Hace más de un mes que el femicida de Noelia Luna Quimey Lambert Tamay, una joven de, apenas, 19 años, está prófugo. “En este tiempo no vimos un solo allanamiento ni nada que nos demuestre que la justicia lo está buscando”, se lamenta la familia. Todo es más grave cuando se sabe que el hombre tiene un prontuario criminal y un pedido de captura internacional que no le impidieron el ingreso al país con una identidad falsa.

El 9 de septiembre, poco antes de la medianoche, Quimey, como prefería que la llamaran, ingresó a la guardia del hospital Lucio Meléndez de Adrogué con una herida de bala en el abdomen. Según el relato de Freddy, el novio venezolano con quien la joven vivía hace menos de un mes en Burzaco, alguien le había disparado en un intento de robo. Durante la operación que intentó salvarla, Quimey sufrió tres paros respiratorios. Cuando la madre llegó al hospital, los oficiales de policía le confirmaron la muerte de su hija y le prometieron que harían todo lo posible por encontrar al supuesto ladrón que le había disparado. La madre, todavía aturdida, intentó explicarles que estaban equivocados. Como prueba les mostró el mensaje que Freddy le había mandado un rato antes. “Suegra, estaba jugando con esa mierda y se disparó”, decía el texto, dando a entender que Quimey se había disparado de manera accidental. Esa desavenencia fue suficiente para que los policías salieran a buscar a Freddy, quien, con la excusa de ir a buscar los documentos a su casa, ni siquiera había llegado al hospital. Su paradero, aún hoy, es un misterio.

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“Al principio la policía buscaba al novio de mi hermana porque él había sido el único testigo, pero enseguida desapareció. No contestó más mensajes ni llamadas. Después, en la autopsia, salió que el disparo había sido a distancia y no quedaron dudas. Mi mamá empezó a investigar y descubrió que había un reporte de Interpol sobre él, que era dominicano, que tenía otro nombre y que era un asesino”, cuenta Lucia Tamay, la hermana que asumió el reclamo de justicia.

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“Recién empezaba a salir a la vida”

La familia se enteró que el venezolano Freddy de 24 años era, en realidad, el ex policía dominicano Maikel Figueroa Pérez, buscado por la justicia de su país por el crimen de un joven deportista cometido en 2016. Pero eso no fue todo.

“Descubrimos que él era hijo y nieto de militar y que de alguna manera lo ayudaron a escapar de República Dominicana y llegar a Chile. Allí una fiscal nos confirmó que había cometido al menos otro crimen y que se investiga su participación en otro. En Chile tenía la identidad de César David Aranguibel Quero, con la que se escapó a Bolivia y desde allá pasó a la Argentina”, detalla Lucia.

Ya instalado en el barrio de Constitución, Freddy, como se presentaba ante los demás, conoció a Quimey. Luego de un mes de noviazgo, él le propuso mudarse juntos. La familia de ella puso reparos, pero acordaron que se mudara a Burzaco, a unas quince cuadras de la casa de una de las hermanas mayores de Quimey, María de los Ángeles, para que pudieran, al menos, tenerla cerca. “Era una nena, recién empezaba a salir a la vida. No puede ser que cualquiera pueda ingresar al país y que no le verifiquen los documentos”, se lamenta Lucia.

Familiares y amigos de Quimey ya organizaron movilizaciones para exigir justicia y denunciar que la fiscal de Lomas de Zamora, Fabiola Juanatey, no ha logrado avances a más de un mes del hecho.

“Pedimos hacer visible lo que está pasando –dice Lucia– porque sabemos que el asesino de mi hermana no pudo irse muy lejos por la cuarentena. Incluso, nos han dicho que lo han visto por Flores y Liniers. Pero en este tiempo no vimos un solo allanamiento ni nada que nos demuestre que lo están buscando”.