La tarde cae sobre la Estancia San Guillermo a 15 minutos del centro de Puerto Madryn en Chubut. El cielo se torna azul eléctrico y vira al negro. La estepa se desprende del mar. Pronto un punto de luz anunciará la salida de la luna. Hay expectativa en el grupo de que en un viejo puesto de campo aguarda el momento exacto, con telescopios e instrumental. Están ahí en la tierra, pero viajaron hasta ese terreno liso y llano para contemplar el cielo. Esta es una historia de astros, de la magia de mirar para arriba, de sentirnos pequeños en la inmensidad. De eso llamado Astroturismo, que crece año a año en la Argentina.

Nani nos recibe. “Nani” es Ana Inés Pegoraro. Nació en Rosario y vive en Madryn donde trabaja hace añares como guía de turismo. En pandemia se apasionó con el cielo y se profesionalizó en “Astroturismo”.

En el viejo puesto de campo –una casita sencilla de un solo ambiente con puerta y ventana chiquita–, sobre una lomada, acomodamos troncos, sillas y bancos como una guardia bajo las estrellas. Es el momento en que “Nani” toma un puntero láser y traza una línea roja hasta el infinito y más allá.

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Maneja los tiempos y, pareciera, casi que también al mismo cielo. Cuenta de a una las estrellas y recorre la historia de la humanidad hasta hoy. Convierte sus relatos del Cielo Patagónico en un paseo turístico por el sistema solar entre estrellas, constelaciones, mitología griega y la cosmovisión de los tehuelches, cumpliendo un axioma de toda persona que añora viajar: vivir experiencias. De paso nos avisa que si bajamos una aplicación al celular (nombra cinco posibles, como Sky Map), la observación del cielo de ahora en más será un viaje de ida. Y, claro, enfocamos el infinito y solitas en la pantalla del celular se dibujan las figuras. Las constelaciones.

Viaje a las estrellas desde Puerto Madryn.
Foto: Sebastián Jeremías

¿La gente ve menos estrellas? Le consulta Tiempo. Responde Nani: “Quizá miran menos el cielo, y en el transcurso de los siglos hasta nuestros días hay más contaminación lumínica por el crecimiento de las ciudades, entonces la luz de la ciudad nos quita el derecho a la luz de las estrellas; eso es lo que está pasando. La actividad del Astroturismo pregona justamente eso: que se retome el derecho a la luz de las estrellas, que se sigan iluminando ciudades. Pero hoy está todo inventado, hay iluminaciones inteligentes, apuntar para abajo; no se apunta para arriba porque es un gasto de energía”. Y concluye: “Hay toda una cuestión de preservación del cielo como un patrimonio natural, cultural y científico”. Queremos más.

En un abrir y cerrar de ojos, el cielo comienza a titilar. O eso parece. ¿Cuántas estrellas vemos en un campo? «Hablan de seis mil estrellas. En una ciudad, unas 400. En el campo en este momento con Madryn tan cerca, quizás sean unas cuatro mil, aunque son incontables”.

El silencio es absoluto. “En la luz de las estrellas está el mensajero cósmico —continúa–. Gracias a la luz, los científicos pueden saber si estas estrellas son frías, calientes, qué color tienen. Hay azules, hay rojas, blancas amarillentas como nuestro sol, marrones y así. Los expertos pueden definir si es una estrella de mayor o menor temperatura, las azules son calientes, las rojas son frías, pueden saber de qué está hecha esa estrella, qué composición tiene, a qué velocidad giran, si están solas o acompañadas”.

Todas las estrellas dan luz y calor. Por eso, cuanto más bajas estén, más van a titilar. Ese parpadeo las diferencian de los planetas, que no tienen luz, porque se las da el Sol. La guía seduce con su relato sobre las estrellas: «dependiendo de la masa que adquirieron cuando se formaron, dependerá su vida. Las estrellas nacen, viven y mueren. De las masivas está Betelgeuse en el hombro de Orion, ‘El Cazador’, donde se encuentran las Tres Marías que integran el cinturón de Orion, es una estrella roja, fría, que en el último tiempo dijeron que no existía más, pero sí, está tan lejos que no se sabe mucho. Ha variado su brillo, y por eso se creía que había explotado, pero está”. Y la señala.

También se refiere al Sol, a 150 millones de kilómetros: «ojo, porque si de pronto el Sol se apaga mañana, tenemos ocho minutos para hacer el bolso. Chequeen el reloj para pensarlo», sonríe. Después está Alfa Centauri, en la Cruz del Sur. Las sondas más avanzadas que se desarrollaron permitirían llegar a ella en 20 años.

Altas en el cielo de Mercedes, las estrellas.
Foto: Sebastián Jeremías

Ahora, la luna inmensa. Primero roja, luego naranja y al final blanca sobre el mar, esa línea oscura y más tenue que el cielo. La estepa. Ese otro mar de tierra. En el puesto de campo hay galletitas con formas de estrellas. El Astroturismo es un concepto.

Moda o interés genuino, el ser humano sigue apasionándose por lo desconocido. Quizás por eso, la geografía argentina ofrece un sinfín de lugares para mirar el cielo. Más al sur está Roxana Goronas. Es una naturalista asentada en Puerto Deseado, sobre el litoral marino costero más conocido como Corredor de la Ruta Azul, en Santa Cruz. Entre diez alternativas, la especialista diseñó una que es gratuita y que se disfruta caminando junto a la Reserva Provincial Ría Deseado, un accidente geográfico formado durante miles de años en el antiguo cauce del río del mismo nombre donde hoy entra el océano durante 42 kilómetros al corazón de la meseta. “Caminamos dos kilómetros mientras va oscureciendo y cuando llegamos nos recibe el canto de miles de pingüinos que en la noche son más activos. Allí la gente se va acostumbrando a la oscuridad y empieza a entender el cielo”, describe Roxana.  La experiencia dura dos horas y media, es para todas las edades y sin dificultad. Se llega sobre la costa de la ría, frente a la Isla Quiroga donde hay una colonia de pingüinos de Magallanes. De ahí el nombre de la actividad: “Concierto de Pingüinos”. La guía cuenta miles de historias, desde la antigüedad a nuestros días, de Magallanes a Darwin, pero la combinación de cielo, noche y naturaleza en estado puro es el hit.

El rótulo de Capital Nacional del Astroturismo podría obtenerlo San Juan que ofrece su Ruta del Cielo y las excursiones nocturnas de luna llena en el Parque Ischigualasto. Provincia de Buenos Aires viene creciendo en esta faceta turística con los cielos limpios de Bragado, Mercedes o Sierra de la Ventana. “El astroturismo es imaginar otros mundos posibles, preguntarse si habrá vida en otros planetas y, al mismo tiempo, entender por qué estamos acá. Contemplamos el cielo como lo conocieron nuestros antepasados, desde el inicio de la humanidad”, lo define el fotógrafo Sebastián Jeremías. En las Cataratas se hacen paseos con luna llena y en Tucumán sobresale el Observatorio Astronómico de Ampimpa, cerquita de Amaicha del Valle. Ahí incluso hay hospedaje en cabañas. Para comer ofrecen un menú “cósmico”.

Postales de la noche encendida en Ampimpa.
La experiencia astronómica de Ampimpa

«Descubrí la pasión por la ciencia y viví una experiencia única, exclusiva y novedosa de astroturismo», invitan en Ampimpa, el Observatorio Astronómico ubicado a 157 km del centro de la capital tucumana, en Amaicha del Valle. Realizan expediciones de tres horas, desde el conocimiento con telescopios hasta los verdes intensos de las Yungas y las montañas del Valle Calchaquí.

El uso de telescopios es otra experiencia que vende el Astroturismo.
Vuelve el cometa milenario

El 2023 será un año con fenómenos astronómicos imperdibles para quienes gustan de contemplar el cielo nocturno. Pasará un cometa milenario, habrá superlunas, lluvias de estrellas y un singular eclipse.

Lo primero es el paso del cometa C/2022 E3 (ZTF). El nombre puede sonar poco atractivo, pero un dato lo enarbola: la última vez que fue visto desde la Tierra data de hace 50 mil años, en el Paleolítico. Volverá el 10 y 11 de febrero en el Noroeste, desde las 21.30 hasta la medianoche.

Agosto arrancará con la llamada Luna de Esturión (se la podrá ver más grande y brillante) y cerrará con una nueva Superluna. A su vez, el 13 y 14 de diciembre se vivirá una Lluvia de Estrellas Gemínidas: sucede cuando la órbita de nuestro planeta pasa cerca de los restos que dejan los cometas, los cuales se calientan al ubicarse cerca del Sol. Se descomponen y forman esa cola brillante. En Argentina lo ideal será después de la medianoche, mirando hacia el lado de Las Tres Marías.

El 14 de octubre la Luna tapará parcialmente la luz solar generando la imagen de un anillo de fuego. Pero solo se verá desde Colombia y Brasil hacia el norte.

Estancia San Guillermo.
Por todo el país

En los alrededores de Puerto Madryn hay salidas al Área Protegida El Doradillo para observar el cielo, la luna y las ballenas. Sus redes: @patagoniasky o FB Patagonia Sky.

En Puerto Deseado se puede ver la web institucional: turismo.puertodeseado.gob.ar o bucear la página de Roxana Goronas, la guía experta: astroturismopatagonia.com.ar y en las redes: @astroturismopatagonia.

En San Juan, Silvia Yafar de la agencia Money Tur  fue pionera al diseñar experiencias para disfrutar de los cielos en el Parque Provincial Ischigualasto (el Valle de la Luna) . Conciertos musicales y degustaciones de vinos sanjuaninos son parte de estas propuestas. En la Capital Nacional del Astroturismo también se destaca el Parque Nacional El Leoncito con dos estaciones astronómicas abiertas al público. Y en la capital sanjuanina, el Observatorio Félix Aguilar de la Universidad Nacional de San Juan también ofrece visitas guiadas.

En Cuyo también sobresalen dos destinos: Merlo en San Luis (merlo.tur.ar) y Malargüe, al sur de Mendoza. Allí está el prestigioso Observatorio Pierre Auger donde se estudian los rayos cósmicos. Pero eso ya amerita una nota aparte.

Salidas

En Provincia de Buenos Aires, la Liga Iberoamericana de Astronomía (LIADA) realiza salidas a los municipios de Alberti, Mercedes, San Pedro, Chascomús, General Belgrano y Sierra de la Ventana. Todos los destinos, con cielos limpios de contaminación.