Hace poco más de un mes, en una sesión histórica, Chile aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo. El festejo en las calles fue inolvidable, como también lo fueron todos los años de lucha y construcción del movimiento LBGTI, en un país en el que las desigualdades llegaron a niveles extremos.

Esa fiesta de colores y amor manifiesto fue la antesala de lo que se anunció el viernes. El nuevo gabinete del gobierno de Chile no sólo tiene más mujeres que hombres, sino que cada uno de esos nombramientos trae consigo una noción de diversidad, de igualdad y de construcción colectiva y popular.

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La imagen de un grupo de chicos y chicas saltando molinetes en septiembre de 2019 aparece de inmediato cuando pensamos en el origen de este gran cambio, que hoy es un hecho para Chile. Eran chicas y chicos saltando hacia un futuro más amable, con mayor inclusión social.

“En un momento en que el mundo cambia vertiginosamente, Chile también tiene que cambiar y adaptarse. Representamos la fuerza de una época”, definió el presidente electo Boric luego de presentar su gabinete.

Es que, pese a que la sorpresa por la cantidad de mujeres al frente de ministerios (que ojalá pronto deje de ser una rareza) fue lo que más se destacó de la etapa que comienza, en ese mismo discurso Boric advirtió que cada nombre de las ministras, ministros y ministres fue pensado para que las reformas que se lleven a cabo sean estructurales.

Es sabido que no siempre la paridad garantiza la ampliación de derechos o una mirada con perspectiva de género. Algunos ejemplos hay en la Argentina. En 2018, detrás del lobby contra la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que se debatía democráticamente en el Congreso estaba la vicepresidenta de la Nación de ese entonces, Gabriela Michetti. En la Provincia de Buenos Aires, fue una gobernadora, María Eugenia Vidal, quien vació de presupuesto al área de salud reproductiva, entre otros ejemplos.

En cambio, en Chile hay un proyecto que comenzó en las calles. Una de las grandes conquistas del pueblo chileno es el cambio de la letra en la Carta Magna que hoy está en manos de la mapuche Elisa Loncón secundada por el activista ambiental y LGBT, Gaspar Domínguez; y lo es también la asunción de Emilia Schneider, primera diputada trans electa en el país. Nace así la esperanza de que un gobierno deje en el pasado los años de tradición conservadora y derechista.

La ministra de Deportes, Alexandra Benado es militante LGBT, como lo es el ministro de Educación, Marco Antonio Ávila. Estos nombres, además de las historias militantes  de Camila Vallejo, Mayra Fernández Allende, Antonia Orellana, prometen una planificación popular, inclusiva, una ejecución de políticas públicas igualitarias y una agenda feminista.

El movimiento de mujeres logró sus grandes conquistas en las calles y se desplazó a los ámbitos políticos. En la Argentina, la ministra del  área, Elizabeth Gómez Alcorta, destacó en su momento que el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad era el resultado de la enorme lucha feminista. Eso también sucedió en Chile.

En 2019 fueron miles las mujeres que salieron a las calles a pelear contra el neoliberalismo y la represión de Piñera. Esas mujeres están hoy representadas en un espacio ejecutivo que podrá pensar soluciones con una perspectiva en Derechos Humanos, algo que hace años soñamos los latinoamericanos. Chile hoy fortalece en el continente el sueño de una patria grande, diversa y feminista.   «