distintas maneras.

 

Las partes más tiernas y conmovedoras de la película están en las dos puntas. En el inicio, cuando muestra la relación de Saroo (que no se llama estrictamente así, y de ahí en buena parte su calvario) con el hermano, y hacia el final, cuando 25 años más tarde y habiendo tenido una buena vida y logrado una buen posición en la Australia que lo vio crecer, Saroo se decide a buscar a su madre.

En esos extremos aparece el pesar de la pérdida y el sentido de recuperar su pasado, algo que no puede reflejar su vida adulta en la familia australiana, tampoco la conflictiva relación con su hermano, también adoptado, y menos con su novia. El film no se mete, por decisión o impericia, en el conflicto de Saroo durante todos esos años, abandonando la posibilidad de hurgar en el universal de los chicos perdidos, desaparecidos, imposibilitados de convertir en una trayectoria identitaria lo que fueron con lo que son. Lion (tal es el nombre original) en ningún momento pretende convertirse en universal por más leyendas hacia el final que pretendan lo contrario. Se acerca más al tú puede de la autoayuda que a la comprensión de un fenómeno que las guerras y migraciones masivas hacen cada vez más frecuentes.

Un camino a casa (Lion. Australia-Estados Unidos-Reino Unido, 2016). Dirección: Garth Davis. Guión: Luke Davies. Con: Dev Patel, Nicole Kidman, Rooney Mara, David Wenham. 126 Minutos. Apta mayores de 13 años.