Al ritmo de la expansión de las tecnologías de la información y la comunicación, crece también la exposición de  niños, niñas y adolescentes a los mensajes publicitarios de productos cuyo consumo habitual es nocivo para su salud. Una investigación de Unicef Argentina, enfocada en el marketing digital de las empresas que producen alimentos, en gran parte multinacionales, muestra cómo influye de manera negativa –y duradera– en los más vulnerables de la población.

“Los chicos y chicas reciben una oferta indiscriminada de productos no saludables, ultraprocesados, altísimos en azúcar, a través de los medios digitales y las pantallas sin ningún filtro ni protección. Este estudio documentó algo que lamentablemente ya presumíamos”, explica a Tiempo Fernando Zingman, especialista en Salud de Unicef Argentina, que junto a una coalición de sociedades civiles, científicas y de nutricionistas bregan por la aprobación de la Ley de Etiquetado Frontal que ya cuenta con media sanción del Senado (ver aparte).

Del estudio se desprende que “la mitad de los niños y adolescentes, y casi el 70% de los menores de 8 o 9 años, en el último tiempo le pidió a sus padres que compren algún producto alimenticio que vieron en una publicidad a través de medios digitales”, grafica Zingman, y añade que “la mayor parte de esos productos no son saludables, y si se implementara la ley de etiquetado frontal, no deberían ser publicitados”.

El organismo analizó también los posteos en las redes sociales de estas empresas y detectó que un 70% tiene que ver con productos nocivos para la salud. “Los gustos que uno adquiere de chiquito te acompañan toda la vida. El mercado de alimentos sabe que si te formatean de pequeño tus preferencias de consumo habrá, de alguna manera, una población cautiva”, continúa el especialista y esgrime: “Estamos entregando a los niños y niñas, a pesar de tener a la vista los resultados de habernos convertido en el país con mayor índice de chicos con sobrepeso y obesidad de la región”. Esta situación tiene directa relación en la calidad de vida de los adultos y en los costos del sistema sanitario.

El estudio que llevó adelante Unicef fue multidisciplinario y se basó en entrevistas y encuestas a niños, jóvenes, padres e informantes de todas las provincias; en el análisis de discusiones en foros online y en el de la comunicación de 18 marcas de alimentos y bebidas en Facebook, Instagram y YouTube; además de observar tres perfiles de influencers populares entre el público infantil y adolescente.

Otro de los datos que surge es que los niños adquieren su primer dispositivo con acceso a Internet a los 9 años, en promedio, y que ocho de cada diez dijeron haber visto publicidades con mucha frecuencia cuando navegan en sus redes sociales preferidas: el 81% lo hace en YouTube; 48% en Instagram; y un 47% en TikTok. También, uno de cada cuatro chicos recordó haber visto anuncios sobre alimentos y bebidas.

El estudio concluyó que la mitad de los productos alimenticios que se publicitan en estas plataformas es alto en azúcares y que cuatro de cada diez son altos en grasas saturadas y/o grasas totales. De la misma manera, las marcas optan por los canales de influencers relevantes para chicos para promocionar golosinas y dulces, en un 40%; y galletitas y tortas, en un 16%. Se estableció que en más de la mitad de las apariciones, el producto se consume dentro del hogar, generando una sensación de cercanía e identificación con su audiencia; y en el 45% de esas apariciones se expresa una valoración positiva del producto alimenticio.

Estrategias que no van más

Unicef, al igual que las diferentes asociaciones civiles que trabajan la problemática, identificaron distintas estrategias publicitarias que tienen como objetivo al público infantil y adolescente. Por ejemplo, el producto suele mostrarse fuera del envase para que sea más efectiva la tentación; se asocia las palabras “diversión” o “juego” al concepto de sabor; y ni hablar de los jingles pegadizos dirigidos a los más pequeños.

Las grandes agencias habitualmente contratan a celebridades con bastante exposición pública vinculadas sobre todo al mundo del deporte o la música para promocionar estos productos. Más común todavía son los personajes de ficción o mascotas caricaturescas que hacen referencia a las marcas. No es casual que representantes de la Cámara Argentina de Anunciantes hayan planteado sus reparos al respecto en una de las reuniones informativas en Diputados.

“Se entiende esa postura de los publicistas porque se les va a restringir el universo de lo que pueden hacer. Se les acota el nicho”, señala la abogada y referente de la Asociación Civil Justicia Colectiva, Guillermina Gulo Tieri, quien aclara que “en general, los niños, niñas y adolescentes no escapan a los mismos mecanismos a los que somos sometidos los adultos. El problema aquí radica en que se trata de poblaciones que tanto por el Derecho Internacional como por el argentino, son reconocidos en una vulnerabilidad agravada que tienen por ser sujetos en formación o lo que llamamos ‘no adultos’, que van adquiriendo una capacidad progresiva con el tiempo”.

El proyecto de Ley de Etiquetado Frontal explicita varias de estas técnicas publicitarias que quedarían directamente prohibidas si la norma se sanciona. Su capítulo III estipula, por ejemplo, que “la publicidad, promoción o patrocinio de estos productos tendrán prohibido incluir personajes infantiles, animaciones, dibujos animados, celebridades, mascotas, elementos interactivos, la entrega o promesa de obsequios, premios, accesorios, adhesivos o juegos visual-espaciales o descargas digitales”. Lo mismo corre para los concursos, eventos deportivos, musicales, teatrales o culturales. Dicho de otra manera, “desde el Tigre Tony, hasta Ronald McDonald’s o el basquetbolista Ginóbili ya no podrán auspiciar más este tipo de marcas”, resume Gulo Tieri.

Mijael Kaufman Falchuk, de Consciente Colectivo, señala cómo penetra este mensaje: “Para mí, el ‘danonismo’ es ejemplificador de todo esto. Nos vendieron ese verso de que tomando Danonino íbamos a crecer y hoy literalmente a lo largo y ancho del país, distintas personas, incluso adultos, tienen la creencia de que sus hijos van a crecer si toman Danonino. Eso es lo que logra la publicidad, instaurar esos mitos totalmente falaces”.

“Lo que nos va a ayudar a crecer –subraya el militante por un medioambiente sano-, a tener una vida saludable y digna, es comer de forma adecuada, alimentos frescos, de estación. De ninguna manera nos va a hacer bien comer en forma excesiva y cotidiana estos ultraprocesados que de alimento tienen poco y nada”.

Los ejes de una normativa que busca garantizar una alimentación adecuada

El proyecto de Ley de Promoción de la Alimentación Saludable contempla varios ejes con el fin de garantizar una adecuada alimentación. Por un lado, y por ello se la conoce como Ley de Etiquetado, estipula que los productos alimenticios envasados y las bebidas sin alcohol que contengan un elevado nivel de calorías, azúcar, sodio, grasas saturadas o grasas totales deberán tener un sello por cada punto que se exceda. Este rótulo será un octógono de color negro y blanco, y por lo menos deberá ocupar el 5% de la superficie de la cara principal del envase. Los envases no podrán tener menciones de sociedades científicas ni asociaciones civiles que recomienden el consumo de estos productos. Se prohíbe además la publicidad, promoción y patrocinio de cualquiera de estas bebidas o alimentos que tenga al menos una etiqueta negra y esté dirigida a niños, niñas y adolescentes. Estos productos tampoco podrán ser comercializados en las escuelas, donde a la vez se buscará generar más hábitos de alimentación saludable.

La norma fue aprobada en el Senado en octubre del año pasado por 64 votos a favor y apenas tres en contra. El proyecto aún no fue tratado en Diputados, donde recién esta semana hubo acuerdo entre los bloques para renovar el protocolo para sesionar de manera virtual.

Mientras tanto, sí hubo reuniones informativas en donde, por ejemplo, diferentes legisladores, sobre todo de provincias del Norte, pudieron despejar dudas sobre qué iba a pasar con productos tales como el azúcar, que quedaron exceptuados, al igual que los aceites vegetales, los frutos secos y la sal común de mesa.

“Tendrán que informar qué nos están vendiendo”

“Cada día que pasa sin una ley de etiquetado frontal es un día más en el que los niños, niñas y adolescentes argentinos son engañados por la publicidad. Creo que tenemos que partir de una base mínima y necesaria, que me animo a decir que es bastante objetiva, porque ellos son el principal público al que apuntan y dirigen su contenido publicitario las marcas”, analiza Mijael Kaufman Falchuk.

El viernes por la tarde, las organizaciones civiles que trabajan esta temática volvieron a organizar un tuitazo con la consigna #EtiquetadoClaroYA. “Queremos que la Cámara de Diputados ponga fecha para votar. Es muy triste la situación. En menos de dos meses, el Senado hizo modificaciones, reuniones informativas y se votó”, indicó el joven activista, quien se quejó de que “en Diputados el proyecto está hace como seis meses y ni siquiera fue votado en comisiones. Claramente, esto demuestra la poca voluntad que hay desde la presidencia de la Cámara y de distintos sectores para que avance”.

“A nadie se le va a prohibir la venta de nada que haya podido vender hasta el día anterior a la ley. Solo que ahora nos tienen que explicar qué es lo que nos están vendiendo. Acá lo único que está en juego es el derecho a la información”, subraya Guillermina Gulo Tieri, quien argumenta que “el que no venda basura, no va a tener problemas, porque su mercadería no va a tener ningún sello, y el que venda un producto que es malo va a tener que empezar a pensar cómo lo mejora para no tener sellos. La ley no obliga a empresas y  proveedores a cambiar ninguna fórmula. Pueden seguir vendiendo lo mismo de siempre, solo que ahora nos van a tener que informar”.

Sobrepeso

En América Latina, el 7,5% de los niños y niñas menores de cinco años tiene sobrepeso u obesidad. El dato surge de estudios de la Organización Panamericana de la Salud, la OMS, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Unicef y el Programa Mundial de Alimentos, que contabilizan más de cuatro millones de niños y niñas en esa situación en la región.

En la Argentina, un 13,6% de los niños menores de cinco años tiene exceso de peso, y la cifra se extiende a un alarmante 41,1% del total en la franja etaria de 5 a 17 años.