El Ministerio de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la Provincia de Buenos Aires trabajó profundamente en los últimos años para erradicar la violencia de género. Fue uno de los puntos fundamentales de la gestión encabezada por la ministra Estela Díaz y que forma parte del gobierno de Axel Kicillof.

Desde Provincia se destinaron quince programas para eliminar la violencia de género. Estos programas aportan en la contención de las mujeres y LGTBI+ en situación de violencia de género, al fortalecimiento de la línea telefónica de denuncias y el monitoreo de los agresores a través de dispositivos electrónicos.

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“A siete años del primer Ni Una Menos nos volvemos a encontrar en las calles en la convocatoria del movimiento feminista y de mujeres y desde la gestión haciendo un balance de las políticas públicas impulsadas con la mayor inversión de la gestión pública en la generación de políticas y respuestas para prevenir, atender y asistir las violencias de género”, expresó la ministra Díaz acerca del especial aniversario.

-Pasaron siete años del primer Ni Una Menos, ¿cómo está posicionado el Estado hoy ante las demandas de las mujeres y diversidades?

-En la actualidad, desde la gestión de Axel Kicillof, en la provincia de Buenos Aires se han rejerarquizado las políticas de género. Al crear el ministerio, pero también al tener un plan para el conjunto de gestión para incorporar esta perspectiva. Hay políticas y programas específicos que llevan adelante nuestro ministerio, pero también la mesa interministerial que define la metodología de abordaje de las violencias donde participan representantes de todos los ministerios y organismos. Se está avanzando mucho en la implementación de la Ley Micaela bonaerense, en todos los organismos y ministerios de la para que la institución del Estado tenga mayor capacidad de atender sin discriminar, sin violentar. Y también en el cumplimiento de las licencias por violencia de género. Especialmente el 3 de junio estuvimos presentando las guías: 41 ministerios y organismos han creado equipos interdisciplinarios que no solo acompañan y asisten a quien sufre violencia, sino que también trabajan en la sensibilización, en la formación, en procesos de los cambios institucionales en toda la administración pública. La verdad que es una política absolutamente pionera en la materia.

-Se conocieron las cifras elaboradas por la Oficina de la Mujer de la Corte y hubo un descenso en la cifra de femicidios, ¿qué evaluación hace al respecto?

-El registro que hace la Corte es un registro que fue parte justamente de una demanda de aquel primer Ni Una Menos. En la provincia de Buenos Aires lo lleva adelante la Procuración que en su informe destaca que la reducción de casos se debe principalmente a la provincia de Buenos Aires. Nosotras trabajamos para que se registre efectivamente la violencia, los femicidios y las muertes violentas de mujeres en contextos de violencia de género, tal cual lo indica los procedimientos que se han fijado desde que la unidad fiscal UFEM, de Nación. Hubo una reducción que nos alienta a seguir trabajando para que haya más inversión, más Estado, más política, más territorialidad. Hay que seguir interviniendo, porque el horizonte es ese: que siga reduciéndose la cifra de femicidios en nuestra provincia y en el país también.

-¿Cuáles son los ejes que se plantearon desde el ministerio para ese trabajo de erradicación?

– Cuando llegamos a la gestión nos planteamos el rediseño del abordaje de la violencia en la provincia, por eso presentamos -y es un decreto del gobernador-, el Sistema Integrado de Políticas Públicas contra la Violencia por razones de género. Un sistema que en el 2020 cuando salió el decreto tenía nueve componentes y en la actualidad tiene 15. Son programas y proyectos que plantean la integralidad del enfoque. Hay que abordar todo tipo de modalidades y tipos de violencia. También trabajamos en la intersectorialidad porque distintos organismos están involucrados, de alcance municipal, provincial, nacional. Y el otro aspecto, fundamental para nosotras, es por supuesto, la perspectiva de derechos humanos y de género en el abordaje de las violencias. Que se trabaje en la prevención, asistencia, atención. El proceso de las salidas de la violencia, la construcción de autonomía personal en ese proceso, ya sea económica o psicológica. Y los agresores. Ese es el otro tema que ha crecido en políticas y en programas desde que se creó el ministerio, tanto para los varones cuando ya son agresores como también una política de prevención para que no lleguen a serlo. Es necesario cambiar el modo de construcción hegemónica de la masculinidad, que tiene que ver con mandatos de violencia, de desigualdad. Hay un abordaje muy integral. Y la otra pauta que rige nuestro trabajo es la territorialidad. Son 135 municipios, más de 17 millones de habitantes. Y necesitamos llegar a cada rincón, a cada localidad para que allí se articulen y se construyan las respuestas.

-¿Cuáles son los ejes que faltan profundizar en materia de igualdad de género?

-Tenemos necesariamente que reconocer que venimos de seis años de crisis. Los cuatro años de políticas neoliberales y los dos años de pandemia que han dejado un contexto fuerte de desigualdad económica y social. En ese sentido, la agenda económica de redistribución de trabajo y de cuidados, y la reducción de brechas de desigualdad en ese terreno es una agenda prioritaria porque aborda aspectos que hacen a razones estructurales de nuestra sociedad. Cuando hablamos de eso, estamos hablando de por qué las mujeres tenemos desigualdad en el acceso a los recursos económicos y laborales. Tiene que ir tomando esta agenda cada vez más presencia, más iniciativa, tanto para el sector público como también para el sector privado. Y entender que cuidar en nuestra sociedad, que sigue siendo una responsabilidad que asumen fundamentalmente las mujeres, es de interés del conjunto social.

-¿Qué demandas aparecen cuando llegan al territorio?

-En las localidades de todas las dimensiones, pero las medianas y más pequeñas fue muy importante el acompañamiento para la creación o la rejerarquización de las áreas de género. El año pasado hubo 40 creaciones en 40 municipios y 70 rejerarquizaciones. Es un proceso enorme, que llega a gran parte de todo el territorio. Nosotras tenemos un programa en comunidades sin violencia que aporta económicamente y con asistencia técnica para fortalecer equipos. Nos plantean que tenga continuidad, y también políticas que ayuden a articularse con otras áreas de gobierno, como son las que tienen que ver con producción, trabajo, acceso al empleo. Porque cuando se sufre violencia de género, esa problemática en general no viene sola, sino que requiere de otro tipo de acompañamientos en lo social, en lo económico, en lo laboral.

-¿Cuáles son las respuestas posibles a los discursos de odio que aparecen en la sociedad argentina pero que también forman parte de un contexto mundial?

_Yo creo que ante en los discursos de odio que lo primero que tenemos que hacer es reconocer que son minoritarios en nuestra sociedad, por más que haya medios hegemónicos de comunicación que nos insistan y persistan en colocarlos todo el tiempo en sus medios. Creo que hay más solidaridad y reconocimiento del Estado. Pero de todas maneras hay que estar alerta porque ellos también disputan la construcción de sentidos y son un modo de reacción también a los feminismos, que han demostrado una enorme capacidad de movilización y además un enorme contenido anti neoliberal, solidario, comunitario, revalorizando el contexto de la defensa y de la ampliación de los derechos. Hay que seguir por ese camino, haciendonos visibles, defendiendo las políticas conquistadas, demandando lo que falta, movilizándose en todos los terrenos.